“Una naturalización del fracaso escolar de los más pobres”

abril 29, 2013

Para Elena Duro, especialista en Educación de Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), la repitencia debería eliminarse gradualmente en la primaria. Argumenta que afecta fundamentalmente a los sectores más desfavorecidos a partir de decisiones discrecionales y subjetivas tomadas por los maestros dentro del aula.

 

–¿Cuáles son para usted los argumentos a favor de la unidad pedagógica?

–Nunca se dijo “los alumnos aprenden a leer y a escribir y adquieren competencias lingüísticas complejas en 1° grado”. La alfabetización es un proceso de aprendizaje, quizás el más importante ­­­−porque permite acceder al conocimiento y a la información– que transitan los niños y las niñas en su paso educativo y que requiere un tiempo que dura más de un año escolar. Nuestras propias leyes y reglamentaciones, ya desde los ‘90, contemplan para ello un período que comprende al primer ciclo, es decir los tres primeros grados. Obviamente, hay chicos con mayores niveles de estimulación, de capital cultural, que ya están alfabetizados cuando empiezan 1° grado, o lo hacen con un nivel muy alto comparado con su grupo de pares. Sin embargo, esto se da en la minoría de la población. No hay una sola teoría proveniente del campo de la lingüística, de la psicolingüística ni de la pedagogía que diga que, en ocho meses, a los siete años, todo alumno debe lograrlo. Independientemente de lo que ocurre en otros sistemas educativos del mundo, estoy absolutamente en contra de la repitencia, fundamentalmente cuando es de los chiquitos de primaria en general y de 1° grado en particular.

 

–¿Podría explicar por qué?

–La repitencia es un mecanismo que ha sido naturalizado en los orígenes del sistema educativo, no solamente en la Argentina sino en América Latina. Si bien nuestra escuela primaria se ha universalizado y contamos con la más alta tasa de escolarización, también tenemos una naturalización del fracaso escolar de las poblaciones más pobres. Es decir, la repitencia afecta más a los sectores más vulnerables. A inicios del año 2000, en Unicef nos pusimos a investigar y a recopilar evidencia acerca de cuáles eran los motivos por los que repetían los chicos. Y vimos que eran múltiples, pero mayoritariamente, se debía a que los docentes tomaban decisiones discrecionales y subjetivas –muchas veces tres meses antes de terminado el ciclo lectivo– en cuanto a cuáles eran los alcances de la alfabetización en Lengua y Matemáticas que un niño de 1° grado debía tener.

 

–¿A qué se refiere con discrecionales?

–A que no había una uniformidad de criterio ni dentro de la escuela, ni entre los maestros de 1° grado de una misma institución, ni relación entre esas decisiones y lo que decían los núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP) del Ministerio de Educación de la Nación. Las medidas estaban muy relacionadas con las características del contexto, con la creencia de que el hecho de repetir iba hacer que ese niño o niña madurara y que al otro año, ante una misma situación de aprendizaje, finalmente adquiriera la alfabetización.

Todos los docentes hemos tenido a la repitencia como una solución al problema de chicos que no aprenden al mismo ritmo que los otros. Pero esa medida, que es netamente conductista, en el siglo XXI no puede seguir sosteniéndose. Porque nadie que repite vuelve a equiparar en términos de logros de aprendizajes a su grupo de pares. Muchos estudios evidencian que la repitencia es solo una cuestión de pérdidas. La Unesco ya lo viene también sosteniendo desde hace décadas.

 

–¿Por qué de pérdidas?

–Porque afecta la trayectoria educativa en todo el período de formación del niño o niña, quien siempre queda atrás y es probable que vuelva a repetir: baja su autoestima, pierde el interés vital de aproximarse al conocimiento y tiene una mirada más negativa hacia la escuela. La repitencia lo estigmatiza: en la institución educativa, entre los pares y en su familia. Hay una evidencia concreta: al entrar a un aula, es fácil identificar al grupo de los repetidores porque, además de ser los más grandes, se sientan todos juntos y hacen lío en el fondo. Eso es estigmatización: no se sabe qué hacer con estos alumnos que cada vez son más grandes que sus compañeros y que no tienen intereses en común con ellos. Cuando uno analiza cuál es la mayor proporción de población que abandona la primaria de forma precoz, lo que se ve es que fundamentalmente son niños con historias de fracaso.

 

–¿Qué hay de las familias?

–Muchas veces las familias también creen que la repitencia es una decisión acertada. Dicen: “Mi hijo es un burro, entonces está bien que repita”. Esa perspectiva y la de los docentes generan una mirada muy pesimista sobre las potencialidades y capacidades de ese niño o de esa niña, lo que produce el efecto Pigmalión: si un sujeto cree que el otro no está condiciones de aprender, bueno, efectivamente no aprenderá.

Por eso adhiero a que habría que eliminar la repitencia de forma gradual y progresiva; y de forma total en 1° grado. Primero, porque afecta al chico en toda su trayectoria escolar, su autoestima y en su relación con los docentes, su grupo de pares, la situación áulica y de aprendizaje. Segundo, porque no sirve: es un mecanismo naturalizado, lleno de prejuicios y creencias que hoy están desterradas por múltiples evidencias. Tercero, ninguna teoría en el campo de la Lengua y de la Matemática dice que un chico tiene que estar alfabetizado en el 1° grado de un ciclo escolar. En cuarto lugar, porque es la antesala del abandono. Y quinto, porque básicamente invisibiliza uno de los problemas más difíciles de abordar dentro de las aulas, que es el de respetar los tiempos individuales de aprendizaje y la diversidad.

 

¿Podría ahondar sobre el concepto de invisibilización?

–La repitencia lo que está invisibilizando es el hecho de poder abordar con eficacia, con herramientas didácticas y pedagógicas efectivas, a un grupo de chicas y de chicos que tienen diversos capitales culturales y tiempos de aprendizaje para adquirir ciertas competencias y capacidades, también diferentes. Eso te obliga a cambiar de paradigma: de uno centrado en el fracaso en el niño, a otro que traslada el problema a la enseñanza.

En este marco, el primer paso que deberían tomar los gobiernos provinciales es trabajar fuertemente con los docentes en una charla franca y sincera donde cada cual exprese sus propias convicciones acerca de lo que significa la repitencia y en la que también los técnicos y los decisores puedan mostrar evidencias en contrario. Si un maestro tiene la oportunidad de ver qué ocurrió en 2º, 3º, 4º grado, o en la secundaria, con aquel alumno que repitió 1º, se revertirían las creencias fuertemente instaladas. Uno cambia su subjetividad frente a la evidencia.

 

–¿Es un problema de formación de los maestros?

–No quiero culparlos porque éste es un problema con el que nacimos los que hoy estamos en el sistema educativo: la repitencia era la herramienta más a mano que creíamos que venía a resolver el problema de un niño o una niña que no aprendió. Hoy sabemos que no es así. Además, que no quepa la menor duda de que no hay mayor satisfacción para una maestra o un maestro de que sus chicos avancen. Por eso es cuestión de trabajar las creencias y de dotar al cuerpo docente de las herramientas pedagógicas necesarias y más pertinentes para abordar la diversidad y los distintos tiempos de aprendizaje de los chicos, en nuevas formas de alfabetizar en Lengua y Matemáticas.

Por otro lado, también hay que decir que hay un porcentaje de población escolar a la que se la hace repetir por motivos que no tienen que ver específicamente con cuestiones pedagógicas, sino extraescolares. Por ejemplo, porque es un niño cuyo carácter cambió debido a que atraviesa maltrato familiar, o porque no ve o no escucha bien, cuida a sus hermanitos o está mal alimentado; cuestiones que determinan que no pueda avanzar en sus aprendizajes. Se trata de una población muy minoritaria que también necesita respuesta del Estado. Ahí la escuela necesita trabajar en red con otras instituciones –para derivarlos a organismos competentes– porque por más que mejoremos las estrategias y los procesos de enseñanza es posible que no puedan aprender si no se resuelven los otros problemas.

 

–¿Cómo cree que resultará la implementación de la unidad pedagógica?

–Pueden suceder dos cosas: que efectivamente se cambien y se fortalezcan los procesos de formación de los maestros de 1° grado, se les brinden las herramientas necesarias para modificar la enseñanza en la alfabetización (un tema estrictamente pedagógico), se les brinden herramientas para trabajar la diversidad y a evaluar de manera diferente; o que no suceda absolutamente nada. Es decir, que se elimine la repitencia y el docente siga enseñando como hasta ahora. Si sucede esto último, entonces sí vamos a tener problemas más tarde o más temprano. Los dos primeros pasos en simultáneo son, por un lado, dar formación, dar las herramientas a cada escuela, y distintas alternativas de organizarse en términos de gestión (quién tiene que estar en 1º grado, cuál es el mejor maestro para eso, etcétera). Y por el otro, trabajar los sistemas de subjetividades y creencias muy instaurados en el sistema educativo.

 

–¿Hay diferencia entre la recepción que tiene esta medida en la escuela pública y en la privada?

–En general, en un conjunto grande de colegios privados los chicos no repiten. ¿Por qué?, ¿Porque todos aprenden lo que tienen que aprender?, ¿Porque solamente ellos manejan la diversidad? Podría haber varias respuestas. Una de ellas podría ser porque al sector privado asiste una población escolar con más alto capital cultural que los niños que van a la escuela pública. Esa sería una respuesta insuficiente. En general, al ver esos datos, me animaría a sugerir que hay ciertos mecanismos expulsores no visibilizados, donde se sugiere a la familia que cambie de escuela al alumno. Entonces el chico no repite en esa institución pero repite en otra. Por eso es una medida que debe abarcar a todo el sistema educativo: la formación docente tiene que cambiar en el sector privado y en el sector público y no solamente en alfabetización inicial. Cuando uno mira que el 60 % de los niños argentinos no aprende lo que tiene que aprender en Matemáticas, se pregunta por qué; y cualquier decisor o mesa de expertos dice “Bueno, el problema no es de los alumnos que no aprenden Matemáticas, el problema es que se están enseñando mal las Matemáticas”. Se necesita una fuerte transformación. Por eso creo que la formación docente en estas áreas básicas del aprendizaje, y lo mismo en ciencias, tiene que fortalecerse muchísimo.

Elena Duro es Oficial de Educación de Unicef Argentina; autora de diversos artículos y publicaciones sobre educación, trabajo infantil, evaluación educativa y planificación de políticas públicas. Docente invitada en diversos posgrados en la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), de la cual se recibió en la carrera de Ciencias de la Educación. Ejerció la docencia en los niveles medio, superior y universitario y fue investigadora en el IIE de la UNLP. Fue Directora de Planeamiento Educativo de la Dirección General de Educación del Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

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Ilustración: Tamara Villoslada.

Lo que otros están diciendo

  1. Liliana García - Directora de Institución de Nivel Inicial (Rep. Argentina) mayo 26, 2013 a 19:27

    Como Maestra Normal Nacional, Prof. de Educación Pre-Escolar, Prof. de Castellano, Literatura y Latín, Especialización en Lit. Infanto-Juvenil y Postítulo en Lenguajes y Comunicación, con treinta y cuatro años de servicio en Escuelas, Jardines de Infantes y Secundarios de lo más variados, llamo la atención al corrimiento quese hizo de la edad para ingresar a la escolarización, desde hace varios gobiernos. No fue corregido por ninguno.
    Así SE MEZCLAN alegremente DOS GRUPOS de alumnos que no sólo manifiestan diferente estimulación: se hallan en distintos momentos evolutivos. Los Profesores de Secundaria lo vivenciamos cuando se quitó el viejo Sexto Grado, “adelantando” el inicio del Nivel Medio.
    Las diferencias se hacen más notorias en el Jardín de Infantes, ni qué decir en Sala de 4 años (quienes no tienen Salas de 3 años). Sin embargo, el corrimiento de la edad de ingreso de marzo a junio, JAMÁS VOLVIÓ a ser analizada, en aras de escolarizar a mayor cantidad de niños cuando la política pública educativa decidió el cierre de Salas de 4 años.
    No he visto ningún análisis del tema en revistas, Congresos, Jornadas… luego de la reapertura de Salas de 4 años y menos cuando se decide la extensión del Nivel con la creación de “algunas Salas de 3 años”.
    Eso sí: en Córdoba, se quitó la INDEPENDENCIA del Nivel, colocándolo BAJO el mandato de una Dirección de Nivel Inicial y Primario. ¿Subordinación del Nivel Inicial al Primario?. Y no tiene que ver con quién lo rija.
    Por otro lado, se “toma” algo que desde siempre fue propio del Nivel, el período de “adaptación” con cambio de nombre, y se aplica a primaria y secundaria. No sostengo que esté mal. AL CONTRARIO: lo nuevo da miedo a todo el mundo y es lógico que se tenga en cuenta. Lo malo es la APLICACIÓN MASIVA, CON INGRESOS TODOS JUNTOS, en el Nivel Inicial. Los padres NO ALCANZAN a gestionar Autorizaciones de Retiro de sus hijos, a comprar pintores, bolsas y elementos, ANTES del comienzo de clases.
    La seguridad de los niños, como también el Equipo Docente designado en tiempo y forma, DEBERÍAN priorizarse para “asegurar confianza, relaciones estables y sanas, compenetración con Proyectos Educativos”, en vez de organizar feriados, feriados puente, y corrimiento de fechas patrias a “piacere” de los políticos de turno.
    Como docente con treinta y cuatro años de servicio responsable en el Sistema Educativo (en tres niveles), pregunto a los diseñadores de políticas públicas: ¿qué es verdaderamente más importante?, ¿que priorizan?. ¿La inclusión con calidad, o la calidad de los ingresos de poderosos empresarios?… Atte, Prof. Liliana del Valle García.

    • maria galletti noviembre 23, 2014 a 18:22

      Hola Luliana…estoy buscando cuales son los objetivos y currícula de sala de 4 y 5 de jardín de infantes. Tenés noción donde puedo dar con ellos?
      Muchas gracias

  2. Liliana García - Directora de Institución de Nivel Inicial (Rep. Argentina) mayo 26, 2013 a 19:35

    Debo corregir: “viejo” Séptimo Grado (en vez de “Sexto”).

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