Marcando el paso

septiembre 24, 2013

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De la mano de su maestro de Música, niños de sala de tres bailan al ritmo del dos por cuatro. Una experiencia innovadora en la que los chicos son los protagonistas.

 

“El tango es música de viejos”, le dijo una colega a Mauricio Rodríguez Loprete, docente de ramos especiales en el jardín de infantes de la Escuela Normal Superior Maestros Argentinos, de Corral de Bustos, cuando los primeros compases de esta innovadora propuesta comenzaban a sonar. A lo que él respondió, “hay que cambiar la cabeza”, y estiró su mano para invitar a bailar a sus pequeños alumnos en el marco del proyecto El tango en el jardín de tres años.
“Tengo una forma de ver el arte y la educación un poco fuera de lo habitual: creo que hay que romper con los prejuicios y ofrecerles a los chicos amplia variedad de géneros musicales”, dice y argumenta: “Desde chiquitos tenemos que mostrarles lo que hay, que existe otra cosa además de lo que escuchan en la tele o en la radio, para que después, puedan seleccionar: no pueden elegir aquello que no conocen”.

Mauricio se define como un músico de alma; toca el teclado y el acordeón y desde su idoneidad −mientras estudiaba el profesorado en nivel primario− se animó a trabajar con niños. Hoy tiene un cargo de maestro de Música de 12 horas, que en sala de tres distribuye durante cuatro días a la semana, en módulos de 30 minutos. Esta organización del tiempo escolar y la carga horaria tienen un impacto fundamental en sus prácticas ya que permiten la continuidad de las actividades, así como la articulación y apropiación de los contenidos, que se unen y enlazan con los de otras disciplinas. Como él mismo relata: “Esto me permite una secuencia de relojería cuasi perfecta y un tiempo exclusivo con los estudiantes donde la apropiación de los saberes es regla de oro”.

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Enseñar tango a los pequeñitos representó todo un desafío para Rodríguez Loprete y antes de iniciar el ciclo lectivo se preguntó a sí mismo cuál sería la modalidad adecuada para ello. Y pronto, entendió que “todo el proceso de enseñanza-aprendizaje se produce a través de situaciones vivenciales, donde suman los desafíos y los estímulos visuales y sonoros”. De allí que para que los chicos conozcan este género musical haya decidido utilizar el baile como la principal estrategia de apropiación de los saberes: la estética de la danza, el lunfardo y la vestimenta típica fueron parte de los contenidos a abordar. Con esta impronta, nació allá por el 2009 una iniciativa que sorprendió a propios extraños: “Primero tuve que vencer mis propios miedos y dudas, pero finalmente se logró un trabajo relevante y contagioso que tuvo un gran impacto en los chicos, la escuela y en las familias”.

 

Gurrumines arrabaleros

Saberes18-Tango08A quién se le podría ocurrir que aquel estilo musical nacido en los barrios marginales de las ciudades capitalinas del Río de la Plata hacia finales del siglo XIX inundaría con melodías y letras, con pasos y figuras las salas de un jardincito del sur de la provincia de Córdoba, 130 años después de su surgimiento. Y mucho menos, que niños de sala de tres se iban a entusiasmar con el baile al punto de brindar actuaciones por todo el pueblo.

La idea se gestó a partir de la reflexión sobre nuestra identidad como argentinos y como hijos de inmigrantes sumada a la intención de recuperar y conservar nuestras tradiciones: “Cuando un argentino recorre el mundo y expresa su nacionalidad, inmediatamente te dicen ‘tango’; eso nos identifica en todos lados. Y puede que en esos lugares conozcan a Carlos Gardel y sus letras, y que hasta tengan academias para enseñar a bailarlo”. Pero en nuestro país no siempre ocurre lo mismo. “Nuestros niños y jóvenes quizás no conozcan algún título de tango pero sí un reggaeton que es de Puerto Rico”, ejemplifica el docente y explica: “Los chicos de hoy no tienen algo que los identifique, están definidos por las modas: el año pasado eran los Wachiturros, ahora es Nene malo y Violetta, el mes que viene será ‘Azul’. Entonces me parece fundamental mostrarles lo nuestro, por eso empecé con el tango. También mi criterio musical para trabajar se imbuye de la mística del inmigrante: lo italiano, lo árabe, los griegos (no hay muchos, pero me gusta la forma del baile)”. Y lo cierto es que la pasión y el entusiasmo del profe contagiaron a los niños que se engancharon y aprendieron giros y ochos al son del bandoneón de Piazzolla. “Yo tenía algo para transmitir, ellos estaban ávidos por aprender a bailar y sabía que podían hacerlo”, sentencia Rodríguez Loprete. Al tiempo que destaca la importancia de poner a los chicos en contacto con diversas expresiones culturales: “Hay que hacerlos participar de conciertos y que los músicos y bailarines visiten las escuelas”, explica.

La enseñanza musical, que permite poner en juego capacidades cognitivas, afectivas y sociales que aportan al crecimiento individual y social de los niños y jóvenes y fortalecer los lazos de los alumnos entre sí y con el docente, a partir de su dimensión colectiva, es analizada y valorada por el maestro: “Se establece un vínculo especial con los estudiantes, una relación que gira a través de la música y del arte”.

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Los primeros acordes

El proyecto se inició con los niños que en 2009 comenzaban su escolaridad en sala de tres años y continuó a lo largo de todo su proceso por el nivel hasta coronar en sala de cinco donde ya bailaban solos, casi sin indicaciones del docente. Para empezar planificó un taller donde el disparador fue un video clip seleccionado, atendiendo a necesidades de movimiento, expresión e identidad que pudiera representar de una manera diferente la capacidad para interpretar, sentir y disfrutar el arte de la música. Rodríguez Loprete recuerda la escena como si fuera ayer: “Estábamos sentados en el piso como indiecitos. Los chicos estaban expectantes, pero antes de mostrarlo les dije que era un baile muy difícil y podría ser un desafío aprenderlo. El silencio rodeó la sala, no se escuchaba ningún sonido. Y de pronto apareció en la pantalla una pareja de niños bailando el tango” y continúa: “Se levantaron voces en un instante y comenzaban a exclamar: ‘¡“Fua, uh, mirá, qué bueno, yo puedo hacerlo, yo no, se cae….se cae… uh… no se cayó!’”. Y la sala se llenó de interrogantes ¿vamos a hacerlo?, preguntaban los pequeños entusiastas. El profesor volvió a pasar las imágenes varias veces y algunos estudiantes observando −según relata− intentaban imitar los movimientos. Como si esto fuera poco, Rodríguez Loprete les tenía preparada una sorpresa más: “Les dije que traería a un amigo que sabe de tangos y que nos enseñaría pasos y quebradas”. Pero como suele ocurrir en estos casos el sorprendido fue él: la aceptación fue unánime y los malevos y las percantas fueron los primeros en creer en el proyecto.

En el siguiente encuentro, la promesa del maestro se hizo realidad: “No saludé como siempre, dejé que el silencio haga lo suyo y las miradas el resto”, así un tanguero con chambergo negro y pañuelo blanco y una mujer de prolija estampa irrumpieron en la sala. “Los bailarines se miraron a los ojos y los acordes marcados de La yumba dieron inicio al movimiento”, dice el profesor visiblemente emocionado al tiempo que continúa con el relato: “Se podía escuchar la respiración de los niños y ver sus cabecitas siguiendo a la pareja por toda la sala. El tema auspició una absoluta conexión y luego de un largo aplauso, los más inquietos, se pusieron de pie para bailar”. Y así, comenzaron los acordes que luego se hicieron canción.

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De ahí en adelante, las clases se inundaron de firuletes y los chicos emprendieron la tarea de aprender los pasos y letras. De a poco, se animaban un poquito más y cuando los compases surgieron redondeados el docente le puso música a la cosa y con el CD de fondo, bailaron de a una pareja por vez y después todas juntas. Más adelante invitaron a los compañeritos de la otra sala −de las que también Mauricio es docente− y se animaron a rodar por la pista los dos grupos. Ante el entusiasmo y la destreza esbozada, el profe les propuso ir a ensayar al SUM (salón de usos múltiples) para que los niños comenzaran a acostumbrarse a las luces, el sonido y el escenario: las presentaciones en público comenzaban a ser un sueño cada vez más cercano de alcanzar. La Semana de las artes −una actividad que organiza la escuela− fue la instancia propicia para mostrar y transmitir lo aprendido. Mauricio recuerda que el salón estaba colmado. Los familiares habían sido convocados y nadie quiso perderse una nota: “Detrás de bambalinas estaban los chicos inquietos porque no podíamos comenzar, pues nos faltaban parejas que se estaban preparando. Mientras esperábamos, jugábamos a los tangueros caminando con las manos en la cintura, describiendo ochos y ganchos al aire”. Y luego con una sonrisa contagiosa evoca que “un malevo impecable en su rol cantaba ‘el sapo pepe’ en la previa”, mientras que las nenas le mostraban que tenían los labios pintados. La presentación fue un éxito, los papás emocionados aplaudían de pie y los chicos orgullosos y sonrientes saludaban de la mano después de la quinta vez que bailaron al ritmo de la milonga La puñalada. “Los flashes de cientos de cámaras, calcaban los rostros pasmados de emoción y se copiaban los ojos de los abuelos felices”, recuerda el docente. Con semejante precedente la compañía de bailarines se animó a más y se presentaron en la fiesta de aniversario de la fundación de Corral de Bustos, donde también se fueron ovacionados y sin ganas de dejar el escenario.

Mauricio, renueva todos los años su compromiso con los chicos y con la tradición, además de enseñar el tango a cada nuevo grupo que empieza su trayecto y acompañarlo a lo largo de todo el nivel inicial, desde 2010 comenzó con un proyecto de folklore con igual éxito y perspectiva.

En ese 2009 coronaron el ciclo lectivo representando una historia ambientada en el Club La pichincha y bailando La Cumparsita. La maestra de sala se sumó a la propuesta y tomó el tango como eje en la carpeta de cada alumno. Así los acordes de bandoneón, piano y violín y los pasos y figuras de estos grandes artistas sonaron hasta el último día de clases.

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Lo que otros están diciendo

  1. mauricio rodrigeuz loprete septiembre 26, 2013 a 14:36

    Soy el profe que realizó el proyecto. Gracias Lourdes por la entrevista. Quiero aclarar un punto: el proyecto comienza en el 2009 con tango clásico, en la sala siguiente, con tango estilizado…y en sala de 5 años ya bailan un tango más acrobático….Y siempre, en todos los años, siempre, bailan solos….Gracias a mi escuela por dejarme desarrollar mis ideas..-

    • vIVIANA nOEMI oLEUCCI octubre 31, 2015 a 1:09

      EXCELENTE , ME ENCANTA LA IDEA Y QUIERO PROPONERSELKA AL PROFE DE MUSUCA DE LA INSTITUCION EN LA QUE DESEMPEÑO MI TAREA DE MAESTRA JARDINERA!!! POE EL MOMENTO , ME GUSTARIA COMENZAR , EN EL DIA DE LA TRADICION , HACIENDO ALGO DE ESTO !1 GRACIAS POR COMPARTIR TAN LINDA EXPERIENCIA!!!!

  2. griselda fabro septiembre 26, 2013 a 15:05

    Cuando el alma está llena con los intereses de los niños se gestan proyectos como este. FELICITACIONES, docente de ramos especiales. Ver a los alumnos bailar y sentir la música es un privilegio que un docente ha hecho posible.

  3. CARINA septiembre 26, 2013 a 15:57

    FELICITACIONES MAURICIO!!!! MUCHO EMPEÑO Y DEDICACIÓN, A SEGUIR!!

  4. raul francisco manassero septiembre 26, 2013 a 17:30

    muy buena la nota y felicitaciones a mauricio, músico excelente….

  5. elizabeth noviembre 9, 2013 a 2:48

    Vi las palabras…

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