Experiencia compartida

julio 1, 2015

experiencia-compartida-2-800Hágalo usted mismo

Como los de la vida misma, los problemas del ABP deben ser analizados de manera integrada y holística: “Es necesario que los docentes trabajen juntos, armen proyectos en común, se apoyen. Trabajar solos en el espacio de su materia hoy es insuficiente”.

Una vez que se han puesto de acuerdo en cuál elegir, de lo que se trata es que los profesores diseñen situaciones de enseñanza destinadas a resolverlo. A través de lo que se llaman actividades intermedias, se va apuntalando la tarea que deben realizar los estudiantes. Martínez explica: “El ABP supone comenzar una investigación, donde el foco está puesto en lo que el alumno hace y no en el docente ‘dando’ la clase. El rol del educador es central: no es solo facilitador y orientador, sino fundamentalmente es el encargado de planificar las experiencias para que el proceso investigativo suceda”.

Frente a ello, hay que dejar atrás los miedos, porque nada de lo que allí pase será peor de lo que ya sucede: “Hay cierto temor a no poder controlar las tareas de los chicos −que pueden ser de lo más diversas−, como si ‘dando’ la clase existiera alguna garantía de que todos adquieran un registro de lo que se dice. Basta que los docentes puedan ver que lo que está pasando ahí es mucho más poderoso que copiar y recordar definiciones de las cuales muchas veces los jóvenes no se apropian”. Así, los chicos llevan adelante una serie de actividades que van –siempre trabajando en equipo– de la lectura de fuentes de información –desde el diario hasta una enciclopedia– a la realización de encuestas y entrevistas o de observaciones y análisis en el laboratorio, dependiendo de la problemática abordada.

“Tras realizar el proceso investigativo, los estudiantes deciden una solución, aunque siempre orientados, porque el educador tiene una agenda y con ello la responsabilidad de que los chicos se apropien de conceptos que les sirvan para la vida”, argumenta la investigadora. En el mismo sentido completa: “Para enseñar ‘bacteria’ −que es el contenido establecido en el programa para dar− puedo hacerlo problematizando el basural de la ciudad, pero al final del día tengo que haber dado esa noción: no nos corremos de ese lugar. Pero el valor agregado es que en el proceso los estudiantes hicieron mucho más”. Así, de lo que se trata es que los chicos desarrollen competencias como son las de cómo buscar y representar información, comunicarse de manera oral y escrita, planificar y trabajar en grupo, resolver problemas y tomar decisiones.

En este marco, la especialista destaca la importancia de que exista coherencia entre el transcurso del trabajo y la evaluación: “En algunas ocasiones el docente hace un proceso increíble por problemas, con investigación, con encuestas, con trabajo de campo, etcétera y luego le da a los chicos la prueba típica de escribir definiciones”. E interpela: “¿Por qué? Porque pensamos que es la única forma de evaluar. Pues no, la evaluación tiene que ser coherente con el proceso e involucrar un producto aplicado a la vida real: una carta, una campaña, un video, salir a la comunidad, elaborar un producto, entre otras cuestiones”.

Así, la elaboración de un perfume para ropa −que después los jóvenes entregaron a un hogar de ancianos−, sendas campañas de prevención del dengue y del síndrome urémico hemolítico y el modelado de masa para compartir con los pequeños del jardín de infantes, fueron algunas de las experiencias que, planificadas a partir del modelo de aprendizaje basado en problemas, modificaron la forma de enseñar y aprender a la comunidad educativa del Ipem 230 Raúl del Llano, de la ciudad de Villa Allende.

El trabajo comenzó allá por el 2007, cuando Cecilia Martínez −en el marco de una beca post doctoral− se propuso formar comunidades de aprendizaje para abordar la integración curricular −forma en que se organizan los contenidos temáticos del currículo en actividades que favorecen la globalización de los saberes− e ingresó al secundario de Sierras Chicas.

Al comienzo, no fue fácil: “Es un proceso arduo entrar a las escuelas y cambiar las condiciones de trabajo de los docentes hasta formar una comunidad estable. Se ponen en tensión muchas cuestiones; los primeros grupos se hicieron con profesores asignados por la directora con la mejor buena voluntad; en cambio este equipo fue autoseleccionado y se consolidó”. Así, siempre con el apoyo incondicional y sumamente necesario de la dirección, el equipo de educadores del Raúl Llano, cada año desarrolla nuevas experiencias para implementar con sus alumnos.

Cecilia Stubichar una de las profesoras del Ipem donde Martínez llevó la propuesta de implementar el ABP, explica el desafío que supone trabajar de esta manera: “Muchas veces empezamos desde temas que no sabemos, entonces para nosotros también implica un aprendizaje sobre la disciplina misma y una reflexión bien profunda”. Y se explaya: “El ABP tiene distintas escalas porque a partir de las comunidades de trabajo aprendemos todos: los chicos, los docentes y la institución”. Al respecto Sara Cornella, directora del Ipem explica que implementar este tipo de innovación muchas veces implica salirse de la ‘zona de comodidad’: “Cuesta, uno está cómodo así como están las cosas −mal−: no enseño nada, no me escuchan, no me comunico con los chicos, pero ´supuestamente´ di la clase”.

Lo que otros están diciendo

  1. RAMONDA GRACIELA agosto 6, 2015 a 12:38

    Estoy totalmente de acuerdo, soy dorectora del Centro educativo Pte Roque Saenz Peña, y desde hace unos años trabajamos a partir de una problemática que oficia de eje transversal, involucrando a todos los grados y disciplina y áreas. La misma surge, de la exploración y observación del medio.( barrio, ciudad) este año hemos seleccionado como lugar de intervención el parquecito del barrio . desde ese lugar y considerando la problemática se realiza la selección de contenido y aprendizajes, estrategias de enseñanza, criterios de evaluación, de cada grado de manera conjunta . algunos grados pintarán murales, otros realizarán canteros y plantar´na plantas, otros armarán un rincón de lectura, otros van a forestar el lugar. La participación en los aprendizajes está impregnada, de compromiso, responsabilidad y hay un quiero hacer que los involucra como ciudadanos críticos y reflexivos de la realidad que les toca vivir

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