Una escuela con ganas

julio 1, 2015

escuela-con-ganas-aula-800Computadoras por papel

Trabajar con las nuevas tecnologías de la comunicación, no cada tanto, no como una materia más del plan de estudio, sino como el objeto central de la enseñanza, incluso reemplazando cuadernos y libros, es otra de las características propias de las Pro-A, que tienen su propio campus virtual (www.escuelasproa.com).

Melania Giannonne, profesora de Matemáticas (de 1° y 5° año) afirma que con esta forma de trabajo “se nota mucho la diferencia; mientras en otras escuelas hay un gabinete informático en el que tenés que reservar turno, en ésta, nosotros hacemos en la compu lo que en ellas se hace en papel”.

Pero no sólo se trata de “colgar la tarea” o pasar a pdf un Word, sino fundamentalmente, como explica Marina Pindar, que es la tecnóloga educativa –quien ayuda a los distintos espacios curriculares a utilizar de manera pedagógica las distintas herramientas tecnológicas–, de ofrecerles a los chicos diversas opciones de aprendizaje en un entorno digital. “Yo colaboro con los docentes en ver en función de lo que quieren hacer qué se puede hacer, por ejemplo cuando la profe de Música quiere extraer un audio de un video para luego usarlo en un proyecto de footage (programa gratuito de edición de video). Y todas las experiencias las socializamos. Los chicos no tienen libro de texto. Existe un campus, donde trabajamos la intertextualidad, la idea es que los docentes armen sus propios manuales, lo más audiovisuales posibles”. “Los chicos conocen de manera fragmentada, hay que prepararles distintos estímulos, que puedan conocer a través de distintos medios, que se respeten los distintos estilos de aprendizaje. Hay chicos más visuales, otros más auditivos, a partir de cómo se van presentando hay que ir proponiéndoles una mayor variedad”, completa Marina.

“En el campus virtual, los docentes –de las seis sedes– tienen un foro donde comparten recursos. Uno probablemente no tiene tiempo para preparar 10 clases espectaculares al mes, pero seguro sí para hacer una que efectivamente lo sea. Entonces la idea es trabajar de manera colaborativa, repartirse el trabajo, ser generoso con el otro y compartir las buenas ideas”, dice Gabriela Peretti.

“Está claro que exige otro tipo de dedicación. No se trata de hacer un simple cuadernillo, sino un formato de audiolibro, con secuencias aparte, para que los estudiantes puedan ir recorriendo, abriendo distintas ventanas. Hay que sacarlos de la linealidad que proponen los cuadernillos. Los chicos manejan varias pantallas”, afirma Marina, introduciendo otro eje fundamental en la ecuación de las escuelas: el modo de selección y el compromiso de los profesores.

En Pro-A aunque se toman en cuenta las titulaciones requeridas para el cargo, como lo hace la Junta de Clasificación, la selección no es por lista de orden de mérito. Se hace una convocatoria y se presentan los interesados. “No es la escuela que te tocó, sino la que elegís”, afirma Peretti. “Cuando los profesores se presentan, lo primero que les digo es: ‘Esto no es conseguir una horas más, es sumarse a un proyecto’. Es más esfuerzo pero también más devolución y más aprendizaje”, reflexiona Gabriel Scarano, quien afirma que los docentes que eligen las escuelas experimentales no sólo tienen que estar dispuestos a asistir a clases sino también a las capacitaciones, a las jornadas de reflexión y la formación en los usos de las Tic.

Y en este marco, la capacidad de pensar sobre la propia práctica es un aspecto central, tanto que los docentes de materias troncales, semanalmente, además de la hora de tutoría tienen una hora institucional.

Y esa preocupación por saber si hay mejores maneras de llevar adelante la tarea de enseñar se ve claramente en la preocupación que expresa Melania, la docente de Matemáticas: “Los quiero muchos a los chicos, los de quinto año me hacen renegar mucho, pero quiero que les vaya bien. Ellos tienen mucho entusiasmo en estudiar ingeniería, programación, en ser analista de sistemas, todas cuestiones de computación. Quieren sentarse y programar. Y bueno, hay mucha matemática en eso. Por ahí yo me pregunto ¿estoy haciendo bien las cosas? Porque yo sé lo que son los cursos de ingeniería, de analista de sistemas y también computación y sé que van a tener que pasar por una matemática muy difícil”. Afortunadamente, Melania está convencida de que lo más importante es que adquieran herramientas para seguir aprendiendo: “Un profesor universitario decía que lo importante no era que salieran sabiendo toda la matemática –porque además es imposible, porque la ciencia avanza– sino que tuvieran el hábito de sentarse, de la constancia, de la perseverancia”.

Y de pensar. “Lo bueno es poder plantear un problema, debatirlo, y luego de ser analizado, en conjunto, elegir las posibilidades de resolución: no sólo queremos el resultado, sino que ponemos el énfasis en el proceso que lleva a él. Dependiendo el contenido a enseñar, no se persigue una solución sino que los chicos piensen, se pregunten y tengan una visión analítica y crítica y puedan aportar diferentes soluciones, lo que también les ayudará a ser ciudadanos críticos”, indica Melania. No siempre resulta fácil, porque socioculturalmente los chicos vienen formateados para obtener resultados inmediatos, ya: “Por eso es un desafío enseñarles a hacer un uso reflexivo de las tecnologías y no quedarnos en el ensayo prueba y error”.

Y parece que a pesar del mayor esfuerzo, los chicos lo agradecen. “Nos permiten explorar nuestras opciones. Acá nos dicen que lo hagamos de cualquier manera mientras lo logremos hacer”, dice Agustín de primer año, quien señala las diferencias con la primaria, donde la profesora le “decía que había una única solución al problema, y si uno lo hacía distinto estaba mal”.

Aprender de la experiencia

“Esta es una experiencia para aprender. Cuando se plantean las Pro-A se proponen como experimentales porque la idea es ver qué les dicen estas escuelas a la educación secundaria, pero también y fundamentalmente a la educación superior y a la formación docente”, explica Gabriela Peretti, coordinadora de las seis sedes de escuelas Pro-A.
Y acerca de los aprendizajes que está dejando la experiencia, señala que “si queremos que las TICs atraviesen la enseñanza –no como adorno, no como moda, sino de manera intrínseca– es necesaria una formación docente más extendida que la que se ha brindado hasta ahora”. “Sabemos que ha existido todo un esfuerzo de capacitación en servicio, pero hace falta un espacio específico en la formación docente inicial”, apunta. “Y acompañamiento”, agrega Marina Pindar,la tecnóloga educativa y explica su afirmación: “Hay muchos cursos donde se brindan herramientas, pero los obstáculos aparecen en el día a día cuando los docentes se ponen a trabajar y no saben cómo resolver y utilizar lo aprendido. Allí es donde deben tener apoyo”.

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