A primera vista

julio 24, 2013

Saberes17-A primera vista-05885

Estudiantes de una escuela capitalina digitalizan textos escolares para que otros alumnos de nivel primario y secundario con discapacidad visual puedan mejorar sus condiciones de acceso a la educación. Jóvenes que ven más allá y van por más.

 

“Me pareció importante participar del proyecto Red Mate porque te hace pensar: yo puedo leer, ellos no. Y está bueno, porque nuestra ayuda les hace bien a esas personas y a uno mismo”, con esta frase de Javier Acosta, estudiante del Ipem 191 Monseñor Enrique Angelelli, de barrio Arturo Capdevila, se puede resumir el espíritu de una propuesta que reunió a alumnos de 4° año del secundario y su docente, para hacer posible que chicos con baja visión o con ceguera total accedan a materiales educativos que les permitan continuar con sus estudios.

Cuando en 2012 había que dictar por primera vez la asignatura Formación para la vida y el trabajo −incorporada en el nuevo diseño curricular de nivel secundario implementado por el Ministerio de Educación de Córdoba−, que está orientada a generar y fortalecer vínculos entre los saberes escolares y extraescolares, producir articulaciones sustantivas entre la escuela y la comunidad, y promover la participación activa y transformadora de los jóvenes en los diversos escenarios sociales; la dirección del Ipem le propuso a la profesora Claudia Casadei realizar el proyecto. “Cuando me invitaron a ser parte de esta iniciativa, inmediatamente dije que sí porque esta materia apunta a que los jóvenes puedan participar de una propuesta sociocomunitaria de impacto, que está fundada en la práctica participativa y el aporte solidario al desarrollo local, y Red Mate nos brindaba la oportunidad justa para ello”, afirma la docente, profesora en Ciencias Económicas y licenciada en Ciencias de la Educación. El entusiasmo de Claudia se trasladó a sus estudiantes, al punto de que alumnos suyos de otro curso que no la tenían en la asignatura Formación para la vida y el trabajo, se ofrecieron como voluntarios y se engancharon con el proyecto. “Cuando la profe vino con esta idea, pensamos ¿de qué habla? Porque nunca habíamos hecho algo así y porque tampoco sabía que había un programa que podía hacer todas estas cosas”, interrumpe Javier, al tiempo que Facundo Salas completa la idea: “Nos pareció un poco raro cuando nos dijo, pero estaba bueno y nos enganchamos ahí nomás”.

Saberes17-A primera vista-05893

 

El proyecto

Red Mate es una organización integrada por la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) de la Universidad Nacional de Córdoba, la Asociación Civil Tiflonexos (con sede en Buenos Aires) y la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, que se conformó en septiembre de 2008, con la finalidad de promover la autonomía y la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación e incrementar los niveles educativos alcanzados por los jóvenes con discapacidad visual, a través del uso eficiente de las tecnologías de la información y la comunicación adaptadas para ciegos. De esta forma, el trabajo de los chicos de la Monseñor Angelelli consiste en digitalizar materiales de lectura y pasarlos a soportes informáticos −mp3 o mp4, CD, DVD, entre otros− para hacerlos accesibles de forma rápida y eficiente a alumnos de nivel primario y secundario.

Pero para alcanzar este objetivo fueron varias las instancias que debieron desarrollarse con anterioridad. La primera consistió en un taller de sensibilización con los estudiantes en la escuela, en el que profesores y voluntarios de la ECI explicaron las alternativas y posibilidades que brindan las tecnologías a las personas con discapacidad visual. “En esa ocasión, vinieron jóvenes no videntes que contaron cómo fueron sus estudios con esta discapacidad. El relato de sus experiencias, de todo lo que pasaron, fue muy fuerte para nuestros alumnos”, explica Casadei y continúa: “Explicaron cuán liberador fue este nuevo método para entrar a la universidad; de lo contrario, para ellos hubiera sido imposible estudiar en la facultad por la cantidad y tipo de material. Entonces les parecía fantástico que eso también pueda aplicarse al nivel medio y al primario”. “Uno de los chicos nos contó con humor que había veces que tenía que pagarle a sus hermanos para que le leyeran los libros del cole, porque al principio había mucha voluntad de toda la familia, pero después se empezaron a cansar porque eran muchos textos”, rememora entra risas Javier.

En la siguiente etapa fueron los jóvenes de la Angelelli quienes se trasladaron y así llegaron a la Escuela de Ciencias de la Información: para muchos era la primera vez que iban a la Universidad. Una vez allí, las autoridades y docentes de la ECI los recibieron con calidez y destacaron la importancia de la labor que se iba a emprender. Ahí capacitaron a los jóvenes específicamente en la tarea de digitalización de los textos, luego se hicieron pruebas y ajustes y la iniciativa ya era un hecho. “En esa instancia comenzamos con la tarea de difusión y promoción en las instituciones educativas de la zona −pero aún falta que se conozca más porque no nos han llegado tantos pedidos como esperábamos y como sabemos que se necesitan−, de las que receptamos materiales y pusimos manos a la obra”, relata Claudia Casadei.

Saberes17-A primera vista-05901

 

Igualdad de oportunidades

Una vez que los alumnos ya estaban interiorizados del alcance de la iniciativa y capacitados sobre el manejo de los equipos y programas informáticos necesarios (un escáner de alimentación automática y una computadora de escritorio con software lector de pantalla y auriculares) comenzó la parte más difícil. “Lo primero que hacemos es escanear el libro (hay que desarmarlo porque se pasa hoja por hoja) y después juntamos las páginas, lo pasamos a una especie de archivo Word y corregimos los errores”, explica Franco Parrello. Lo que no aclara es que es allí comienza la parte más complicada del trabajo ya que el programa puede no interpretar una letra, un número o un símbolo. “Es una tarea que puede resultar tediosa para algunos porque hay que controlar hoja por hoja si se respeta el texto que está en el original y, recién allí se hacen las correcciones necesarias”, completa la idea la docente.

Otro caso especial se produce cuando en el material a digitalizar hay ilustraciones, fotografías, cuadros o gráficos. Allí los alumnos, en su papel de traductores deben realizar una descripción de las imágenes presentes. Por ejemplo, en un texto de Historia donde esté el retrato de algún prócer debajo se pone “Nota del corrector: parte superior izquierda se ve la figura de San Martín en blanco y negro”, de forma tal que el usuario cuando escuche no se pierda ningún detalle del libro. “Este es otro de los aspectos pedagógicos ricos de esta propuesta ya que ejercita y requiere una buena comprensión lectora para poder interpretar correctamente los materiales”, señala la profesora, al tiempo que explica que esto alcanza su mayor nivel de exigencia para los chicos cuando deben traducir gráficos y describirlos. En este sentido, Franco aclara que deben prestar siempre mucha atención porque a veces la máquina puede traducir mal una palabra: “Entonces necesitamos siempre el original para comparar”.

“Otro punto a destacar es que trabajamos con una diversidad de textos de distintas asignaturas y temáticas, lo que les permite a los alumnos ampliar sus conocimientos. Por eso, los libros a digitalizar no deben revestir excesiva complejidad”, afirma Casadei y completa: “Fue una propuesta muy enriquecedora porque los estudiantes deben manejar muchos materiales al tiempo que acceden, aprenden y trabajan con las Tecnologías de la Información y la Comunicación, cuyo manejo es un saber muy importante en el mundo de hoy”.

Con la convicción de que es necesario formar a jóvenes participativos, solidarios y comprometidos con su entorno, la propuesta de Claudia movilizó enormemente a su grupo de alumnos. Conocer otras realidades, ayudar a los demás, crecer uno mismo, son solo algunas de las frases que expresaron los chicos cuando se les preguntó qué significó para ellos participar de una experiencia como ésta. “Yo creo que nos hace mejores personas”, expresó visiblemente emocionada Yohana y completó: “También nos enseña la vida que hay afuera, que nosotros no la vemos; creemos una cosa y resulta que la realidad es otra”. “Yo participé para darle una oportunidad a los que no pueden ver para que estudien también, igual que nosotros”, sentencia Javier. Y como la esperanza y el entusiasmo se contagian, este año el proyecto vuelve a comenzar con los estudiantes que hoy están en 4° año para formar un gran equipo de digitalizadores que pueda brindar su tiempo, su saber y sus ganas para que cuando otro joven con discapacidad visual necesite de un texto para poder estudiar lo tenga al alcance. “No veo las horas que empecemos de nuevo este año”, dice Javier para renovar el espíritu de un proyecto que hace visible lo mejor de nuestros jóvenes.

 

Extender lazos

El proyecto Red Mate es una iniciativa abierta a la comunidad por lo que las escuelas que necesiten contar con materiales digitalizados para sus alumnos deben dirigirse al Ipem 191 Monseñor Enrique Angelelli, escribir al mail: ipem191angelelli@gmail.com o comunicarse al teléfono: (0351) 434-5159. Lo único que se necesita es llevar el original del texto a traducir y un soporte informático para almacenar el audio una vez digitalizado.

 

Deje un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

En este sitio los comentarios son moderados por la redacción. No se publicarán comentarios anónimos, agresivos o insultantes, como tampoco aquellos que hagan referencia a cuestiones ajenas a la temática pedagógica aquí tratada.