Para leer sin remedio

marzo 25, 2014

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Con el objetivo de promover la lectura en espacios extraescolares, alumnos y docentes de un jardín de infantes de Villa Carlos Paz armaron una biblioteca en el centro de salud del barrio.

 

“Todos los niños tienen tremendos talentos y los malgastamos implacablemente”, advertía en 2006 el experto británico en educación Ken Robinson, en una conferencia descargada más de 20 millones de veces de la web que lleva un título provocador: Las escuelas matan la creatividad. El año pasado, un grupo de docentes del jardín de infantes Isla de los Estados, una institución estatal ubicada en el barrio La Quinta IV Sección de Villa Carlos Paz, desafió la afirmación de Robinson y el imaginario social acerca de lo que los niños deberían estar haciendo a esa edad y pusieron a sus alumnos a debatir, acordar y trabajar en grupo. El resultado: un proyecto institucional solidario que modificó la realidad de un barrio, busca extenderse a toda la ciudad y fue premiado a nivel nacional y destacado en el ámbito internacional.

A leer en el dispensario es el nombre de la propuesta, cuyo objetivo fue crear –mediante la intervención de los alumnos de los turnos mañana y tarde de la sala de cinco años, y en el marco de un proceso de aprendizaje– un rincón de lectura en el centro de salud que funciona a solo tres cuadras del jardín, y al que asisten con frecuencia los mismos chicos, a fin de fomentar los primeros contactos con la palabra escrita en un espacio extraescolar.

La barriada donde funcionan el establecimiento de nivel inicial y el dispensario alberga familias trabajadoras, cuyo sustento proviene de actividades como el empleo doméstico, el mantenimiento de jardines y hoteles, la venta ambulante en los balnearios cercanos y la construcción. Son hogares en los que no existe una tradición de lectura. “A pesar de que en su inmensa mayoría nuestros papás no han finalizado sus estudios secundarios, apuestan a que sus hijos sí lo hagan y depositan muchas expectativas en el jardín, aspiran a que sus hijos puedan alcanzar metas que ellos no lograron”, explica Alicia Ayçaguer, la directora.

En ese contexto, la lectura era un campo inexplorado pero con buenas posibilidades de germinar. “Habíamos tomado conocimiento de un proyecto de la Sociedad Argentina de Pediatría que da impulso a los hábitos lectores, el cual señala que los niños deben tener contacto con textos escritos y dice que en todos los centros de salud debería existir material de lectura para ellos. Ahí surgió esta idea sencilla: juntar libros y llevarlos al dispensario cercano para que los chicos que no tenían la posibilidad de acceder a los libros en la casa, por lo menos en ese momento encontraran un ambiente lector”, señala la directora. “Entonces, dijimos ‘en lugar de juntar libros y llevarlos, ¿por qué no los hacemos participar a los chicos?’ Ahí nos parecía que estaba la parte más rica: que sintieran que con cinco años también podían intervenir, participar en la vida comunitaria, modificándola, que es lo que se busca desde la educación inicial. Ese fue el punto de partida”, subraya Ayçaguer.

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Despertar las preguntas, construir las respuestas

El primer paso consistió visitar con los niños el dispensario en el marco de la unidad didáctica ‘Cuidado del cuerpo’ y luego alentar en las clases –en los turnos mañana y tarde– distintas respuestas posibles a los problemas que los alumnos advertían en ese espacio. “Fueron surgiendo preguntas acerca de qué pasaba cuando iban al dispensario: ‘Nos aburrimos. Salimos a jugar a la calle o jugamos con otros nenes que están esperando’. ‘¿Y qué se podría hacer para que no se aburran?’, interrogamos. Así surgieron ideas y las docentes los iban guiando para ver cuáles eran las más factibles”, explica Claudia Mariel Rodríguez, una de las maestras que participó del proyecto.

Algunos propusieron poner un televisor en la sala de espera. Pero otros pidieron que hubiera libros. “La opción surgió espontáneamente porque ellos tienen un espacio, la biblioteca, que ya está bastante incorporado”, dice Rodríguez. El debate continuó. “¿De dónde sacábamos los libros? Algunos decían: ‘Llevemos los que hay en el jardín’; pero otros se opusieron: ‘Nos quedamos sin cuentos nosotros’. También se consideró la alternativa de que cada uno trajera los que tuviera en su casa. Pero no alcanzaba. Entonces apareció el término ‘campaña’”, expresa Rodríguez. Pedirle a la escuela primaria y poner carteles en los negocios del barrio, fueron algunas de las propuestas de los chicos, que las llevaron a cabo con el apoyo de los docentes y de sus padres. Hubo un intercambio con distintos sectores de la comunidad: comerciantes, vecinos, autoridades de la biblioteca local, autoridades municipales. Y se recolectaron cerca de 200 libros.

Pero allí surgió otro desafío. ¿Cómo organizar el material recogido? No todo lo obtenido estaba en condiciones de ser incluido en un espacio de lectura para niños, y las maestras se encontraron con que no tenían los saberes específicos que les permitieran guiar a sus alumnos en esa etapa. Por eso convocaron a una diseñadora gráfica que les dio a los chicos una charla sobre la clasificación y organización del material impreso. “Nuestros conocimientos como maestros son limitados a ciertas áreas, por eso nos ayudó mucho incorporar saberes de otros campos, como los de la diseñadora o de la enfermera a cargo del dispensario. Está bueno que los niños vean que llega un punto en que es necesario incorporar otras ideas, que no hay un saber acabado y definitivo”, grafica Lorena Valeria Zimny, otra de las docentes que integraron el proyecto.

Con los nuevos conocimientos adquiridos, los alumnos clasificaron los libros, seleccionaron los que iban a destinar al rincón de lectura y los reciclaron. También armaron folletos explicativos que luego fueron repartidos en la inauguración y hasta escribieron en conjunto un artículo que fue publicado en el medio gráfico local de mayor tirada. Realizaron su primera elección democrática al votar el nombre del espacio: el ganador fue Sueños y arco iris, que se impuso gracias al voto mayoritario de las nenas. Y todo con el delicado equilibrio que implicaba trabajar con dos salas distintas –el turno mañana y el turno tarde– que habitualmente carecían de intercambio diario. Pero las maestras se ingeniaron para hacer funcionar el conjunto, dejándose entre sí la posta de lo trabajado en cada jornada para que el otro grupo lo retomara y siguiera adelante.

Otro factor interesante que emergió durante la marcha del proyecto fue la preocupación por lo normativo: ¿cómo garantizar que los libros quedaran en ese espacio y fueran usados de acuerdo a ciertas pautas que permitieran que el proyecto perdurara? Se hizo un sello con el nombre del jardín, se agregó en cada libro un apartado donde se explicaba que el espacio era parte de un proyecto y, previo debate, se redactaron una serie de normas donde los chicos escribieron qué no se podía hacer. “Ellos mismos planteaban ‘los van a romper, los van a rayar, qué pasa si un bebé los agarra’, porque la biblioteca del jardín también tiene un reglamento, que los padres firman, y saben de la importancia de esto para poder sostener el proyecto”, explica Zimny.

 

Dificultades y logros

El camino no estuvo exento de obstáculos. “Cuando nosotros comenzamos con este proyecto, en abril, en el gobierno municipal hubo muchos cambios. Era muy engorroso solicitar permisos porque cambiaban los funcionarios. Costó muchísimo conseguir una entrevista con la secretaria de Salud, y una vez que ella conoció el proyecto y le pareció sumamente rico, a los pocos días renunció. Eso fue muy duro”, reconoce Ayçaguer. “En todas las etapas, la burocracia fue un obstáculo –agrega Rodríguez–; vos podés tener todo armado en lo pedagógico, pero sin los permisos y aportes del Estado es difícil avanzar”.

Otra de las dificultades a sortear estaba relacionada con el propio funcionamiento del dispensario, a cargo de una enfermera que además cumple con tareas administrativas y recibe los turnos de los médicos. “Nuestro trato directo fue con ella porque necesitábamos alguien que se comprometiera a instalar y desinstalar el sector, porque los fines de semana el mismo espacio es utilizado por el centro vecinal. Hubo un compromiso de ella, que es la primera en llegar a la mañana y la última en retirarse a las tres de la tarde”, explicó Rodríguez.

El apoyo de las familias ayudó a empujar hacia adelante. “A principio de año, en las primeras reuniones de padres se arman las comisiones de parque, de electricidad, de costura, en función de las habilidades y saberes de cada uno. Por eso a la hora de colaborar en el proyecto, cuando hubo que hacer la mesa, los almohadones, repartir los carteles en los negocios pidiendo libros, y también en las instancias propias del proyecto como cuando vino la diseñadora también los invitamos y participaron”, indicó la docente.

Cerca del fin del ciclo lectivo, el proyecto ya era una realidad y tuvo un premio inesperado. “Nos llegó como todos los años una invitación de la Nación a participar del Premio Presidencial Escuelas Solidarias, que condecora este tipo de iniciativas en todos los niveles. Consideramos que calzaba justo, decidimos mandarlo, y ante nuestra gran alegría, de mil proyectos recibidos de todo el país, de todos los niveles, quedamos entre los 13 finalistas y fuimos el único jardín en llegar a esa instancia. Viajaron una docente, la directora, una alumna de cada turno con sus padres, con pasaje en avión, hotel, comida. Para las nenas y las mamás fue su primer viaje en avión”, expresa Ayçaguer. La alegría fue aún mayor cuando en el lugar les comunicaron que habían ganado el segundo premio.

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Consultadas por los méritos detrás de un reconocimiento tan importante, las docentes apuntaron al trabajo serio y a la importancia de comunicarlo adecuadamente. “Creo que ganamos porque a veces cuesta transmitir todo lo que se hace. Se trabaja mucho y muy bien, pero a veces es difícil dejar plasmado en videos o fotografías un proceso. Creo que impactó ver a los chicos hablando, debatiendo, trabajando. Teníamos que mandar un video de cinco minutos, muy acotado, condensando toda la tarea de un año. Y lo logramos”, dice Rodríguez. Por su parte, Zimny reflexiona: “Creo que les impactó ver cómo ese trabajo se podía hacer en un jardín, cuando en el imaginario está que los chicos vienen a jugar”.

Los logros no terminaron allí. Al año siguiente, el proyecto fue presentado en  un seminario internacional de aprendizaje-servicio. También entonces resaltó entre la mayoría de iniciativas concebidas en el nivel secundario, lo realizado por alumnos de nivel inicial. Hoy, A leer en el dispensario fue declarado de interés municipal y el gobierno comunal se comprometió a extenderlo al resto de los centros de salud. Pero, más importante aún, se plasmó en un espacio realmente utilizado y aprovechado. “Nunca vi que los niños se integraran de esa forma a la lectura. Son muy pequeñitos, hay niños de dos, tres añitos que vienen y lo primero que hacen es sacar un librito. A algunos ya los leyeron, entonces buscan otros. Sus padres les leen. Al entrar al doctor, dejan el libro en la caja. Es muy lindo lo que han logrado”, dice Amalia Soria, la enfermera a cargo del centro de salud. “Yo el otro día fui al dispensario y leí un libro”, comenta Morena, una de las alumnas encargadas de presentar el proyecto ante las autoridades del Ministerio de Educación de la Nación. “Nos gusta que nuestras mamás nos lean porque aprendemos”, agrega la pequeña.

La directora del jardín está convencida de que no hay que mirar la currícula como un bloque cerrado, sino aprender a encontrar en ella los surcos en los cuales el docente puede poner su impronta para aprovechar el potencial de cada alumno: “Por supuesto que este fue un proyecto que nació desde el campo del conocimiento de la Literatura, pero en realidad hemos trabajado mucho en otras áreas, sobre todo en la de Identidad y Convivencia, el sentido de ciudadanía, para que ellos vieran que desde pequeños pueden ejercer de una manera lúdica toda una gama de derechos y obligaciones. La Literatura es la base del proyecto, pero de alguna manera es una excusa para trabajar otros temas también”.

Lo que otros están diciendo

  1. roxana abril 1, 2014 a 22:11

    ¡¡Tremendo proyecto!! deja mucha enseñanza, mucha sabiduría y muchas puertas abiertas para otros más…¡¡pequeños genios, muchas felicidades!!

  2. TELBA INES YUNGBLUT abril 2, 2014 a 8:55

    ESTOY FELIZ POR EL LOGRO ,,,ME ENCANTA ,,,TANTO TRABAJO DE UN JARDÍN HUMILDE,,,A SUS MAESTRAS,,,DIRECTORA ,,,FELICITACIONES Y SIGAN ADELANTE,,,,MIS CARIÑOS DESDE OLAVARRIA PROVINCIA BUENOS AIRES,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,

  3. GLADYS ALICIA DALMASSO mayo 5, 2014 a 9:34

    REALMENTE MUCHAS FELICITACIONES, FUI DOCENTE DEL NIVEL INICIAL DE UNA ESCUELA PERIFÉRICA DONDE UNA DE LAS DOCENTES QUE TRABAJO CON NOSOTROS FUE CLAUDIA RODRIGUEZ, NO ME EXTRAÑA EL PROYECTO QUE REALIZARON PORQUE CONOZCO EL POTENCIAL DE ELLA Y ES UN PLACER TRABAJAR CON DOCENTES QUE SE COMPROMETAN Y APOYEN AL DIRECTOR.
    FELICITACIONES A TODAS PORQUE ASI DEMOSTRAMOS QUE LAS DOCENTES TRABAJAMOS EN CONJUNTO CON LA COMUNIDAD Y PARA LA COMUNIDAD SIGAN ADELANTE!!!!!! FUERZA!!!!!!!

  4. gabriela perez izzo mayo 5, 2014 a 11:36

    orgullosa estoy de muchas de las docentes de Carlos Paz!, Felicitaciones Alicia, Cristina, Claudia, Lorena y a todos aquellos que hayan colaborado. Sigamos trbajando sin desanimarnos. Gabriela

  5. Gustavo Altavista mayo 5, 2014 a 16:50

    Felicitaciones por el proyecto!…sigan haciendo historia en la comunidad educativa.

  6. Julieta mayo 6, 2014 a 13:54

    Fantastico!! bravo por todas y todas sus iniciativas hechas proyectos concretados!! ADELANTE Y POR MASSS!! Besotes Loree!!

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