“Encuentran el límite estrellándose con la realidad”

septiembre 24, 2013

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Objetivo del marketing que les genera necesidad de tener todo y ya, con poca tolerancia a las frustraciones y con adultos que se comportan como sus amigos y no ejercen su autoridad, a los adolescentes cada vez les resulta más dificultoso tener actitudes de autocuidado. El papel de los padres, los docentes y la escuela, en el análisis de Gabriela Dueñas.

Usted señala que hay que hablar de adolescencias, en términos plurales, y señala diferencias entre la adolescencia moderna y la actual, posmoderna ¿cuáles son?

La gran diferencia pasa por algunos elementos claves. Esta franja etaria ha sido blanco del mercado, por lo que pasó a estar idealizada y, al hacerlo, la adolescencia se ha extendido hacia las dos puntas: comienza más temprano y termina más tarde. A su vez, el adolescente atraviesa un proceso de despegue de la familia, que para que se produzca debe confrontar generacionalmente con los adultos significativos que cumplen las funciones maternas y paternas; y en la escuela, con quienes en la misma línea simbólica representan la autoridad. Pero en estos tiempos posmodernos, los adultos se han adolentizado. Y cuando los jóvenes buscan con quien confrontar, se encuentran con un señor que tiene edad de ser adulto pero que en realidad se comporta como un par, como un amigo. Entonces la simetrización en la relación entre los mayores y los chicos es otra de las características que complica el tránsito adolescente.

¿Cómo les afecta a los adolescentes ser un objetivo del mercado?

Los chicos son objeto de prácticas que tienen que ver con las lógicas del mercado que producen en ellos intensos impulsos consumidores. Todo esto avalado y estimulado por adultos a los que les cuesta poner límites, que no están en su casa y no les dedican el tiempo suficiente. Con lo cual, llegan a la adolescencia con intensas necesidades de tener todo y tenerlo ya. A su vez, tienen muy baja tolerancia a la frustración, no están acostumbrados a las limitaciones y tienen dificultades para reconocer la autoridad. Esto es un combo muy peligroso. El joven siempre trata de confrontar y transgredir, incluso a veces puede ponerse en riesgo, pero antes tenía referentes más nítidos: ahora está a la deriva porque no encuentra normas claras que lo ayuden a cuidarse. Cuantas menos sujeciones tiene, más avanza, y a veces cuando el freno no se lo pone un adulto, lo encuentra estrellándose contra la realidad. En ocasiones, como atajo para evitar el sufrimiento y el dolor que le genera la frustración, el no conseguir todo lo quiere ya –en una sociedad que hace apología de ello–, puede abocarse a conductas adictivas, como las drogas o el alcohol. Esto sumado a un pensamiento con características omnipotentes propias de la edad, lo hacen correr más peligro: al encontrar menos límites a su accionar, llega hasta los bordes y a veces se cae.

¿Hay cuestiones biológicas que influyen en la predisposición de los jóvenes hacia las conductas riesgosas?

No. Lo que sí hay de biológico es que la adolescencia comienza con la revolución hormonal, que provoca alteraciones en los estados de ánimo, genera un plus energético que hace que el chico necesite canalizar energía, y si no encuentra en las instituciones que lo albergan las formas correctas de hacerlo, a veces puede derivar en situaciones no adecuadas. Necesita correr, estar al aire libre, estar con pares. Sin embargo, las condiciones de vida urbana hacen que esté encerrado en un departamento frente a las pantallas. Esta es otra variable que entra en juego en esta época. Las nuevas tecnologías informáticas de la comunicación hacen de la virtualidad una nueva puerta a espacios de riesgo. Muchos padres creen que sus hijos están cuidados y seguros en su dormitorio con la computadora y resulta ser que a través de Internet están conectándose con un desconocido, exponiéndose a riesgos. Como su pensamiento aún no tiene ni la experiencia ni el desarrollo de un adulto, son fácilmente captados por personas inescrupulosas. En ese sentido, son presa fácil por su propia fragilidad emocional y cognitiva.

En su experiencia con docentes, padres y chicos, ¿cuáles cree que son las conductas más peligrosas a las que se enfrentan?

El consumo de alcohol y drogas. Los encuentros sexuales sin ningún tipo de cuidado, algo que escucho cotidianamente en el consultorio: chicos de 13 y 14 años que no usan preservativo, no conocen la existencia de la pastilla del día después, no saben cuándo una joven puede quedar embarazada. Lo que noto como mayor riesgo es que los adultos están desinvolucrados y desresponsabilizados de sus funciones. Cuando las cosas los superan, como cuando sus hijos se llevan materias –eso sí les molesta y los moviliza mucho–, vienen a las escuelas a pedir socorro para ver si allí pueden resolver lo que ellos no pudieron: contener, poner límites, alojar a los jóvenes. También notamos un aumento de la violencia entre pares. Lo que se ha dado en llamar bullying, una palabra que no me gusta usar porque pareciera ser que al ponerle un nombre, la cosa ya está resuelta, por eso prefiero hablar de “violencia entre pares”.

¿Podría ampliar el concepto?

Lo que vemos en las instituciones escolares está relacionado con lo que sucede en las familias y a nivel social. Porque la indiferencia, por ejemplo, el no prestarle atención al chico, es una forma de violencia. Además todas las otras formas de violencia a las que están expuestos –pueden ver a cualquier hora videos de Youtube o canales con contenidos televisivos agresivos o con altos momentos de erotismo que los sobreexcitan, para los que no están preparados– les generan una sobrecarga de angustia o ansiedad que después se traduce en la escuela como inquietud. Y lamentablemente, todo esto termina en los neurólogos medicando a los chicos, para que se comporten de manera más adecuada, aunque el costo sea apelar a un psicofármaco. Entonces, parece que los adultos no queremos ver ni hacernos cargo de lo que pasa con las nuevas generaciones. En los últimos años se nota una tendencia muy marcada de los mayores a desinvolucrarse de lo que ocurre con los jóvenes, pasarse la responsabilidad de la familia a la escuela y viceversa.

¿En su opinión los educadores también están desresponsabilizados?

Hay toda una franja de docentes adolentizados. Y también hay otros, una minoría, que pretenden apelar a recetas de otras épocas, y la verdad es que los tiempos han cambiado y esas fórmulas hoy ya no funcionan (tampoco antes eran las mejores, porque también tenían una cuota de violencia hacia los jóvenes, porque no se los escuchaba). La autoridad pedagógica está absolutamente en decaída, porque antes provenía del saber y hoy el conocimiento no está en la escuela ni en los profesores, sino en la red. Donde voy, los profesores me dicen que les tienen miedo a los papás. En los colegios privados por miedo a quedarse sin trabajo, en los públicos a que les hagan sumarios. Los padres exigen a las instituciones escolares que les brinden un servicio como si se tratara de una empresa que fabrica chapas. Y la verdad es que la cuestión educativa está muy alejada de eso. Sin embargo, se han instalado esas lógicas en el sistema educativo, y los docentes, como no tienen autoridad, no se sienten respaldados, se sienten acusados y exigidos, al mismo tiempo que están sobrecargados de funciones y tareas, han desarrollado un mecanismo de defensa que es la negación: no ven lo que pasa. Un ejemplo: yo soy profesora universitaria y mando a mis estudiantes a observar clases en escuelas secundarias: ellos mismos ven cómo los chicos se “patotean” unos a otros y los maestros lo ignoran. No lo hacen de manera voluntaria: si vieran lo que ocurre entre sus alumnos, se enfrentarían a situaciones que les resultan un problema.

A nivel escolar, local, ¿qué se puede hacer?, ¿cómo empezar un abordaje?

La verdad es que si se piensa en trabajar solo, mucho no se va a poder hacer porque se trata de una situación muy compleja y de muchas variables. Acá hay que abordar el tema con equipos interdisciplinarios, salir de la clase y la escuela y armar redes con los colegas de las aulas vecinas y pedir ayuda de carácter intersectorial a profesionales de otros campos, porque así vamos a poder contener y frenar el fenómeno. Hay que generar espacios a través de los medios, ámbitos para trabajar entre los adultos, entendiendo que los jóvenes nos necesitan para avanzar hacia la siguiente etapa, políticas públicas con campañas masivas de toma de conciencia de que los mayores tenemos que hacernos cargo de nuestros chicos. Armar redes, recontratar qué espera cada institución de la otra, acordando que lo más importante son los jóvenes. Que si no acordamos primero entre nosotros, la cosa va a estar complicada.

¿Creé que es función del docente concientizar y transmitir información sobre estas problemáticas y sus consecuencias?

Nunca antes en la historia los chicos han estado tanto tiempo, tantas horas y desde tan temprana edad en las instituciones educativas. Hoy, a pesar de todo lo que tiene que modificar, la escuela es el mejor espacio social donde pueden estar –en muchos casos, mejor que en sus propias casas–, donde se encuentran entre pares, algo fundamental, y con personas que –no siempre– funcionan como adultos. Es la institución social clave para iniciar esta movida, porque los cambios vertiginosos de los últimos tiempos han impactado fundamentalmente en las familias, que están dando lugar a novedosísimas transformaciones, donde los padres no saben muy bien qué hacer o qué se espera de ellos. Las establecimientos educativos tienen más recursos para eso, por lo menos hay equipos, tienen más formación, se pueden armar espacios para pensar entre todos. Son un lugar privilegiado para alojar a los jóvenes, para contenerlos, y también para asesorar a sus padres, a los que hay que incluir en sus proyectos de formación y de acompañamiento, porque el chico no está solo: es él y su familia. Se pueden hacer muchas cosas para no continuar reproduciendo más de lo mismo, sino tender a transformar cuestiones epocales que no favorecen a los adolescentes.

¿Qué prácticas preventivas promovería?

Talleres para padres que hagan eje en el consumismo, en las adicciones, en la sexualidad, en la violencia en general y en la de género. Las escuelas tienen que crear espacios orientados para los papás, en forma conjunta con los profesores, siempre apelando a otros profesionales: el trabajo individual no sirve, encerrado en la institución tampoco, hay que abrirse a la comunidad, pedir ayuda. Nadie tiene la culpa de lo que está pasando, sino que estamos siendo atravesados por cambios socioculturales vertiginosos que no responden a alguien que los genera, y los que están siendo más afectados son los jóvenes, que se exponen cada vez más a situaciones de riesgo. Y es nuestra responsabilidad protegerlos. Desde el Gobierno, incentivar políticas públicas orientadas a la formación de docentes y de padres a través de las instituciones educativas.

¿Cómo detecta un docente signos de que un chico de su clase está involucrándose en conductas de riesgo?

Creo que no hay recetas. Pero sí hay un requisito básico: el adulto que está a cargo de jóvenes, comprometido con la tarea docente, y entiende que su rol hoy en día incluye la función de ser agente promotor de salud, lo primero que va a hacer es escuchar al adolescente. Si lo escucha, lo observa, mira su producción, puede hacer intervenciones, promover que se comunique, porque, en general, si el chico está atravesando situaciones conflictivas, se retrae. Todo esto se logra si se posiciona y asume con compromiso este rol: no hace falta ser especialista para detectar cuándo un joven está drogado o llega golpeado con frecuencia a la escuela, o se duerme en clase porque pasó la noche en la red.

 

Gabriela Dueñas es psicopedagoga, licenciada en Ciencias de la Educación y doctora en Psicología. Integra el grupo Forum Infancias y es profesora en la Facultad de Psicología de la Universidad del Salvador.

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Ilustración: Juan Paz.

Lo que otros están diciendo

  1. escuela infantil de torrejon de ardoz febrero 25, 2015 a 11:57

    Esto es ¡sorprendente! No he leído algo como esto antes . Gratificante encontrar a alguien con algunas ideas propias sobre este tema. Este blog es algo que se necesita en la blogoesfera , alguien con un poco de originalidad. Un trabajo útil para traer algo nuevo a Internet. Gracias de todos lo que te leemos.

  2. Me ha encantado vuestro articulo y me ha sabido a poco pero ya sabeis lo que dice el dicho “si lo bueno es breve es dos veces bueno”. Me gustara volver a leeros de nuevo.
    Saludos

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