“Pensar que el problema son los alumnos, es un error”

julio 1, 2015

El virus de la exclusión

Rivas advierte que el sistema educativo argentino –como también ocurre con el de otros países– padece “el virus de la exclusión educativa”, en la medida que los factores sociales y económicos externos son un factor clave en el rendimiento de los estudiantes: “En promedio, los alumnos más pobres logran aprendizajes de más baja calidad”. Aunque –hace la salvedad–, la variación entre las escuelas es grande y existen numerosos casos en los que se logran revertir las condiciones sociales adversas con altos logros académicos. Para Rivas, el fracaso escolar de los sectores más vulnerables está vinculado a viejos y falsos postulados científicos, que argumentaban que las personas tenían distinta capacidad de aprendizaje según su raza, su color de piel y su lugar de nacimiento: “Esta teoría es en realidad parte del virus de la exclusión educativa. Porque sus postulados se expandieron en las creencias pedagógicas de muchos docentes. Para muchos pareciera una evidencia que hay alumnos más o menos capaces. Esta concepción es errada. Pero, sobre todo, es contagiosa”.

-¿Cómo se modifica la creencia de un docente de que un chico no va a aprender por su condición social?

-Un aspecto muy importante de la situación educativa es definir cuáles son los orígenes de los problemas. Hay unos que son estrictamente de formación, de la base disciplinar, de conocimientos de los docentes. También existen otros, más específicos, vinculados a las capacidades, las estrategias, que en términos muy amplios podríamos llamar “de la didáctica”. Y hay problemas que tienen que ver con las creencias, las identidades y la ideología de los educadores, en el sentido de que un docente puede saber mucho de Matemática o ser muy bueno en sus estrategias didácticas, pero puede tener creencias instaladas sobre que hay ciertos sujetos que no pueden aprender. Esto último puede ser más peligroso que un profesor que no domina bien su área de conocimiento.

-Frente a eso ¿qué se puede hacer?

-Todavía tenemos mucho que luchar – sobre todo en el nivel secundario– contra un sistema de creencias que sostiene que el individuo es responsable de sus propios resultados. Hay un largo camino de revisión; no es simplemente una toma de conciencia. Ciertos procesos pueden lograr cambios mucho más efectivos que la simple concientización. Por ejemplo, una buena escuela de jornada completa, que logre instalar la preocupación de la inclusión con más tiempo, con horas institucionales para los maestros, con un trabajo sostenido con recursos, puede permitir que un docente, acompañado por el Estado, cambie sus creencias. Eso es muy distinto a decirle que logre la inclusión sin darle apoyo.

-¿Existe una responsabilidad política al entrar al aula?

-Sí, claro. Pero esa es una categoría que dice poco y hay que traducirla. El trabajo docente es un trabajo político y ante todo es una responsabilidad humana por el otro, por su cuidado. Una responsabilidad que tiene muchas implicancias: estar ahí, dar el esfuerzo necesario para cada contexto. Y al mismo tiempo la enseñanza tiene un componente ético: cómo traducir una serie de condiciones, que pueden ser muy diversas, en una pregunta pedagógica.

-¿Podría ampliar el concepto?

-Creo que el docente siempre tiene que hacerse preguntas pedagógicas que respondan a principios de justicia. Si se piensa: “Yo no puedo enseñar más que lo que mis condiciones sociales adversas me lo permiten”, aparece la justificación: “La familia no ayuda” o “Los padres son puro conflicto” o “Los políticos son corruptos”.

Y el discurso de la justificación conduce a la imposibilidad pedagógica, al “No se puede enseñar”. Se lleva la responsabilidad al ámbito de lo exógeno y se termina afirmando que el profesor y la escuela no pueden hacer más de lo que ya hacen. Y yo creo que es exactamente al revés: todas esas condiciones –más o menos adversas, porque no son todas iguales– deben convertirse en preguntas pedagógicas.

Entonces condiciones como la desigualdad, la adversidad, la falta de colaboración –muchas veces real– de los padres, se convierten en preguntas pedagógicas que requieren nuevas estratégicas, mucho trabajo en equipo.

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Lo que otros están diciendo

  1. SUSANA CAROLINA LUJAN agosto 6, 2015 a 10:23

    coincido con los conceptos de Axel Rivas, en mi escuela estamos leyendo el libro La justicia educativa, criterios de redistribución y reconocimiento porque el problema que nos desvela es la obtención de débiles aprendizajes de los niños y niñas provenientes de hogares muy pobres, es una búsqueda constante, la preocupación es que pasa el tiempo y no damos con la solución, la variable tiempo juega en contra de la trayectoria de esos niños/as pues son los que no culminan el nivel medio o lo abandonan, no siguen estudios terciarios o se corta para siempre su vinculo con el estudio y se reproduce la pobreza. verdad es que el conocimiento disciplinar y su didáctica son importantes pero mas las representaciones docentes son claves y en eso de ponerlas en consideración con nuevas miradas lleva tiempo de trabajo en equipo que debieran ser pagos.

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