Del diario a la acción

abril 18, 2013

Una experiencia realizada en una escuela secundaria para jóvenes y adultos de Córdoba se propuso –y lo logró– que, a través de las noticias publicadas, sus alumnos comenzaran a interesarse por los problemas de la ciudad y a plantear soluciones. A partir de que aprendieron a ejercer sus derechos y conocieron sus obligaciones, pudieron modificar su realidad.

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“Nadie ama a su patria por ser grande, sino por ser suya”. La cita, que corresponde al filósofo Séneca, fue el disparador del proyecto Nuestra ciudad a diario, llevado a cabo por los estudiantes de Marcela Postigo, docente de la asignatura Espacio Curricular de Opción Institucional (ECOI) en el CENMA (centro educativo de nivel medio para adultos) Casa de Gobierno, que funciona en barrio San Martín de la capital provincial.

A los alumnos que cursaban el 2° año de un ciclo de tres de duración, en su mayoría veinteañeros aunque también estaban los que ya habían pasado los 40, algunas madres jóvenes y todos con trabajos precarios y mal remunerados, costaba mucho interesarlos por el saber, lo que se traducía en una apatía generalizada. De la misma manera, parecían indiferentes a lo que sucedía en su realidad, tanto mediata como inmediata. Estaban allí para obtener el “papel” que les permitiera conseguir un futuro mejor. Y Postigo esperaba algo más que se sentaran a contar los días hasta la entrega del certificado.

Con la frase del filósofo romano en la cabeza, la docente comenzó a pensar que quizás la apatía y el desinterés provenían de la falta de conocimientos y de no sentirse protagonistas de lo que sucedía en su comunidad. Si uno no puede amar lo que no conoce, tampoco se puede conocer aquello que no se enseña. Así que con este grupo de estudiantes, de los que ya había sido profesora en 1° año, comenzó la tarea de enseñar la Constitución Nacional y los derechos que nos asisten en nuestra calidad de ciudadanos.

“Normalmente trato de detectar algo que incentive al alumno a introducirse en el tema que tenemos que abordar”, explica y en este caso, lo que le llamó la atención era “un estado de indefensión e inseguridad” que “provenía de la falta de conocimiento sobre qué hacer ante determinados hechos”.

Así, el primer día de clases, les dijo: “Espero que al finalizar el ciclo conozcan sus derechos y también sus obligaciones y, como buenos ciudadanos, estén informados de lo que pasa en su ciudad y colaboren para su progreso”.

 

Ministerios y dificultades

Tras realizar el estudio preliminar sobre la Constitución y la Carta del Ciudadano, les propuso que el curso funcionara como si fuese una ciudad. Divididos en siete grupos, cada uno conformaría un ministerio, que debía investigar e informar sobre los distintos temas: salud, protocolo y ceremonial, educación, seguridad, servicios públicos, cultura y prensa. Una vez por semana, la docente llevaría los diarios recopilados, y el área de prensa los distribuiría entre los demás alumnos que conformaban los ministerios.

El trabajo no sería fácil. Empezaron los cuestionamientos. “Profe, ¿para qué hacemos esto?”, preguntó Cristian. “Porque así vamos a saber lo que pasa en el lugar en el que vivimos, cómo está organizado el gobierno de nuestra ciudad, por qué es necesario dividirnos en áreas que se ocupen de distintos temas, cómo funciona cada una por sí misma y cómo debe, al mismo tiempo, estar coordinada con las restantes, cómo las decisiones que se toman nos afectan como ciudadanos a todos o a un sector determinado…”, respondió Postigo. “Está bien. Ya entendimos. No explique tanto que nos marea”, interrumpió Ana.

El nombre del proyecto −Nuestra ciudad a diario− jugaba con los dos posibles sentidos: iban a conocer lo que pasaba en Córdoba a través del análisis de la información publicada en los periódicos y porque el seguimiento de lo que ocurría sería cotidiano con el fin de plantear algunas soluciones.

El primer obstáculo que surgió era que casi ninguno leía el diario para informarse y no les resultaba accesible para el entendimiento. “Para eso está la tele o la radio: es más fácil escuchar. Además el diario es difícil de leer”, le dijo Mara, una de sus alumnas. La solución fue leer los artículos en clase, desmenuzarlos con ayuda del diccionario –hubo que enseñarles a usarlo– y hacer una puesta en común, hasta que el contenido original pudiera ser decodificado en un lenguaje más accesible. Así, de a poco tuvieron un gran avance en la lecto-comprensión y en la incorporación de vocabulario novedoso.

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La tarea que siguió estuvo centrada en distinguir cuáles eran las secciones, las informaciones que contenían cada una de ellas y analizar el perfil de los periódicos según el tratamiento dado a la información. “Tuvimos oportunidad de recibir a una de las personas que trabaja en La Voz del Interior y él nos explicó cómo se edita, con qué criterio y quién selecciona las noticias y las fotos a publicar, cuáles son los días de mayor tirada, de dónde se obtiene el papel y la tinta, qué colores se utilizan en la impresión”, expresó la educadora.

Una vez lograda la comprensión de lo que leían, Postigo advirtió que incluso cuando ya conocían lo que ocurría diariamente en la ciudad “no sabían cuáles eran las opciones para actuar”. A su vez, la variedad de temáticas hacía necesario profundizar en contenidos puntuales, por lo que debieron recurrir a profesores de otras disciplinas. Así se produjo una articulación con materias como Biología, Derecho Laboral, Historia, Tecnología de la Producción, entre otras, la cual si bien no estaba prevista al principio, fue avanzando junto al proyecto “con el apoyo incondicional de los docentes consultados”, según relata Postigo.

De a poco, los problemas iniciales se fueron resolviendo y el espacio de trabajo fue arrojando resultados. “Lo que me pareció importante fue cómo se fue abriendo el panorama a partir de cuestiones en principio más acotadas. En el rubro salud había un problema con los hospitales, veíamos los derechos que nos correspondían, surgía alguna enfermedad en particular y empezaban a investigar sobre eso. No sólo averiguaban sobre las leyes, sino si se estaban aplicando o si se podían mejorar”.

Y así, empezando con enfermedades como el alcoholismo y la drogadicción, la clase seguía hablando de la problemática de la violencia, y de allí al tema de la seguridad, de qué operativos realizaba la Policía, y si las familias cooperaban o no cuando se producían. Surgieron temas conflictivos, como las detenciones en los bailes por ‘portación de rostro’, y la necesidad de saber qué hacer en esa situación. El transporte y el aumento de la tarifa también trajo debates y discusiones, que en más de una ocasión fueron interrumpidos por el área de ceremonial y protocolo que se encargaba de festejar los cumpleaños de los compañeros. Además de las tareas que se desarrollaban en el aula, en varias oportunidades se hizo necesario realizar visitas a museos, bibliotecas, y a la Legislatura. Los contenidos del área de cultura y su ministro –que se dedicaba al Ballet– despertó la inquietud de ir al teatro. Todos, por primera vez en sus vidas, fueron al San Martín a ver la función privada de la compañía que él integraba. La mirada de sus compañeros –que había llegado a ser discriminatoria– cambió: se ganó el respeto de todos.

 

Resultados

Como los alumnos estaban divididos en distintas carteras, se hacía necesario que todos conocieran lo que pasaba en las otras. Así, además del intercambio en sí mismo, la experiencia dejó un saldo positivo en las relaciones y los lazos que se tejieron entre los estudiantes. “Casi siempre, los grupos están compuestos por un 80% de jóvenes y un 20% de personas adultas. Normalmente, los adultos se convierten en referentes a los que todos escuchan. Las vivencias de un chico que va a un baile no es la misma que la de una persona de 50 años. Entonces había un interés por saber lo que el otro vivía, desde dónde lo hacía”, manifiesta la profesora. En todo ello subyacía “la idea de pertenencia”, de saber que formaban parte de un grupo y que podían desempeñarse “con un papel específico”.

Y lo que tal vez sea más importante, los alumnos pudieron aprender a manejarse en situaciones concretas de sus vidas.

Mara, fue una de las primeras en experimentar los cambios: “Resulta que fui al hospital y no me querían atender. Entonces pedí hablar con el director. Me dijeron preocupados: ‘¿Con el director?’; ‘Sí, señorita, así como usted me ve, yo conozco muy bien mis derechos y sé lo que tengo que hacer en estos casos’, le dije. Inmediatamente salió un médico, que no sé de dónde apareció, y me dijo: ‘No es necesario que hable con nadie. Por favor espere unos minutos que enseguida la atiendo’. Y yo pensé: ‘Ah, te achicaste, ¿no? Mirá si me vas a llevar por delante y justo en un tema de mi área. Hace más de seis meses que leo en el diario lo que se publica sobre salud. ¿Sabes todo lo que aprendí?’”.

También Cristian, a quien asiduamente la Policía lo detenía, vio cómo se modificaba su situación, con sólo colaborar: “Ni me asusté. Me pidieron los documentos, los entregué y cuando vi que empezaban a hacer demasiadas preguntas les dije: ‘¿Puede usted identificarse y darme su nombre y cargo?’ Me miró sorprendido. Se identificó y agregó: ‘Señor no lo molestamos más. Buenas Noches’. ¡Era la primera vez que me trataban de señor! Me sentí muy importante”.

“La idea era hacerles notar que uno recibía lo que daba. Que si uno sabía cómo dirigirse a los demás, ellos iban a responder de la misma manera. En un contexto de orden y de respeto”, señala Postigo. “Los chicos se sorprendían hasta de que al subir a un ómnibus y pedirle el boleto como correspondía, el chofer les respondiera bien. O de ir a un supermercado y pedir un libro de quejas y ver cómo la gente reacciona bien cuando se cuestiona lo que está mal. Siempre con fundamentos y de buenas maneras”, expresa la docente.

Y dice para finalizar: “El conocimiento nos da poder. Nos da libertad. Nos permite elegir qué camino vamos a seguir. Cómo elegirlo. No nos condiciona sino que precisamente nos da la posibilidad de optar hacia dónde vamos. De decidir cómo queremos que nos traten. Dónde queremos estar y dónde no”.
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Lo que otros están diciendo

  1. Ary junio 12, 2013 a 10:04

    Me parece excelente el trabajo realizado por esta señora!!!

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