“Uno enseña lo que sabe”

febrero 21, 2013

Cambiar la visión topográfica por una que incorpore una mirada política y social es una de las claves que propone la experta en Geografía, Beatriz Ensabella, para abordar esa disciplina. Aunque para lograr buenos resultados en las aulas, lo más importante –indica– es la preocupación de los profesores.

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Renovar los contenidos y las propuestas de enseñanza “pasa por la inquietud personal del docente por actualizarse, porque las herramientas están ahí”, afirma Beatriz Ensabella, coordinadora de la carrera de Geografía de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando se le pregunta sobre las claves para mejorar la práctica áulica. Es que –sostiene–, por más que el Gobierno facilite el acceso a cursos, textos y otros instrumentos que permiten profundizar conocimientos y didácticas, no se verán resultados “si los educadores no tienen interés y motivación personal” para aprovecharlos.

En esa línea, expresa una cuestión tan simple como significativa: “En realidad, uno enseña lo que sabe: lo que no se conoce, no se puede enseñar. Para que realmente se produzca una renovación hay que actualizarse de manera permanente en los contenidos conceptuales y en las nuevas propuestas pedagógicas, lo que requiere un esfuerzo importante”.

En el campo de acción de la experta, la prioridad es trascender la idea estática de una materia en la que sólo se aprende el nombre de los países, sus capitales y sus características topográficas, para reemplazarla por “una Geografía de corte social”, que incluya los problemas socioterritoriales a escala local, regional y global. Sin embargo, esto no siempre ocurre porque al espacio se lo sigue considerando “como contenedor y localizador”: “Se estudia la división política, la localización de ciudades, la producción de tal región, sin ir más allá, sin tratar de entender y explicar las causas, los circuitos económicos, las condiciones ambientales para esa producción presente y futura, la cuestión simbólica que hay detrás de los límites y las nacionalidades”.

De acuerdo con Ensabella, que cuenta con 30 años de experiencia frente a las aulas, esto sucede porque gran parte de los profesores han sido formados “en esa Geografía del Estado-Nación, con fronteras rígidas y límites políticos inamovibles y determinados”. “Es muy difícil traspasar esa concepción, a pesar de que con las nuevas tecnologías los conceptos de espacio y tiempo se relativizan absolutamente”, afirma.

 

El docente como guía

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son uno de los recursos que pueden incorporarse al momento de remozar las estrategias y las prácticas de enseñanza. “Hay muchos juegos de simulación, se puede usar el Google Earth; aunque la visión del docente sobre las TIC, en general, es todavía muy rudimentaria”, matiza la especialista, al tiempo que señala que es el profesor el que debe guiar y acompañar el uso de las herramientas digitales: “No podemos decirles a los chicos ‘vayan y busquen tal tema’ en Internet”, sino ‘busquen, por ejemplo, en la revista digital Eure, por tal autor’, de la misma manera que se recomienda una bibliografía impresa”.

En la misma medida y aclarando que lo ideal sería que los docentes armaran sus propios materiales de estudio, Ensabella afirma que aunque los manuales han mejorado, así como sucede con las nuevas tecnologías, “hay que saber usarlos” y “no pegarse jamás” a las versiones resumidas que brindan, para desarrollar la clase: “Pueden ser un disparador, pero después hay que ir a la fuente original, a ese texto o documento completo, o a ese link, para poder trabajarlo más en profundidad”.

La misma advertencia lanza sobre la grilla de ejercicios propuesta en esos materiales de estudio. “Sobre eso hay que elegir: no se les puede decir a los chicos ‘hagan las actividades de la página tal’, porque a veces están totalmente fuera de contexto de las posibilidades de los alumnos y de los contenidos que se enseñaron en clase. Entonces, de esa batería de consignas, tengo que tener el criterio de saber cuáles son pertinentes en función de mi contexto educativo específico”, agrega.
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Las clases, además de en las nuevas tecnologías y en los manuales, deben apoyarse en información sobre la actualidad, aunque –previene– “enseñar solamente con recortes de diarios no sirve”. En ese sentido, apunta, cualquier estrategia pedagógica debe estar “basada en una selección de contenidos con un marco teórico importante”. Se trata de que la realidad sirva para ejemplificar lo que se está enseñando, en vez de ser el tema central de la clase. “Una vez seleccionado aquello que se desea profundizar en el aula, hay que buscar ejes problematizadores y a partir de ellos desarrollar determinadas categorías conceptuales; luego, diseñar ciertas estrategias didácticas y dentro de ellas sí se puede apelar a estudios de casos, noticias de Le Monde Diplomatique, de La Voz del Interior, del boletín de una ONG; pero siempre como muestra, como caso particular que profundiza un contenido teórico relevante”.

Cuando se adopta esta dinámica de trabajo es probable que los temas se entrecrucen con contenidos de otras materias, lo que promueve el intercambio y la coordinación con otros profesores. Y, si bien la especialista aclara que esto, en la práctica, es difícil ante la escasez de espacios institucionales destinados a ello, siempre se puede articular al menos algunas actividades por ciclo lectivo. “Hay que tratar de trabajar en equipo con otros docentes: siempre se pueden construir propuestas mejores, más atractivas cuando uno puede compartir enfoques, bibliografía y recursos, con otros colegas”, dice para finalizar.

 

Algunos ejemplos

Para la especialista en la enseñanza de Geografía, Beatriz Ensabella, son diversas las temáticas que pueden abordarse desde una perspectiva de corte social, que tenga puntos de contacto con otras materias. Una de ellas –que se estudia tanto en el nivel primario como en el secundario– es la de los espacios urbanos y rurales. “Por ejemplo, en la cuestión urbana se pueden ver los problemas de contraste y segregación socioespacial en las ciudades, y ejemplificarlo a nivel local con la ciudad de Córdoba, las diferencias en la organización social del espacio en los distintos tipos de barrios”, explica. Así, se pueden disparar distintas posibilidades, como la de “trabajar el concepto de espacio como construcción social: quiénes son los agentes que lo producen y construyen, qué responsabilidad les cabe en esa producción a la Municipalidad, a los vecinos, a las empresas privadas. Y desde ahí se pueden tocar no solamente cuestiones sociales, como la segregación, sino también los problemas de contaminación ambiental –qué hacemos con la basura, por qué los residuos siempre se depositan cerca de las zonas marginales–, cómo está la ciudad dividida entre centro y periferia (que a veces es periferia pobre y otras tiene contrastes como los countries)”, expone la investigadora.

De la misma manera, con las migraciones internacionales se pueden estudiar sus causas, más allá de las razones meramente económicas, recogiendo y analizando testimonios que permitan acercarse al sufrimiento de quienes tienen que irse de su país: “Cómo se maneja el tema de las remesas, cómo se va constituyendo una nueva familia que es transnacional, porque algunos de sus miembros están afuera y otros se quedan”. En este marco, es posible trabajar no sólo desde lo puramente geográfico sino también “desde la discriminación, que es un tema que siempre emerge con los bolivianos, los peruanos”. “A los chicos hay que darles contenidos que trasciendan lo que escuchan en su casa o en la calle, porque la escuela no está para reproducir el sentido común”, destaca. Claro que, también aquí, la tarea verá sus resultados sólo si el docente está suficientemente preparado, advierte la experta: “Hay que saber manejar muy bien esos conceptos, no hay otra manera; si no, nos quedamos con un contenido superficial”.

 

Lo que otros están diciendo

  1. Silvia Miralles marzo 14, 2014 a 19:52

    Coincido plenamente con lo que expresa la docente. El cambio de enfoque de los profesores de geografía es quizás lo más difícil. La mayoría de los docentes ha sido formado en una geografía que priorizaba los aspectos físicos (relieve, clima, hidrografía, etc.) y el hombre aparecía como un elemento de importancia menor (de hecho el 20 % de los contenidos referían al aspecto humano) y muchas veces no llegaban a ser desarrollados. Ya hace demasiados años que el enfoque ha cambiado pero aún eso no se vé en las aulas.

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