Menos copia y más invención

diciembre 3, 2012

Abandonar el sesgo normativo en las aulas y reemplazarlo por una visión de la lectura y la escritura como modos de creación, transformación e intercambio es la propuesta de la experta Graciela Herrera de Bett.

 

“La responsabilidad es del enseñante, en eso hay que ser honestos y decirlo así, hay muchas cuestiones en la vida escolar que pasan por problemas en la enseñanza”, indica la directora de la carrera de posgrado de Especialización en la Enseñanza de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH). Sin pretender cargar tintas sobre el “deber ser” de los docentes y resaltando que “hay que estar” poniendo el cuerpo en las aulas de hoy, Graciela Herrera de Bett considera que un buen punto de partida para lograr mejores resultados en la formación es asumir los errores en la transmisión de los saberes.

“Es muy exigente la tarea del educador: sus condiciones personales, su lugar social y su reconocimiento han estado cuestionados y es mucha la responsabilidad que tiene. Pero es un compromiso que hemos asumido y hay que dar cuenta de ello y preguntarse: ‘¿Qué actividades doy? ¿Cómo estoy planteando las cosas? ¿Qué caminos estratégicos didácticos alternativos estoy buscando?’. A veces esto cuesta, porque el peso se pone afuera y no en uno”, manifiesta la docente e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba.

 

¿Normas o reflexión?

Según la especialista, en la mayoría de las escuelas se favorece la reflexión y la creatividad a través de la lectura. No obstante, advierte que desde hace unos años hay factores que alertan que “algo no está funcionando en la medida de las expectativas que tienen los docentes, los gobiernos y las políticas educativas”.

Un primer indicio al que hay que prestar atención, dice la licenciada y profesora en Letras, es que “hay una fuerte impronta del manual”, lo cual implica que los textos llegan a las aulas ya desmenuzados y analizados y se pierde de vista la necesidad de reflexionar sobre ellos y reconstruirlos.

En segundo lugar, de acuerdo a la experiencia de la investigadora, suele darse en los establecimientos educativos lo que llama una “sacralización de los libros”. A pesar de que prácticamente no existen escuelas sin una biblioteca más o menos provista de libros, muchas veces se ponen objeciones a que los chicos se los lleven por temor a que los rompan o los ajen, condenando a los textos a descansar en los anaqueles. De esa manera, la Literatura se cubre con un halo sagrado, que puede no hacer mella en el niño o joven proveniente de una familia donde es habitual la lectura, pero, sí aleja aún más a aquellos alumnos que no mantienen una relación tan estrecha.

En tercer lugar, la especialista señala un excesivo predominio de la norma por sobre un uso más libre y creativo de la comunicación escrita: “En general se hace hincapié en el carácter instrumental de la Lengua, se la ve como herramienta para aprender otras cosas; entonces se pone énfasis en las normas, la gramática” y no tanto en nuevos modos de abordar las prácticas de la lectura y la escritura.

“¿Por qué no hay una real apropiación, o por qué se considera que los alumnos no están en condiciones para hacer? ¿No será que no sabemos ver qué traen esos chicos en materia de experiencias con el lenguaje?”, se pregunta y define: “Porque corregir y corregir, no digo que no hay que hacerlo…, pero démosle a ese sujeto la oportunidad de que se exprese, de que diga su palabra”.

Más allá del simple interés

Es vital que el propio educador tenga un vínculo permanente, “una relación amigable” con los libros para poder trasladárselos a los chicos a través de estrategias que tengan en cuenta sus diferentes contextos de apropiación de los conocimientos. Por ejemplo, aprovechando las nuevas tecnologías y los lenguajes modernos. “Me parece importante crear nuevos modos de circulación con las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación): los chicos interactúan, tienen una forma de llegada distinta que los adultos a los textos, a lo que les interesa. Eso está ahí y hay que aprovecharlo”, expresa Herrera de Bett.

“¿Cómo ingresar un texto que comience a entrar en el ‘alma’ de otros y que después a ese sujeto se lo deje solo para que en su vida la lectura sea sólo un placer y no algo que tiene que hacer por obligación?”, se pregunta la profesora, al tiempo que señala que la respuesta hay que rastrearla en una didáctica que contemple las dos partes y no sea una simple repetición de viejas fórmulas. “Lectura es comprender, y uno puede dar cuenta de esa comprensión frente a otro, comentando, hablando sobre lo que leyó”, grafica.

“En las escuelas se escribe mucho, pero es más copia que invención. Yo creo que hay que entusiasmarse en la tarea, pero el éxito no es a corto plazo, es un trabajo sistemático, con continuidad, con articulación”, dice la especialista, quien destaca, además, que “hace falta una comprensión del lenguaje más amplia, que atraviese todas las asignaturas” y no quede solamente en los límites de la clase de Lengua. Y advierte que “hace falta crear confianza” porque “en general los jóvenes no tienen demasiada seguridad sobre el hecho de que ese saber les sea nutriente” y “hay que saber escucharlos para que esa relación fructifique”.

Claro que el crear interés y confianza, escuchar y ser escuchados, es solo la primera parte de la tarea que tienen por delante los docentes. “Se debe pensar en progreso en relación a esta comprensión, que no quede sólo en ‘me gustó’ o ‘no me gustó’ sino que avancemos. Ese es el tema, cómo crear condiciones para que esto sea una actividad en la que los sujetos vayan avanzando y se apropien de estas herramientas fundamentales”, explica la educadora.

 

Imaginar mundos

Puesta a analizar las prácticas de promoción de la lectura en la escuela, Herrera de Bett señala que uno de los principales objetivos debe ser fomentar la capacidad de abstracción en los alumnos. Abstracción que se logra no solo cuando los chicos escuchan una narración sino, cuando leen un texto y, fundamentalmente, lo producen: “Si yo me quedo sólo con el habla, voy a quedar restringido a un modo de comunicación que ha sido muy eficaz en las culturas de algunos grupos particulares, donde predomina la tradición oral”. Pero, desde la aparición de la imprenta y la difusión del conocimiento vía los textos organizados, la escritura y por ello, las instituciones educativas que se dedican a enseñarlas son fundamentales: “La idea es que en la práctica escolar vayamos avanzando en procesos de abstracción crecientes: imaginar mundos, a partir de la ciencia o a partir de un relato de algo maravilloso, es un nutriente fuerte”.

De lo que se trata es de generar condiciones para que “la lectura aparezca como una provocación”. Cuestión que obviamente tiene que ver con la experiencia propia: “Sólo si alguien tiene una relación amigable con los libros, si le gustan, puede darle cierta impronta a la transmisión escolar. Porque muchas veces se dice ‘los chicos no leen’ pero no se pregunta cuánto leemos cada uno de nosotros”, dice para finalizar.

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Ilustraciones: Tamara Villoslada.

Lo que otros están diciendo

  1. ROUSSEAU, CELIA diciembre 12, 2012 a 9:24

    Por experiencia con mis alumnos puedo afirmar que la apropiación del conocimiento genera placer, pero para que este proceso sea satisfactorio es muy importante la motivación y el manejo del campo semántico del texto,porque leer, repetir sin comprender genera angustia y aversión al libro y a los libros, en el futuro. Ese proceso primigenio de acceso a lo escrito es muy importante y como todo trabajo iniciático debe ser planificado por el docente y controlado con un seguimiento responsable. Por otra parte, debemos privilegiar el libro y desestimar el uso de fotiocopias.

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