“Educación es inclusión social”

julio 1, 2015

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La confianza en la capacidad de aprendizaje de los alumnos, la necesidad de promover un buen clima institucional y el compromiso docente, puntos centrales de la entrevista a Juan Carlos Tedesco.

-Hoy se habla mucho de clima institucional, ¿a qué se refiere esta idea?

-El clima institucional es el resultado de un conjunto de variables que, en el caso de las escuelas, se vincula directamente con el proceso de enseñanza y aprendizaje. El aspecto más importante es el compromiso de la institución con los resultados de aprendizaje de todos sus alumnos. Pero esa responsabilidad no puede ser adjudicada individualmente a cada docente sino que debe ser asumida por toda la institución escolar.

-¿De qué depende?

-La creación de ese “buen” clima depende de varios factores. La normativa ministerial que debe estimular la definición de proyectos institucionales y dotar a las escuelas de las condiciones materiales para la tarea educativa; el liderazgo del director; el trabajo en equipo; el apoyo de las instancias de supervisión y la disponibilidad de tiempos institucionales son, entre otros, los factores a tener en cuenta para lograr este objetivo que deberá estar siempre en renovación. No hay óptimos fijos para el clima institucional. Los pasos para alcanzarlo deben estar relacionados con el contexto, con los puntos de partida y las posibilidades de cada institución.

-Es importante entonces el rol del equipo directivo…

-Sin duda. El compromiso es de todos pero, obviamente, la mayor responsabilidad en la creación de buenos climas institucionales recae en las autoridades. Propiciar el diálogo, la comunicación, la evaluación y el diseño conjunto de estrategias de solución a los problemas son, entre otras, las vías para lograr este objetivo.

-Anteriormente hablaba de los resultados de los aprendizajes, ¿cómo influye la confianza en ello?

-Muchísimo. El efecto Pigmalión lo explica en forma sencilla: hay experiencias que demuestran que los resultados obtenidos por los estudiantes dependen de la información previa que tengan los docentes sobre ellos. Esto es, los alumnos que trabajaron con profesores que creían que ellos eran excelentes obtenían calificaciones muy superiores a los que estuvieron con maestros que pensaban que los chicos eran mediocres. Estos datos indican la importancia que adquiere la confianza en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes en los resultados del trabajo docente.

-¿Se trata de superar prejuicios?

-Eso es fundamental. La confianza no se logra sólo con llamados éticos y con voluntarismo profesional. La ética es muy importante, pero para que se sostenga en el tiempo es necesario acompañarla con una sólida formación técnica que brinde las herramientas para ser exitoso en el proceso de enseñanza y aprendizaje. La representación según la cual un alumno es un “burro” suele ser un preconcepto o un estereotipo asociado a otras condiciones tales como la pobreza o la etnia. El gran desafío de la formación docente es romper con esos prejuicios.

-Esto implica trabajar con la subjetividad de los docentes…

-De los educadores y de las políticas educativas en general. Cuando se observan los casos de escuelas o de maestros exitosos en contextos de pobreza y marginalidad se comprueba que la explicación del éxito está asociada a una serie de factores con un fuerte componente subjetivo: confianza en la capacidad de aprendizaje de los alumnos, compromiso con los resultados, capacidad para definir un proyecto y para elaborar una narrativa de la experiencia que dicho docente o institución está realizando. Las políticas educativas suelen trabajar y mejorar los insumos materiales del aprendizaje −salarios, equipamiento, infraestructura, tiempos, etc.−, lo cual es de suma importancia. Sin embargo, la experiencia argentina e internacional nos muestra que mejorar los aspectos materiales es necesario pero no suficiente.

-¿Cómo sería esto?

-Para romper el determinismo social de los resultados de aprendizaje es necesario prestar mucha atención a las cuestiones organizativas, valóricas y actitudinales con las cuales actúan los sujetos del proceso pedagógico. Habitualmente, estos aspectos quedan librados a la casualidad y a la disposición individual de las personas involucradas en las actividades pedagógicas. El problema es que si admitimos que son muy importantes, entonces tienen que ser objeto de una política y no quedar libradas al azar. Definir políticas de subjetividad y aplicarlas es, sin embargo, muy complejo y carecemos de experiencias en este campo. Por eso, estimo muy importante que el ministerio de Educación de Córdoba asuma el desafío de avanzar en este terreno. El primer paso debería ser la definición de las actitudes, valores y sentimientos más relevantes desde el punto de vista del desempeño profesional docente: no se trata de subjetividad en abstracta sino ligada a la actividad profesional. Salvando las distancias, podemos tomar el ejemplo de los médicos para quienes desde hace ya varios siglos, el juramento hipocrático define las conductas fundamentales a las cuales se tiene que ajustar en su trabajo profesional. Una vez definidas esas conductas, debemos enfrentar el desafío de diseñar las experiencias de aprendizaje, las normas institucionales y los criterios de evaluación más pertinentes para su promoción.

-¿Esto implica revalorizar el trabajo de los educadores?

-Sin lugar a dudas. El rol docente y la educación sistemática tienen una significativa responsabilidad social, lo cual incluye la dimensión política así como la económica y la cultural. Es necesario recordar que la escuela pública y obligatoria nació estrechamente asociada a la formación del ciudadano. Un ciudadano pleno es una persona capaz de incorporarse a la sociedad en todas sus esferas. Ese papel de la escuela asume hoy una importancia crucial porque en la sociedad del conocimiento, la educación es condición necesaria de la inclusión social. Privar a un niño o niña del acceso a una educación de calidad es condenarlo a la exclusión. Desde este punto de vista, el rol docente tiene que ser asumido como parte del proyecto de construcción de una sociedad más justa y no como un mero trabajo burocrático, administrativo o técnico.

-El rol docente es eminente político…

-Claro, en su papel de constructor de ciudadanía radica la responsabilidad política, en el sentido más amplio de ese concepto. El maestro o, mejor dicho, el equipo docente, puede poner de manifiesto esta responsabilidad a través de las acciones cotidianas de su desempeño: no ser indiferente a los resultados de aprendizaje de sus alumnos, propiciar el diálogo como la vía más adecuada para la solución de los conflictos, enseñar a analizar críticamente el mensaje de los medios de comunicación, estimular la solidaridad y el trabajo común entre los estudiantes más y menos avanzados de su clase son, entre otras, algunas de las formas a través de las cuales se forma un ciudadano democrático.

Juan Carlos Tedesco es licenciado en Ciencias de la Educación, investigador del CONICET, exministro de educación de la Nación y exdirector del Instituto internacional de Planeamiento educativo (IIPE Unesco). Es autor de numerosas publicaciones relacionadas con política educativa.

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