Una escuela con ganas

julio 1, 2015

escuela-con-ganas-apunte-800Espíritu Pro-A

Esta genuina preocupación por los estudiantes, porque entiendan, aprendan y se sientan bien, es una de las condiciones para ser parte de la escuela. “Hay que compartir el espíritu Pro-A, lo que implica un mayor compromiso”, dice Gabriel Scarano, cuando se le pregunta acerca de qué es lo que tienen que tener los profesores para sumarse al plantel docente. Y lo ejemplifica claramente. “Nosotros tenemos un proyecto de inmersión total en inglés; la profesora elige distintas canciones en función de lo que necesita enseñar, y durante un mes, en el último recreo suena la música, para que los chicos si quieren, puedan hacer karaoke. Ahora, la profe de Inglés no está siempre, y a los equipos hay que montarlos y desmontarlos todos los días. Y lo hacemos. El preceptor, el coordinador, otro docente. Acá hay un apoyo, que en otras escuelas no lo tenés. Ese es el espíritu Pro-A. Ni ese proyecto ni otro proyecto va a dar sus frutos si no existe ese espíritu de colaboración. Requiere esfuerzo, es más cansador, pero es enriquecedor trabajar para cambiar la vida de los estudiantes”.

Y, como se dijo, necesita autocrítica, el permanente cuestionamiento e interrogación acerca de lo que se hace, lo que supone la absoluta libertad para opinar. “El otro día estábamos reunidos, cambiando opiniones acerca de si los videojuegos eran buenos o no para la enseñanza. A veces hay desencuentros, pensamos distinto, pero ahí está la riqueza. Si hay alguna propuesta que queremos llevar a la práctica, la discutimos. Y después la ‘compramos’, o no. Hay una práctica real de la idea de que cualquiera tiene derecho a opinar. No son palabras vacías”. No. Son un ejercicio constante, el respeto y la libertad de expresión. “Si los estamos formando como ciudadanos preparados para la toma de decisiones que mejor ejercicio de ciudadanía que escuchar y argumentar”, expresa Gabriela Peretti.

Y eso los chicos lo notan. Lo agradecen. Y fundamentalmente, lo defienden. Como cuando en una reunión a la que habían convocado a los padres de quinto año junto a sus hijos –“porque no hay nada de lo que haya que decirles a ellos que no les hayamos dicho primero a los chicos”, explica Gabriel–, ante un padre que no paraba de hablar, en voz muy alta, interrumpiendo a los demás, uno de los chicos, cuando le tocó el turno, mirándolo a la cara, le indicó: “Quiero decirle que en esta escuela levantamos la mano para hablar y no interrumpimos a los demás”.

“Se nos caía la baba”, dice Peretti, sobre el orgullo que sintieron. Y no sólo es orgullo lo que transmiten. Emocionan y alegran el día a cualquiera que los vea.

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