Cuidar el clima lúdico

julio 24, 2013

Saberes17-02-Hay-que-cuidar-el-clima-lúdico

Daniel Brailovsky aborda la importancia de que juego, aprendizaje y enseñanza vayan de la mano en el nivel inicial; la espuria oposición entre socialización y adquisición de saberes; así como la conveniencia de que existan marcos de referencia precisos para evaluar en el jardín de infantes y así evitar que cuestiones actitudinales o de desarrollo evolutivo formen parte de los informes de progreso.

 

¿Qué ventajas presentan los niños que acceden de manera temprana al sistema educativo, respecto a los que no?

Aunque existen estudios que prueban la conveniencia de una escolarización temprana y apuntan a destacar los aspectos positivos que tiene este hecho en las posteriores trayectorias educativas y laborales de las personas; creo que el verdadero valor de la educación infantil no reside sólo en su carácter propedéutico, sino en los efectos que produce de hecho en la experiencia actual de los niños y sus familias. Los modos de enseñar que el nivel inicial adopta, además, son interesantísimos modelos para los demás niveles de enseñanza, porque en el jardín por distintas razones se ha desarrollado un formato de trabajo muy propicio para repensar las viejas prácticas de la escuela tradicional.

Con los diseños curriculares para el nivel inicial ¿se pone en tensión la función histórica del jardín de infantes, en donde el eje está puesto en la socialización de los niños y no en la adquisición de aprendizajes?

Podría decirse que el nivel siempre ha estado atravesado por esta tensión. La cuestión es que ambas cosas no son excluyentes, ya que acompañar y favorecer la construcción de sujetos sociales demanda de la enseñanza, y enseñar supone, claro, reconocer a los alumnos dentro de la sociedad en la que viven inmersos. La tensión entre “enseñar” y “acompañar el desarrollo” es quizás más problemática porque en ese caso sí se cuestiona la posibilidad de acompañar de manera sistemática y organizada los aprendizajes. Pero en relación a lo primero –la tensión entre favorecer la socialización y enseñar– diría que es un tanto espuria, porque ambas cosas van saludablemente juntas cuando el dispositivo lo permite. La oposición surge cuando consideramos a la enseñanza desde una perspectiva puramente archivística y “bancaria”, al decir de Freire, y no como una práctica social y política compleja.

En esas diferentes perspectivas, ¿qué lugar ocupa el juego y cuál es su importancia: siempre debe tener intencionalidad pedagógica?

–El juego es un tema central en la pedagogía del nivel… Jugar, enseñar y aprender son tres cosas bien diferentes, pero que felizmente, pueden juntarse. Se puede enseñar jugando y se puede aprender jugando, aunque el sentido de la actividad lúdica dependerá del modo en que los docentes lo decidan incluir. Los conceptos de “enseñanza”, “aprendizaje” y “juego” al combinarse entre sí de distintas maneras abren una serie de posibilidades. Y estas posibilidades difieren mucho entre sí… Por ejemplo: se puede transmitir ciertos saberes proponiendo a los chicos que jueguen a un juego (que ya conocen), que para ser jugado demanda “usar” esos saberes. Este es un recurso válido de la enseñanza. Aquí el contenido es ese saber o destreza que se necesita para jugar. Y el juego es el medio en el que alumno y contenido se llegan a encontrar. Otra cosa es enseñar a los chicos un juego nuevo para ellos. Aquí el contenido es el propio juego. Y otra completamente distinta de las anteriores es saber que los niños aprenden mucho mientras juegan, mientras improvisan y enseñan a otros compañeros los juegos que les gustan.

En esos casos, ¿qué ocurre?

Aquí el valor educativo del juego es simplemente algo que debemos reconocer y resguardar: es bueno que jueguen. No impedirlo. No pretender controlarlo todo el tiempo. Mirarlos jugar, simplemente, y aprender algo sobre ellos y de ellos. Y hay una posibilidad más que se puede tener en cuenta… Es otro modo de entender lo “lúdico” en la sala. Uno puede enseñar hablando, mostrando imágenes y objetos, haciendo preguntas, realizando tareas. Sin ningún formato de juego. Sin jugar. De diferentes maneras. Pero al hacerlo, cuidar el clima de estas interacciones buscando que en ese clima aparezca algo de lo que define al juego: la diversión, la informalidad o espontaneidad, la competencia o enfrentamiento, el desafío, la imaginación, la creatividad, el movimiento… En este caso, la enseñanza es lúdica (en alguna medida), pero no porque se propongan o se enseñen juegos, sino porque se permite atravesar a las situaciones de encuentro entre maestros y alumnos de algunos rasgos de la experiencia de jugar.

¿Cómo se evalúa en el jardín de infantes?

En el nivel inicial no se califica a los alumnos con escalas numéricas ni se les toman pruebas para decidir si “pasan de grado”. Es una característica de la evaluación en el jardín: es puramente pedagógica y no necesita ni se propone cuantificar resultados. Por eso no pasa lo que tanto desvela a otros niveles: que la evaluación “patologiza” las prácticas de enseñanza y hace que los estudiantes tengan más ganas de aprobar que de aprender. Pero pasan otras cosas, que también son problemáticas y vale la pena señalar.

¿Cuáles serían?

Por un lado, la evaluación de aprendizajes se superpone en forma algo confusa con las prácticas de disciplina y los contextos de vida de los niños. En algunos informes de los alumnos (que son los documentos en los que habitualmente se plasma la evaluación) las referencias simultáneas a cuestiones de la relación de los chicos con los contenidos y a su integración grupal, por ejemplo, confunden los tantos y le quitan nitidez a ambas cuestiones, que son importantes. Luego, los marcos de referencia desde los que se evalúa tienden a ser un poco imprecisos. Se llega a usar como referente de evaluación la psicología evolutiva, lo cual es grave porque se confunden las esferas del desarrollo y el aprendizaje, que son cosas diferentes. En ese sentido, disponer de una referencia teórica (que bien puede estar provista por los diseños curriculares) es más o menos imprescindible. Todo esto creo que apunta a dejar de confundir evaluación “blanda”, sin calificación, con “ausencia de evaluación”, o “evaluación menos necesaria”.

Daniel Brailovsky es licenciado en Educación Inicial de la Universidad del Salvador (Usal); maestro de Educación Musical del Conservatorio Municipal de Música Manuel de Falla; magíster en Educación con especialización en gestión educativa por la Universidad de San Andrés (UdeSA), doctor en Educación (UdeSA); ejerce la docencia en profesorados de formación docente, carreras de grado y maestrías vinculados a la Educación.

_______
Ilustración: Lucas Di Pascuale.

Lo que otros están diciendo

  1. GRACIELA MEREGALLI julio 25, 2013 a 12:14

    excelente , me encanto, soy presidente de UNADENI ARRECIFES – CAPITAN SARMIENTO.Podriamos contar con tu presencia en algun momento.gracias

  2. Macarena Benavides Concordia Entre Rios julio 25, 2013 a 12:39

    Querido Daniel: Siempre tan atinado con tus respuestas. Son sumamente valiosos los aportes que nos brindas, desde tu experiencia y con tus conocimientos sobre el nivel. Muchas gracias por darnos cada vez mas. Atte. Macarena Benavides.

  3. Beatriz CABA julio 25, 2013 a 14:21

    DOCENTE DE TERCIARIA Y FORMADORA DE FORMADORES
    ADMIRADORA INTELECTUAL DE DANIEL B.
    SUS TEXTOS SON INSPIRADORES PARA MIS ALUMNAS
    MIS SALUDOS MUY ESPECIALES PARA EL YA QUE TENGO EL GUSTO DE CONOCERLO!

  4. marilin julio 26, 2013 a 10:01

    Excelente!! acuerdo con lo referido por Brayloski

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

En este sitio los comentarios son moderados por la redacción. No se publicarán comentarios anónimos, agresivos o insultantes, como tampoco aquellos que hagan referencia a cuestiones ajenas a la temática pedagógica aquí tratada.