Para confrontar las miradas

abril 18, 2013

Constituido como un ámbito de escucha y de resolución de conflictos entre directivos, docentes y alumnos, el Consejo de Convivencia que funciona en el IPEM 43 Presidente Hipólito Yrigoyen, de la ciudad de Córdoba, ayudó a mejorar el clima escolar, imprescindible para que el acto educativo tenga lugar.

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“Hay que volver a lo esencial, que tiene que ver con los acuerdos, con retomar el diálogo. Muchos problemas están vinculados a la falta de comunicación: yo supuse porque me miró así o me dijo tal cosa. Se arman historias que no son. Cuando confrontan las miradas, se dan cuenta que nada que ver”, dice con claridad meridiana Laura Gelsomoni, preceptora del IPEM Presidente Hipólito Yrigoyen y miembro del Consejo Escolar de Convivencia (CEC) de la escuela, acerca de la importancia de este organismo para la vida cotidiana de la institución.

Es que la idea es que los CEC además de solucionar conflictos, ayuden a prevenirlos. “No sólo se constituyen frente a alguna transgresión o falta grave, sino que permiten pensar e implementar distintas estrategias a fin de evitar o disminuir situaciones que deriven en actitudes y/o hechos violentos o que interfieran la dinámica escolar”, explica Susana Berardo, Coordinadora del Programa de Convivencia Escolar, del Ministerio de Educación, que brinda asesoramiento a las instituciones que así lo soliciten tanto para intervenir ante episodios disruptivos puntuales como para redactar los Acuerdos Escolares de Convivencia que son los que fijan, a todos los integrantes de la comunidad educativa, las pautas, los derechos, obligaciones y posibles sanciones, que se implementan a través de los CEC.

De allí, que los Consejos permitan un verdadero ejercicio de participación democrática, en donde cada uno de los actores institucionales puede poner en discusión aquellas cuestiones que afectan a los procesos de enseñanza-aprendizaje. Al respecto, Elena Oviedo, encargada de gabinete psicopedagógico del IPEM 43 ejemplifica: “Se tratan problemas que los propios chicos detectan en los cursos. En los estudiantes está el interés por poner límites a ciertas cuestiones, que los docentes prestemos más atención a algunas situaciones que se producen en los recreos, en algunos lugares que no tienen control”.

Los CEC se convierten en una instancia de intercambio en la que profesores, padres y alumnos pueden debatir, consensuar y discernir cuáles son las temáticas que permiten o dificultan que la institución escolar sea un lugar propicio no solamente para poder llevar adelante el acto educativo, sino también para que discurran diariamente jóvenes y adultos. Allí, los chicos canalizan reclamos, cuya resolución ayuda a mejorar las condiciones para aprender. “Se ha tratado la falta de cortinas en las aulas y por medio del CAJ –Centro de Actividades Juveniles que funciona los sábados en las instalaciones de la escuela– se hicieron las cortinas con personas que venían a los talleres de costura”, cuenta Oviedo.

“En el curso preguntamos qué temas les gustaría hablar en el Consejo –como el de la falta de seguridad, y la higiene–, los escribimos en un papelito y los ponemos en una urna. Luego, tratamos de resolverlos uno por uno”, cuenta la delegada Natalia Palacio, alumna de 6° año del IPEM 43, quien fue elegida por sus compañeros para trasladar y comunicar lo que sucede en las aulas.

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De todos, para todos

Pensar en la conformación de los Consejos Escolares de Convivencia implica hacerlo como un espacio en el que cada una de las voces sean escuchadas. Donde docentes y alumnos –pero también los padres– participen y en el que cada palabra e idea tengan valor. “El difícil desafío que plantean los CEC es el ejercicio por parte de profesores y directivos de una asimetría democrática, que habilite pensar con ‘otros’ el quehacer institucional, sin suprimir la diferencia de roles y responsabilidades”, afirma Berardo del Programa Provincial.

Sin embargo, no parece ser una tarea fácil. La principal cuestión a trabajar es el respeto hacia las opiniones y posiciones de los más chicos. “Un tema bastante debatido son las formas y tratos de algunos profesores. Teníamos una docente que tuvo roces bastante fuertes con el 5° del año pasado, porque las chicas que se encargaban de armar el kiosco de la escuela –que no teníamos– llegaban más tarde a su clase”, recuerda la delegada Natalia Palacio.

En este sentido, Berardo analiza que “las mayores resistencias operan por parte de los adultos en aceptar las opiniones de los alumnos, lo que le otorgaría validez a la igualdad de derechos ante la ley”. Y ejemplifica, acerca de las dificultades que se presentan en muchas de las escuelas de Córdoba: “A veces no se promueve por parte de las autoridades la participación democrática, y son elegidos los representantes de estudiantes y docentes por decisión del equipo directivo y no por votación de sus pares, como se prevé”.

Sin embargo, una vez que se logra el compromiso y participación de todos, los problemas ceden y dan paso a la satisfacción. “La verdad es que me motiva ser delegada porque me gusta que los chicos confíen en mí como representante. Te llevás bien con todos; podés tener una conversación sin salirte de los estribos”, cuenta Natalia, al tiempo que señala que sus compañeros entienden que están “haciendo cosas para mejorar el colegio”. Por su parte, Jordan Chafloque, de 4° año, valora el hecho de que en los encuentros con sus pares “se pueda debatir y que cada chico participe”. “Está bueno –continúa– poder comunicar lo que los demás tienen para decir. Es representar al curso”. En concordancia, Jonathan Santisteban, también de 4°, señala: “Está bueno tener un Consejo porque es el lugar para que todos opinen”. “Si alguien tiene una duda, un problema –aunque sea pequeño– sabe que puede contar con el delegado. Es satisfactorio ser la voz del curso y saber que los chicos confían en vos”, finaliza con orgullo Natalia. Al respecto, Berardo afirma: “Los Consejos implican un cambio de paradigma, hacia una manera democrática de regular las relaciones interpersonales en la escuela. La puesta en marcha de este proceso supone ajustes y revisiones que posibilitan mejorar los canales de participación y comunicación e incorporar los distintos actores institucionales”.

“Es parte de un proceso. Por eso nosotros lo valoramos como tal”, dice, en consonancia, la preceptora Gelsomoni quien integra el CEC del IPEM 43, al tiempo que recalca: “Lo que empezó con muy buena voluntad, hoy tiene resultados visibles. Una de las bases es la perseverancia. Hay momentos en que uno no tiene ganas o no tiene tiempo de reunirse periódicamente. Pero conformamos un buen equipo. Si se posterga una semana o dos, a la tercera se hace sí o sí. No dejamos que se diluya”.

“Hay que trabajar con profesores y estudiantes la importancia del Consejo como espacio de participación y comunicación. Además, de habilitar los espacios y tiempos para que esto sea posible. Hay que pensar en un proyecto colectivo que permita la revalorización de toda la comunidad educativa”, completa Susana Berardo.

 

Todo tiene solución

Además del inconveniente surgido con la docente por la atención del kiosco, que pudo ser solucionado –“Este año estamos mucho mejor. A las tres estudiantes que lo atienden les permite salir, pero les deja más actividades”, dice Natalia–, el Consejo de Convivencia se ha abocado a tratar problemáticas más graves, como aquellas vinculadas a la xenofobia. “En nuestra institución existe una gran comunidad peruana y paraguaya con las que se han dado algunos casos de discriminación. Dichas situaciones se resolvieron, en primera instancia, a través del gabinete individualmente con los actores involucrados. Luego por medio del Consejo se armaron actividades específicas en las que se trabajó con todo el grupo, y no solo con los protagonistas”, cuenta Elisa Pedraza, coordinadora de curso. Y como ejemplo de superación de las diferencias señala que en 1° año la delegada que ganó es paraguaya.

Los contratiempos suelen presentarse frecuentemente y el diálogo es, principalmente, la herramienta por excelencia para la resolución de conflictos.

El interés de participar por parte de alumnos, padres y docentes y, fundamentalmente, del equipo directivo del establecimiento es, como siempre, el principal motor para que estos espacios sean de verdadero y sincero intercambio.

Se encuentra en proceso de elaboración un documento a través del cual se pretende establecer las pautas y objetivos generales de los Consejos Escolares de Convivencia, cuya conformación está prevista en la Resolución Ministerial 149/10, referida a la construcción de los Acuerdos Escolares de Convivencia. Éste y otros materiales del Programa de Convivencia Escolar pueden ser consultados en la página web de la Subsecretaría de Estado de Promoción de Igualdad y Calidad.

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