La xenofobia no hace distinciones

julio 24, 2013

Saberes17-Ed-Bologna

Una investigación que releva las creencias y actitudes discriminatorias hacia los extranjeros en la escuela asombra por los resultados obtenidos e interpela acerca de cómo los prejuicios pueden interferir en las prácticas pedagógicas.

 

“El docente no explica sólo cuando escribe en el pizarrón. Enseña todo el tiempo: con sus actos, con sus gestos, con sus intervenciones y sus no intervenciones”, afirma Eduardo Bologna, director del proyecto de investigación de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), Extranjeros y diferentes: las formas de discriminación en la escuela, acerca de la importancia que tiene el estudio que revela la prevalencia de conductas discriminatorias entre los docentes de nivel primario de la capital cordobesa. Y completa la idea: “Tomar un conflicto entre alumnos vinculado al origen étnico de alguno de ellos como tema de discusión es una actitud muy distinta a minimizar el hecho y tratar de que se resuelva como si no hubiese pasado nada. Eso transmite información, educa”.

Como parte del programa Inclusión educativa. La mirada desde las aulas, de la UCC, el trabajo que tiene como objetivo proponer intervenciones contra los mecanismos que restringen la estructura de oportunidades educativas de distintos grupos sociales (por su origen étnico, social, cultural, entre otros) se dividió en dos partes. En la primera, la etapa cualitativa, los investigadores realizaron entrevistas abiertas a docentes y directivos de primaria, sobre migración reciente hacia Argentina y sobre los alumnos pertenecientes a comunidades extranjeras residentes en Córdoba. Con los resultados en la mano, elaboraron ítems para evaluar las actitudes de los maestros, en lo que fue una prueba piloto, que les permitió construir el cuestionario final. “Este es un proyecto que lleva cuatro años –que cerramos éste–; en el primero de ellos, tuvimos entrevistas privadas con los directores. Buscamos en especial escuelas que estuvieran expuestas a la inmigración. Con esos grupos focales fuimos rastreando las creencias, y con ellas armamos las frases que iban a servir para evaluar. El listado lo completamos sumando algunas expresiones que circulan por los medios”, recuerda Bologna. Y continúa: “Tras la muestra piloto, hicimos un tratamiento de los datos de ese cuestionario para ver cuáles eran los ítems que eran capaces de diferenciar entre quienes están en una posición o en otra, para ver cómo se asocian: a eso se llama análisis factorial”.

 

Datos relevantes

Los resultados los sorprendieron. Sobre un total de 378 educadores de escuelas de gestión estatal (200) y privada (178), más del 55% manifestó alguna actitud de rechazo hacia la población inmigrante latinoamericana. Sin que hubieran encontrado diferencias entre los grupos de maestros según la edad, la antigüedad en la docencia y en la escuela, ni el tipo de gestión de la institución (estatal o privada); los investigadores concluyeron que el origen y la formación de los prejuicios sobre los extranjeros exceden el ámbito escolar y se apoyan en creencias generales en el ámbito social.

Veamos. El 35,3% de los docentes no acuerda con que los inmigrantes latinoamericanos obtengan inmediatamente permiso para trabajar; el 17,2% dice que tienen costumbres poco higiénicas; el 16,5% cree que el desarrollo de Córdoba se ve dificultado por el ingreso de extranjeros de países pobres de Latinoamérica, el 24% duda; el 14,4% sostiene que fomentan la pérdida de identidad cultural; el 16% afirma que no es un orgullo que las universidades cordobesas formen a extranjeros que luego ejercen la profesión en sus países de origen.

Relevadas las creencias vinculadas al ámbito específicamente educativo, el 14,5% de los docentes sostiene que la escuela pública se haya desbordada ante el fenómeno inmigratorio; el 7,6% sostiene que la presencia de extranjeros dificulta su tarea; el 9,6% rechaza la idea de que ella enriquezca la experiencia de los demás estudiantes, el 8,7% duda; el 20,9% afirma que ser abanderado debe ser un privilegio solo de los mejores alumnos argentinos, el 8,7% duda. Finalmente, el 85% sostiene que la presencia de extranjeros en el aula aumenta el nivel de conflicto entre los chicos.

“Aunque desde otra perspectiva –la sociodemográfica, que se preocupa de la manera en que se tejen redes de ayuda mutua horizontales o verticales, de contratación–, hace 20 años que vengo trabajando sobre inmigraciones y siempre me interesó cómo son consideradas por el público general, sobre todo viendo los resultados en otros países. En Europa y Estados Unidos la xenofobia tiene fluctuaciones muy marcadas siguiendo los ciclos económicos: cuando son de expansión no hay problemas, pero en los de contracción se marca muy fuerte la discriminación”, explica. Respecto a esas creencias generales, Bologna indica: “Hay tres o cuatro creencias que están muy presentes en la sociedad que tienen que ver con el mundo del trabajo y con la criminalidad –se culpabiliza a los inmigrantes–, que me interesaba ver cómo operaban en la escuela: ¿qué pasa con el efecto multiplicador que puede tener el docente con esas ideas respecto a sus alumnos?”.

 

Efectos en clase

Puesto a analizar cómo afectan las creencias y conductas discriminatorias hacia extranjeros –ya sea que hayan nacido en el exterior o se trate de hijos de inmigrantes, o pertenecientes a las comunidades socio-étnicas, que comparten las fiestas religiosas, las tradiciones culturales, entre otras cuestiones– en el seno de la escuela, Eduardo Bologna indica que “hay un efecto directo, cuando el docente está en presencia de estos chicos. Uno puede sospechar que haya algún tipo de trato diferente, en función de sus expectativas, lo que tendría efecto sobre su desempeño, lo que suele llamarse Pigmalión”, esto es, en función de las previsiones que los profesores tienen sobre sus alumnos, actúan de manera distinta y les prestan una atención diferenciada, que termina generando que sus expectativas se cumplan. “Pero además –argumenta–, hay un efecto indirecto vinculado a cómo transmite esas valoraciones el maestro al resto de los estudiantes, por ejemplo a cómo interviene cuando hay típicas disputas o desprecios que solemos hacer los cordobeses con respecto a los bolivianos o los peruanos. Si dice “bueno, son cosas de chicos” y lo deja pasar o si aprovecha para hablar de las diferencias de por qué se tilda de una determinada manera a una persona”.

“Cuando te dicen que aumenta el nivel de conflictividad en el aula, eso es un prejuicio bien importante. Ese miedo a que se genere un conflicto, es un miedo a lo diferente. La diversidad en el aula siempre existió, lo particular es que ahora se la tiene en cuenta”, analiza Bologna. Ahora el objetivo es difundir la investigación, a fin de discutir las creencias que sostienen esos prejuicios: “El componente irracional es muy difícil de abordar; pero el prejuicio tiene además un componente racional, cognitivo, que es el que sirve para sostenerlo en público, por ejemplo que la presencia de extranjeros en el mercado de trabajo es competencia para los nativos; o que realizan un aporte a la criminalidad, ya que en situaciones de pobreza delinquen. Ese tipo de creencias son falsas. Uno las puede rebatir fácilmente, porque hay argumentos y datos que las contradicen”. “Si se combina con el discurso que viene creciendo desde el Inadi y organismos públicos que sancionan y generan una condena social sobre el prejuicio, se lo puede ir acotando bastante. Ya no es aceptable que alguien diga públicamente que no aceptaría en su familia alguien por su origen étnico, religioso o sexual”, reflexiona.

 

Más conocimiento, menos prejuicio

Aunque el nivel de prejuicio que tienen los maestros es menor al de otros ámbitos, no deja de ser menos importante por las implicancias que conlleva dentro del aula. Al respecto, el investigador señala que eso es esperable en la medida en que todos los estudios señalan que las creencias xenófobas se hayan correlacionadas con los niveles de instrucción: “A mayor educación menor nivel de prejuicio. Los docentes, perteneciendo a una elite, sería razonable que tuvieran menos prejuicios. Sin embargo, en la escuela llama la atención que en algunas preguntas haya niveles relativamente altos”. En uno de los puntos en que ocurrió eso fue cuando se analizó –a través de varios ítems– el nivel de conflictividad en el aula.

Para Bologna, ese resultado puede estar vinculado, por un lado, a vivencias reales dentro de la institución escolar, pero también y, de manera contrapuesta, a lo que algunos docentes imaginan que ocurre. “Cuando se piensa en inmigrantes limítrofes, hay un estereotipo de los bolivianos y los peruanos en Córdoba, y aquellas maestras que no tienen presencia de extranjeros por la ubicación geográfica de la escuela responden en función de una construcción imaginaria del inmigrante, que se compone del sentido común, tradiciones, discursos mediáticos, etc.”.

En este marco, el director del estudio arriesga una clasificación: “Tengo la sospecha que hay dos tipos diferentes de docentes, pero por sobre todo de escuelas. Hay instituciones que cuentan con muchos alumnos extranjeros y han desarrollado proyectos internos, que tienen que ver con la manera de enfrentar estas situaciones, la diversidad. Entonces cuando llegan maestras nuevas, saben que deben trabajar el tema de los prejuicios, y hacerlas ingresar a una cultura en la que por ejemplo el 25 de Mayo es un fiesta importante pero también lo es el 6 de agosto en el caso de la comunidad boliviana. Hay otras instituciones en las que la exposición es menor, entonces el tema está menos abordado, menos pensado, sale más inconscientemente; opera como telón de fondo de las prácticas”. “Esperamos que nuestra investigación sea un espacio para esa reflexión”, finaliza.

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