Más que cigüeñas y repollos

febrero 21, 2013

En el proceso de implementar la enseñanza de educación sexual integral en las escuelas, son muchos los desafíos que se presentan. Vencer la vergüenza, los tabúes y los temores; incorporar una mirada amplia sobre el tema en vez de reducirlo a la genitalidad; así como habilitar espacios de escucha acerca de lo que niños y jóvenes tienen para decir o preguntar, algunos de los puntos.

 

Durante mucho, demasiado tiempo, que puede medirse en siglos, un espeso silencio cubrió los temas referidos a la sexualidad. Los adultos, prisioneros de sus miedos, vergüenza e incertidumbres, optaban por la ocultación, mientras adolescentes y jóvenes carecían de acompañamiento cuando buscaban respuestas, hasta que, con el paso de los años, se encargaban de administrar las prohibiciones.

Reducida al encuentro genital, del que no se debía hablar, no había demasiada conciencia de que el ejercicio de la sexualidad estaba condicionado por la cultura, el rol que cada quien ocupaba en la sociedad, así como los atributos de lo considerado femenino o masculino.

Ese mismo tabú imperaba en las escuelas. Los docentes no tocaban el tema, aunque de algún modo transmitían a sus alumnos –a través de lo que se denomina el currículum oculto o implícito– sus ideas, sensaciones y hasta prejuicios. Lo hacían, por ejemplo, al estimular comportamientos diferentes para varones y mujeres y destinar lugares también distintos para sus juegos en el aula o en el patio. O cuando opinaban acerca de lo que implicaba ser padre o madre, o qué roles debían cumplir cada uno. En definitiva, no dialogaban sobre la temática y así la convertían en algo misterioso y que aparentaba ser dañino. Algunos, más avanzados, se atrevían a mencionarla, pero lo hacían casi siempre reduciéndola a su dimensión biológica –como si la sexualidad se tratara de funciones naturales y permanentes–, y por lo tanto limitando la información a las diferencias orgánicas entre hombres y mujeres, a las transformaciones que sufre el cuerpo en la adolescencia, a cómo se produce la fecundación y algunas cuestiones vinculadas al cuidado del cuerpo.

 

Mitos y tabúes

Con el paso de los años las prohibiciones se fueron resquebrajando y la llamada “revolución sexual” de finales de los ‘60 y comienzos de los ‘70, en el siglo último, terminó por romper el silencio imperante. Todos, o casi todos, empezaron a hablar del tema, aunque no de manera suficiente ni informada, por lo que siguieron predominando los mitos y las fábulas.

La médica Mabel Bianco, titular de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), define a los mitos como “creencias que no tienen una base científica, sino que se hacen populares porque se transmiten de manera masiva e imperceptible entre personas a través de generaciones” y ejemplifica, en relación a la sexualidad, con los siguientes: “Los preservativos no son seguros, tienen poros o pequeños orificios por los que pasa el virus del SIDA”; “Si una persona se masturba, le salen pelos en las manos o se vuelve loca”; “Los hombres no deben llorar ni expresar sentimientos de debilidad” o “Las mujeres son naturalmente sensibles y saben ocuparse mejor que los varones de los quehaceres domésticos y la crianza de los hijos”.

A su vez, la psicóloga educacional Ana Pérez, que realizó un estudio sobre la enseñanza de educación sexual en las escuelas bonaerenses, constató que “los adultos en general no saben cómo responder a las inquietudes de los adolescentes porque ellos tampoco fueron educados en la sexualidad y se formaron como pudieron”. Y las respuestas que demandan los jóvenes son muchas y variadas, ya que están permanentemente bombardeados por imágenes y datos que receptan cotidianamente de la televisión, Internet y la publicidad.

Como se dijo, las primeras respuestas de la escuela fueron, básicamente, biologicistas, confundiendo a menudo sexo con sexualidad; un término mucho más amplio que refiere también a las dimensiones psicológica –vinculada a los sentimientos, los afectos, la autoestima, las subjetividades de cada individuo–; social –que determina en cada época y lugar qué es ser hombre y qué es mujer–; jurídica –cómo se recogen sus derechos en normas y leyes–; ético política –valores adquiridos en nuestra crianza, cultura y religión que marcan la manera de vivirla– y a la dimensión espiritual, ligada a la búsqueda de sentido de la vida.

 

“Durante el proceso de institucionalización de la ESI, hubo resistencias de algunos profesores, pero luego del taller en el que se trabajó la ley y sus alcances, se fueron depurando. Estudiamos la normativa, la conversamos y la debatimos porque había que implementarla y eso implica tener una mirada clara como institución: hacia dónde vamos y qué queremos lograr. En 2011, sólo logramos experiencias aisladas en algunas materias. En 2012, convencidas de que estábamos en el camino correcto, modificamos el PEI y PCI –los proyectos educativo y curricular institucionales– lo que nos permitió comprometer al resto de los docentes. Y así, surgieron propuestas interdisciplinarias muy interesantes. Por ejemplo, en el ciclo básico, con Lengua, Tecnología y Formación para la vida y el trabajo se abordó Embarazo adolescente, trabajo infantil y discriminación, a partir del libro y de la elaboración de un cortometraje basado en La tierra de las papas (de Paloma Bordons). En 5°, con Biología y Gestión de las Organizaciones se trabajó la Semana de la lactancia materna, ideal de belleza y consumo. Los chicos habían comenzado a investigar y debatir cómo las posibilidades de conseguir trabajo, a veces, están ligadas a los estereotipos actuales de belleza y eso derivó al tema de la alimentación y a la lactancia materna, que tomó otra profesora en otro espacio curricular. En 3°, entre Historia y Ciudadanía y Participación analizaron el rol de la mujer en la Revolución de Mayo y los matrimonios por conveniencia, a través del caso Mariquita Sánchez y Martín de Thompson y en 6° año, Guerras mundiales y posicionamiento de la mujer.

Graciela Lorenzo, directora del IPEM N° 197 República del Líbano, barrio Urca, Córdoba Capital.

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Lo que otros están diciendo

  1. Leticia Palacios febrero 23, 2013 a 12:42

    Muy buena información, actualizada y contextualizada…Felicitaciones!

  2. Andrea agosto 28, 2014 a 14:28

    Excelente texto! Gracias por el aporte a la contextualizacion de la ESI en palabras tan claras!!

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