Desafíos ante las nuevas formas
de ser joven

septiembre 24, 2013

Saberes18-9desafios

Para la investigadora sobre la temática de juventud, Ana Miranda, las instituciones educativas deben reconocer que no sólo deben enseñar contenidos sino brindar herramientas para que los adolescentes transiten su vida y su escolaridad de manera exitosa.

¿Cuáles son las características de los jóvenes actuales y en qué han cambiado en relación a generaciones anteriores?

Hay varias modificaciones en el contexto donde transcurre la adolescencia y la educación secundaria. Hubo un conjunto de cambios sociales muy fuertes, sobre todo a principios del siglo XXI, en la forma de relacionarnos, de vivir, en el desarrollo de las ciudades, etcétera. El primer punto es que el proceso de urbanización, sobre todo en la Argentina, está cada vez más avanzado, la gente vive en ciudades más grandes y más complejas. En segundo lugar, hubo cambios en las comunicaciones. Vivimos completamente interconectados y en eso se han perdido las fronteras entre el adentro y el afuera. Hoy Internet no solamente está en las computadoras sino en todos lados: en los teléfonos, en las aulas. Un tercer punto es que hubo una transformación grande en la forma de vivir el ciclo de vida: hay un borramiento de los límites que separan la niñez de la adolescencia y la juventud de la adultez, que antes tenían ritos de pasaje muy marcados.

¿Esto qué implica?

Los chicos son adolescentes cada vez más niños y la juventud se extiende cada vez más. Esto también está acompañado de una transformación muy fuerte en el mundo del trabajo: en los países occidentales, se tiende a tener más años de estudio y hay un retraso general en el ingreso al mercado laboral, aunque esto no sea para todos igual. En este contexto, aparece con mucha fuerza una vigencia muy fuerte del consumo –tanto de la compra en sí misma como del espacio para la socialización– como estructurador de las relaciones sociales. La mayoría de los jóvenes se socializan en lugares de consumo, como por ejemplo los shopping. Junto a la instalación muy fuerte de consumos culturales, aparecen una serie de riesgos que son propios del siglo XXI.

¿Qué características tienen estos riesgos del siglo XXI?

Son diferentes a los de antes. Desde el punto de vista estructural, pueden ser la desocupación o el abandono escolar temprano. Pero también hay otro conjunto de riesgos, más de tipo subjetivo, que tiene una fuerte impronta a lo largo del tiempo. Por ejemplo, si en el joven aparece un consumo alcohólico excesivo, eso puede comprometer su salud y marcarlo para el resto de su vida. Si uno anda ebrio en una moto y choca, el perjuicio que eso ocasione le puede impedir trabajar y tener un desarrollo saludable a largo plazo. Las cifras de morbimortalidad juvenil más altas tienen que ver con los accidentes de tránsito y con las riñas violentas y, la mayoría de las veces, están asociadas al consumo de alcohol y a otras sustancias. Este tipo de cuestiones pueden traer un conflicto en su proyecto de vida en general. Hoy la investigación en juventud lo que promueve es que los jóvenes puedan reforzar conductas para tener futuros saludables.

–¿Cuáles son las conductas de riesgo más comunes a las que están expuestos los jóvenes?

En el enfoque de riesgo tratamos en general de no hablar de conductas, porque en lo conductual hay algo de la voluntad. Creemos que muchas veces lo que hay es inexperiencia, que lleva a acciones que pueden tener consecuencias en el futuro, con un perjuicio directo. Por ejemplo, el consumo excesivo de alcohol, de drogas o sustancias psicoactivas en general; acciones de riesgo en el aspecto sexual y reproductivo, que pueden llevar a una maternidad o paternidad temprana no deseada o al contagio de ciertas enfermedades, como VIH; cierto tipo de conductas violentas –como los delitos menores que pueden tener implicancias penales–-; las que tienen que ver con la salud en todos sus aspectos, con el ámbito del sistema educativo –como el abandono o el retraso escolar–; y otras vinculadas al ámbito del trabajo, como el hecho de tener que aceptar condiciones laborales desventajosas (por ejemplo, los chicos que hacen delivery en moto, sin los cuidados correspondientes). En medio de esto aparece también un tema nuevo, que ha tenido algunos desarrollos a nivel de investigación, vinculado a la utilización de las redes sociales y al tema de la privacidad. Trabajar con los y las jóvenes sobre aspectos vinculados a su propio cuidado en el espacio público se extiende hoy también a los espacios virtuales y medios de comunicación.

¿Cómo debe actuar la escuela ante jóvenes que llegan borrachos o bajo efectos de otras sustancias?

Hace veinte, treinta años, sobre todo antes del período democrático, la escuela expulsaba todo lo que consideraba desviado, a través de distintos tipos de procedimientos. Hoy, la ley nos marca que tenemos que incluir a todos los jóvenes, independientemente de donde sean y de donde vengan. Eso es una obligación pública. La secundaria fue creada y diseñada para transmitir conocimientos. La nueva legislación trae también un conjunto de desafíos que se agregan a lo propiamente educativo, que tienen que ver con cómo acompañar las nuevas formas de ser joven. Para eso, lo importante es fortalecer lo interdisciplinario, que los docentes se puedan apoyar en distintas figuras que acompañan a los adolescentes en sus diferentes circunstancias.

¿Cómo cuáles?

Las escuelas privadas “de elite”, que tienen una presencia muy fuerte en la vida de los jóvenes, fueron quizás pioneras en esto, pero en nuestros días en la mayoría de los establecimientos educativos se están pensando e implementando estrategias de acompañamiento a la juventud. Por ejemplo, los tutores, como figuras fuertes en la escolarización –para llevarla de manera exitosa– y en la vida de los adolescentes. También los gabinetes escolares, en donde se van integrando profesionales de distintas áreas, que trabajan con la comunidad y las familias. Desde mi punto de vista, éste es el camino que hay que empezar a recorrer, debatir y perfeccionar.

¿Cree que es función del docente transmitir la importancia y la necesidad de las conductas saludables?

Primero, no creo que nada sea responsabilidad de un trabajador/a de la educación de manera individual; sino del sistema educativo en su conjunto. El docente se ha formado para transmitir contenidos y las distintas maneras de enseñarlos. Segundo, desde mi punto de vista, sería necesario empezar a reconocer que hoy la educación no sólo incluye la tarea de brindar conocimientos, sino también un conjunto de otras herramientas y acompañamientos que necesitan más personas y un abordaje interdisciplinario. La solución debe ser social e institucional.

¿Qué se puede hacer ante situaciones riesgosas en el aula?

Ante situaciones problemáticas –que son de muchos tipos y se producen en todos los sectores sociales– el tema es cómo procesar esos conflictos. Yo puedo decir “A estos chicos los echo a todos”, porque me parece que no tienen que estar en la escuela, o puedo preguntarme cómo enfrento esta situación. Creo que se necesita un equipo que esté compuesto por autoridades educativas, docentes, grupos familiares y organizaciones sociales de la comunidad. Desde el punto de vista legislativo, desde la obligatoriedad de la secundaria, se ha avanzado en términos programáticos, del reconocimiento del rol de los tutores, del tema de la asistencia. Tenemos el desafío por delante de seguir acompañando este proceso de inclusión escolar.

¿Qué pautas pueden accionar mecanismos positivos en las escuelas?

Yo creo que lo más importante que vienen diciendo los estudios de juventud es que para los chicos los adultos son cada vez más importantes. Es paradójico, porque pareciera que no les llevan el apunte a los mayores, pero las investigaciones dicen otra cosa: que los adultos son cada vez más importantes para los adolescentes en términos de orientación, de brindar experiencias y contenidos para la toma de decisiones. En una investigación que hicimos hace muchos años les preguntamos en una encuesta a chicos egresados de la secundaria cuál era la materia que más les había servido para encontrar trabajo. Ellos respondieron con asignaturas que eran insólitas. Cuando trabajamos en la parte cualitativa y preguntamos por qué habían contestado de esa manera, en realidad de lo que nos hablaban no era de las asignaturas en sí mismas, sino de las personas que se las habían dictado. En términos teóricos, eso se llama el adulto significativo: son los que están acompañando a los jóvenes, los escuchan y tratan de colaborar y ofrecerles algo que está a su alcance. Las materias tenían nombre y apellido.

 

Ana Miranda, licenciada en Sociología, magíster en Políticas sociales de la UBA y doctoranda en Ciencias Sociales, es investigadora del CONICET en el Área de Educación y coordinadora del Programa juventud de FLACSO Argentina.

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Ilustración: Juan Paz.

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