“Un proceso sumamente largo”

febrero 21, 2013

Aclarando que los tiempos políticos de la aplicación de la ley de ESI no son los mismos que los que necesitan las escuelas, Sonia Papera y Mariana Dapuez, del programa provincial, afirman que en todas se está trabajando la temática. Mientras los docentes creen que los chicos lo saben todo, subsisten mitos y prejuicios que es necesario desterrar.

 

–¿Cómo se está implementando la enseñanza de la educación sexual integral (ESI), según el nivel educativo que se trate?

Sonia Papera: Probablemente en el nivel inicial sea donde más articulados estén los contenidos de la ESI, porque históricamente se ha trabajado el tema desde las unidades didácticas. Allí, el eje está en el cuidado del propio cuerpo, la expresión y el respeto de las propias emociones y sentimientos, las cosas que te gustan y las que no. Aunque ha pasado que los jardines de infantes no sepan que lo que están trabajando es educación sexual.

Mariana Dapuez: Se trata de que los niños puedan reconocer personas confiables para no guardar secretos que lastiman. En la escuela suelen surgir cuestiones disruptivas, como es la del abuso. En la medida que uno educa a los niños con algunas herramientas para poder identificar qué les hace bien y qué mal; frente a personas con características patológicas, van a poder pedir ayuda.

–¿Y en los otros niveles?

–SP: En el nivel primario, la cuestión estas más puesta en lo vincular, en la convivencia, en la relación con el otro. Recién cuando se empiezan a ver los cambios hormonales y se inicia una curiosidad más específica por lo sexual, se aborda especialmente en 5° y 6° grado, y de manera más transversal con la jornada extendida.

MD: A su vez, la inequidad de género, por ejemplo en cuanto a los usos de los espacios públicos de la escuela –los varones usan la cancha de fútbol y las nenas quedan a los costados–, también tiene que ver con la educación sexual, con la posibilidad de ejercer los derechos; y en ese aspecto, todavía falta.

SP: Por otro lado, cuando situaciones como la homosexualidad irrumpen se trabaja con la no discriminación. Quizás donde más dificultades haya para su implementación sea el nivel secundario, por la falta de horas institucionales y de articulación entre docentes así como su altísima movilidad.

–¿Los tiempos que requiere la implementación de la ley de ESI son los previstos?

SP: El programa provincial, que se creó en 2009, implica un cambio de paradigma en el posicionamiento y la manera de enfocar muchas cuestiones educativas. Se vienen realizando avances, pero va ser un proceso sumamente largo. Los tiempos políticos no son los que demandan las instituciones. Hace tres años, cuando recorríamos los establecimientos escolares o nos reuníamos en capacitaciones con docentes, nos decían que en sus escuelas no se estaba haciendo nada o que no conocían la Ley. Hoy no es esa la realidad.

–MD: En todas, algo se está haciendo.

–SP: Y si no se está haciendo como proyecto, se está realizando a partir de la articulación entre las materias de Ciudadanía y Participación –donde uno de los bloques temáticos es Educación Sexual– y de Ciencias Naturales. Las principales dificultades tienen que ver con el posicionamiento personal e institucional, que es una de las cosas que más hay que trabajar en la capacitación.

¿Por ejemplo…?

–SP: No se animan a hablar, tienen miedo de las reacciones de los padres, sienten que no manejan toda la información que necesitarían. Y asocian la cuestión de la sexualidad a lo patológico, como la cuestión del embarazo, VIH Sida: les cuesta relacionar con otros aspectos.

–MD: Tienen la fantasía que los especialistas van a saber más que ellos, olvidando el propio conocimiento sobre sus alumnos y el contexto social donde se inserta la escuela.

–SP: Otra dificultad muy grande es la de escuchar a los chicos. Cuando uno enseña educación sexual –por la especificidad del tema, por la subjetividad que abarca, por los contenidos a trabajar– tiene que pararse desde un lugar de acompañamiento. El docente se debe correr del rol de ser el que sabe, y escuchar, porque los jóvenes preguntan, no para un examen final, sino porque lo necesitan para la vida.

–¿Y qué deberían hacer?

–MD: El docente está convocado desde un lugar de agente público y transmisor de contenidos curriculares, en el marco de una ley, y a la hora de responder las dudas de los alumnos tiene que hacerlo desde ahí y no desde sus mandatos personales. Hay que reflexionar sobre los propios posicionamientos personales, prejuicios o tabúes y reconocerse como sujetos sexuados.

SP: A partir de reconocer las limitaciones y también de las posibilidades, empieza el trabajo institucional. Es decir la articulación con el otro, el “yo me animo a explicarles el ciclo menstrual, pero no a trabajar con las emociones de los chicos”. El planteo de la Ley es que la enseñanza sea transversal, que todas las áreas participen, y a su vez integral, que enseñen, por ejemplo, el rol de la mujer según la historia y las cuestiones geográficas.

–¿Qué temas son los que más interesan a los chicos?

–SP: Las consultas varían según la edad, pero uno ve que apenas el docente abrió el diálogo, los chicos aprovechan y preguntan. Hay mucho desconocimiento del funcionamiento del propio cuerpo, de los métodos anticonceptivos y su uso, perduran muchos mitos como que la primera vez, o con determinadas posiciones en las relaciones sexuales, no te embarazás. Y los docentes, por su parte, creen que los jóvenes saben todo; dicen “qué voy a explicar, si ya lo saben, si tienen información”. En realidad tienen un bombardeo de estímulos sexuales, pero no información procesada.

MD: Hay preguntas sobre la manera de acercarse a la chica que les gusta, cómo expresar sus emociones, porque está el mandato de que los varones no lloran.

SP: Otra cosa de género también a revisar es qué les está permitido a varones y qué a mujeres. Uno se encuentra con grupos más abiertos y otros, con los mismos mandatos sociales que los adultos.

MD: Se ve en esta cuestión del uso del preservativo: que pueda traerlo la chica, sin que eso implique que se sea más o menos “rápida”, porque tiene que ver con el cuidado, con la protección. Y en ese marco, la negociación del no, ya sea de ella o del varón.

–Muchos de los que se oponen a que la escuela brinde educación sexual, alegan que de esa manera, se están promoviendo las relaciones sexuales entre jóvenes ¿qué se puede decir al respecto?

–SP: Las investigaciones muestran que a mayor información, más se retrasa el inicio de las relaciones. En países que tienen un gran desarrollo en el área de salud, por ejemplo los nórdicos, la edad de inicio es entre los 17 y 18 años.

–MD: Al igual que ocurre con la violencia, en la medida que uno puede hablar de lo que le pasa, puede simbolizar, no pasa al acto, lo retrasa. Se llega a la relación sexual planificándola o habiendo tomado la decisión para el encuentro, con la posibilidad de elegir.

–SP: Se trata de que cuando los adolescentes decidan iniciar su vida sexual lleguen en las mejores condiciones saludables posibles, con los mayores factores protectores que se pueda.

–MD: Con la posibilidad de elegir. Si uno enseña ESI en la escuela, desde la sala de cinco –el cuidado del propio cuerpo, el respeto de lo público y lo privado, que al baño deben entrar solos– el niño comienza a adquirir autonomía en el ejercicio de sus derechos. Por eso lo de la gradualidad es tan importante en la Ley.

–¿Existen diferencias en el posicionamiento y tratamiento de la ESI según se trate de docentes jóvenes o más viejos?

–MD: Uno tendría el prejuicio que es una cuestión generacional, pero no. Hay gente a punto de jubilarse que es muy amplia por su trayecto e historia, y otra que recién se inicia que viene con un formato de inequidad de género o de derecho que imposibilita el diálogo con los chicos. Nosotros utilizamos la modalidad de taller –con técnicas, juegos, imágenes, distintos recursos– por eso. La idea no es darle un cuadernillo y que lo consuman, sino que haya un proceso de decodificación, de reflexión. Y el tema de los mitos y tabúes es el primer punto a trabajar y luego el adulto-centrismo: “En nuestra época no hacíamos estas cosas”. Les decimos: “Piénsense ustedes en su adolescencia”. No había Internet ni el tráfico de información de hoy e igual era un tránsito de turbulencia, de cambio, de rebeldía hacia los padres, de averiguar cosas en espacios no formales, de juntarse con los pares.

–SP: En 2012, hemos capacitado alrededor de 2.700 docentes de nivel secundario y 1.000 de nivel inicial y primario. Con distintos formatos –talleres, cursos virtuales, semi-presenciales, asesoramientos, seguimientos– según cada escuela. Los que han pasado por estos encuentros –cinco– afirman haber cambiado su práctica docente.

–¿Cuáles son las principales ventajas que ven en la aplicación de la ESI?

–SP: Hay un mejoramiento en el vínculo entre los docentes y los alumnos. La cuestión de reconocer al otro como posibilitador del diálogo no es menor. Es una posibilidad de ponerse a discutir, de repensar, en algún, punto qué institución se quiere.

 

Sonia Papera es psicopedagoga y coordinadora del Programa Provincial de ESI (programaesicordoba.blogspot.com.ar), que también integra la psicóloga y magíster en Género y políticas públicas, Mariana Dapuez.

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Ilustración: Nacha Vollenweider.

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