Una escuela con ganas

julio 1, 2015

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Una organización institucional distinta

No es un día común. Por un problema con el transporte, los chicos estaban exceptuados de ir, pero más de la mitad de ellos asistió igual –desde barrios alejados como Talleres, Arturo Capdevila, Los Gigantes anexo, Los Boulevares, Villa Azalais– lo que habla a las claras de cómo se sienten. “Vinimos igual. Nos juntamos entre muchos y nos trajeron en un auto”, dice Luciano Barraza de 2° año, a lo que Génesis Labrín, del mismo curso, aporta: “Estamos acostumbrados a estar ocho horas acá, así que cuando nos quedamos en casa, decimos: ¿Y ahora qué hago?”. Y lo que pareciera ser una excusa, es toda una definición: prefieren estar ocho horas en la escuela y no en sus casas. Y no sabremos cuál es la causa y cuál la consecuencia, pero lo cierto es que no deja de llamar la atención que no haya paredes escritas, que los pasillos estén limpios, los baños impecables y que dos metegoles amenizen el tiempo entre horas. Y sin excepción, todos se dan un beso cuando se encuentran.

Gabriel Scarano, coordinador de la sede Córdoba de Pro-A, lo explica: “Los chicos se sienten contenidos, están contentos y tienen que estarlo bara bancarse un horario escolar extendido”. “Están estimulados con las netbook, con la didáctica y valoran – por lo menos así ha quedado demostrado cuando hicimos la autoevaluación institucional en la que los hicimos participar– que se sienten escuchados”, completa Gabriela Peretti, quien coordina las seis sedes de Pro-A.

Lo cierto es que las escuelas experimentales surgieron con una propuesta curricular y organizativa institucional novedosa, a fin de favorecer el acercamiento entre la cultura escolar y las culturas juveniles, a través de las nuevas tecnologías, porque como señalaba el proyecto que las creaba, “no alcanza con decir que la secundaria es obligatoria. Hay que hacerla de manera tal que sea placentero permanecer en ella”.

Con una jornada escolar de ocho horas diarias, a los espacios curriculares de la formación general (Lengua, Matemáticas, Ciencias Naturales, Sociales, Educación Artística, Ciudadanía y Participación, entre otras), se les suman, desde primer año, talleres con contenidos específicos de la orientación Bachiller en desarrollo de software (Entornos digitales, Sistemas operativos y software de aplicación; Algoritmos y programación; Estructuras y almacenamientos de datos; Diseño de interfaces, Robótica; Testing, Desarrollo de aplicaciones móviles, entre otros); y clubes de Ciencias, Deportes, Artes y de Inglés aplicado. A todo ello, se agregan las tutorías para los espacios troncales de la formación general, que son obligatorias para los alumnos cuando algún conocimiento no está firme.

“Acá no hay desgranamiento. Acá no se repite: el trabajo es uno a uno. Atender, personalmente, a cada estudiante es un desafío. La responsabilidad nuestra no es únicamente enseñar, sino que el aprendizaje se logre”, dice Gabriela Peretti acerca de otras de las características de la organización institucional: no hay repitencia, se avanza por ciclo y no por año. Eso no quiere decir que no haya notas, porque no pueden escapar a la normativa que regula el sistema, pero los números obtenidos no se promedian. Y si alguien sacó un dos y luego un diez, no hay seis que valga, ya que se debe volver sobre el contenido que no aprendió. “Esto, que es diferente, fue entendido rápidamente por los alumnos, aunque costó algo más con sus padres: si no aprendiste vas a tutorías, porque para avanzar hay que aprenderlo todo”, recuerda Peretti.

Para los chicos, la oportunidad que docentes los aborden de manera personalizada también es apreciada y aprovechada aun cuando no están obligados. “Las tutorías son muy útiles. Por ahí tenés una prueba el lunes y te das cuenta el viernes que tenés una duda y vas y preguntás. Está bueno porque te explican hasta que entendés”, ejemplica Valentín Accerboni de primer año.

Lo que dicen los alumnos
“No usamos carpetas, tenemos todo en la computadora. Al aula virtual entramos cuando queremos. Podemos comunicarnos con los profesores, subir las tareas. Es tipo facebook, que podés hablar”.
“Algo que me gusta es que los profesores nos escuchan.Siempre están para ayudarnos. Igual que los preceptores”.
“Estamos pensando hacer una muestra museográfica de los videojuegos y un logotipo”.
“Nosotros, este año arreglamos computadoras. El año pasado hicimos robots”.
“La escuela es muy buena, muy buena. Me gusta mucho. Los profesores siempre tienen muy buen humor. La verdad es que tenemos mucho entretenimiento”.
“Todos quieren venir acá. Y nos preguntan cómo pueden hacer”
“El programa fue muy bien pensado. Nos están dando una muy buena base. Nos están formando muy bien”
“Estoy contento. Bastante. Vengo a la escuela con ganas, cosa que no me ocurría antes”.
(Valentín Accerboni, de 1° año; Nicolás León de 2°; Luciano Barraza de 2°; Génesis Labrín, de 2° año y Matías Casas, de 5° año).

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