La estrategia del “como si”

julio 1, 2015

Inclusión excluyente

La indagación acerca de la relación con el conocimiento estuvo centrada, en un primer momento, en el cursillo de la carrera de Psicología, aunque luego el equipo de investigación observó que también era importante la trayectoria escolar anterior de los aspirantes, por lo que se focalizó en el pasaje de la escuela a la universidad, para finalmente analizar los años previos. “Primero trabajamos con alumnos del ingreso, luego con quienes estaban ahí pensando si cursar o no y después nos fuimos a 6° año, a 5° y ahora estamos en 4°: nuestro foco era la relación con el conocimiento y como sabemos que se construye mucho antes, se hizo necesario mirar para atrás”, analiza Carla Falavigna. “También la universidad tiene su cuota de responsabilidad en cómo se va construyendo esta relación. Hay investigadores como Ana María Ezcurra que hablan de una inclusión excluyente”, señala Paula Soler, matizando la responsabilidad de los niveles educativos precedentes y dando cuenta que la masificación de la educación superior está asociada a altas tasas de fracaso académico y abandono, en perjuicio de los sectores más desfavorecidos en la distribución del capital económico y cultural.

En este marco, el trabajo que llevan a cabo en la actualidad se centra en aquellas escuelas que proponen otro tipo de relación con el conocimiento, que no sea evasiva, “para dejar de ver lo que no funciona y observar lo que sí”, en palabras de Soler. “Vemos muchas diferencias en relación a aquellos profesores que preparan sus materias a partir de proyectos en los que su saber académico se liga a una propuesta vinculada a la vida cotidiana de los chicos, que aquellos que no”, afirma Carla Falavigna, mientras ahonda: “Los chicos plantean en las entrevistas, sin que uno les pregunte, que no es lo mismo un docente que se interesa por su materia y por que los estudiantes aprendan, que otro que no”.

Asimismo señala aquellos casos en los que la propuesta de los educadores no funciona: “Algunos trabajan a partir de proyectos porque creen –a partir de este nuevo boom educativo– que por el solo hecho que los estudiantes tengan que hacer algo que los saque un poquito del aula, se enganchan. Y en realidad ellos –alumnos de 4° y 5° año– dicen muy claramente que cuando esos proyectos no tienen que ver con la materia, pierden sentido; caen por su propio peso. Ellos piden a gritos que esté relacionado lo teórico con lo práctico”.

“Por más que les vaya bien, porque no reprueban, denuncian que pierden el tiempo. Aquellas asignaturas que les exigen muchísimo más, las valoran, más allá que algunos tengan que rendirlas. Muchos docentes tienen miedo a la exigencia, mientras los chicos piden que no se siga desdibujando el conocimiento, que es para lo que uno está en la escuela”, reflexiona Falavigna.

En el mismo sentido, Paula Soler apunta: “En los proyectos de extensión de la universidad, nosotras trabajamos esto de crear relaciones más significativas con el conocimiento y cuando les preguntamos a los estudiantes qué era para ellos estar en la escuela, surgieron un montón de palabras vinculadas a estar con amigos, al baño, al kiosco, al patio; pero no aparecían los libros, ni tampoco el término conocimiento. Indagando un poco en eso, los jóvenes hacen la denuncia de este juego del como si, del que habla Facundo Ortega”. Y ejemplifica: “Uno de los chicos decía: ‘Los profes vienen con sus machetes, escriben en el pizarrón y se van’. Los alumnos también denuncian esto de que no los miran a la cara, a los ojos, que a los docentes no les interesa que ellos aprendan. Realmente este ‘como si’. Las estrategias evasivas no surgen porque sí”.
“Eso también está vinculado con los espacios en los que se forman los educadores”, matiza Zoe Arcanio para explicar el porqué de ese comportamiento, y ahonda sobre “la falta de recursos pedagógicos y fundamentalmente en la formación respecto al objeto disciplinar que se transmite”: “A los profesores se les enseña a ser comunicadores, reproductores del saber, pero no a repensarlo. Es lo mismo. Tiene que ver con la relación que los docentes mantienen con el conocimiento: si lo rodean o se adentran en él”.

Puestos a observar cuáles son las prácticas que sí funcionan en las escuelas y que plantean un vínculo diferente con el saber, Carla Falavigna indica que se relacionan “con profesores comprometidos con las formas de aprender de los chicos, con sus maneras de conocer y, por ende, de transmitir”. Nada más. Ni nada menos.

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Lo que otros están diciendo

  1. Clara A. M. Monti. octubre 31, 2015 a 22:42

    Excelente análisis de la realidad áulica. Lo voy a compartir.
    Saludos.
    Cl.

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