Reafirmar el rol del enseñante

julio 24, 2013

Tal como ocurriera con la escuela secundaria luego de que se estableciera la obligatoriedad de sus dos ciclos; el nivel inicial atraviesa una etapa de profundas transformaciones y reconfiguraciones.

El reconocimiento de que no hay una única infancia, un modo de ser niño universal, no puede significar la naturalización de la heterogeneidad como sinónimo de fragmentación social y cultural. Por el contrario, debe implicar la afirmación de la existencia de necesidades y derechos comunes a todos los chicos.

En el convencimiento de que es necesario construir experiencias educativas que ayuden a revertir las desigualdades, y en función de las evidencias de que las diferencias en el rendimiento escolar están ligadas a la posibilidad y al tiempo de asistencia al jardín de infantes, en Córdoba ampliamos la cobertura de las salas de cuatro años, obligatorias por Ley de Educación Provincial 9.870, que también dispone la universalización de las salas de tres en los sectores más vulnerables; y generando espacios de consulta y participación, elaboramos los diseños curriculares del nivel inicial, los informes de progreso escolar como herramienta de trabajo con las familias de los alumnos, así como los nuevos planes de estudios de los profesorados para ser maestras y maestros jardineros.

Como bien dice una de las entrevistadas del informe central de esta nueva edición de Saberes, Verona Batiuk, todos los niños tienen las mismas capacidades de aprender en la escuela: las limitaciones son las oportunidades pedagógicas que les podamos ofrecer todos los días. Allí, es central que las instituciones escolares se den un debate profundo acerca del proyecto curricular que están llevando adelante, qué prácticas tienen una verdadera finalidad educativa y si en algún caso alguna de ellas forman parte de la rutina pero han perdido su sentido.

En este marco, es fundamental que los procesos de enseñanza reconozcan las experiencias de los alumnos, las problematicen y amplíen. Nuestro objetivo debe ser poner lo pedagógico en el centro de la acción, potenciar el lugar de enseñante del maestro, para luego poder dar cuenta a los padres, y a la sociedad toda qué aprendieron nuestros chicos en su paso por el jardín de infantes.

Y allí, el juego es central, no sólo como estrategia sino como contenido de conocimiento. Los niños sólo juegan a lo que conocen, y es nuestro deber como maestros incrementar su experiencia cultural, planificando la temática, los tiempos, espacios y materiales del juego. Son mucha las escuelas que lo hacen. Lo hemos reflejado en estas mismas páginas, contando, por ejemplo, la experiencia de 10 jardines que se reúnen anualmente en el Encuentro de Matemática con sabor a juego, unas olimpíadas que reúnen a 250 niños de diferentes contextos sociales, culturales y económicos a enriquecer sus aprendizajes y fijar los contenidos vistos durante el año (ver Saberes 5). Jugar, enseñar y aprender son cosas diferentes pero que felizmente pueden juntarse, afirma Daniel Brailovsky, otro de los especialistas consultados.

El docente es el responsable del derecho de aprender de los niños. Jugando. Rescatar y enriquecer la capacidad de jugar de nuestros alumnos es central en nuestra tarea educadora.

Walter Grahovac, Ministro de Educación de Córdoba

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