“Los maestros integradores
no son necesarios”

diciembre 3, 2012

Haciendo diferencias entre los conceptos de integración e inclusión, el especialista chileno Sergio Manosalva Menna habla de la necesidad de una racionalidad valórica por sobre la instrumental; el negocio detrás de la discapacidad y su posición en contra de la educación especial.

 

–¿En qué se diferencia la integración de la inclusión de personas con discapacidad?

–En los ’90 se empieza a hablar de integración como la presencia, en los ámbitos escolares, de personas con y sin discapacidad. De 2000 en adelante, se incorpora el término de inclusión –que desplaza al anterior– y se lo presenta como si fuera mejor y más abarcativo. Pero estamos hablando de términos distintos. La inclusión es un “entrar a”, “ser parte de”, “incorporar a”. En cambio, la integración es relacional: son los afectos que se puedan generar en términos comunicacionales y, por lo tanto, supone el mejoramiento cultural entre personas con o sin discapacidad. Cuando hablamos de inclusión sospechosamente no nos referimos a por qué algunos estudiantes fueron excluidos y ahora el sistema educacional los quiere incluir. En este sentido, el problema no es la inclusión –una persona puede fácilmente incorporar a otro sujeto dentro de un espacio de convivencia–, sino cómo se establecen las relaciones sociales entre y con los otros seres humanos: por qué excluimos –y antes categorizamos y estereotipamos– a determinadas poblaciones (por raza, por credo, por sexo). Es la diferencia entre una racionalidad ética o valórica y otra instrumental.

–¿Cómo es eso?

–Todas las leyes o decretos que demandan o mandan que se incorporen personas con discapacidad a los sistemas sociales y específicamente a la escuela, tienen una racionalidad de base instrumental. Cuando la integración corresponde a una racionalidad valórica, incluyo a alguien o me incluyo yo a un grupo, con un sentido, un fin, de generar un tipo de relaciones que favorezcan o enriquezcan la cultura. Mientras no se obedezca a una racionalidad valórica, lo que hasta este momento se llama inclusión va a quedar en un lindo sueño. Mientras no entendamos que expandirnos a una persona que consideramos distinta o diferente a nosotros provoca un enriquecimiento social, jamás vamos a lograr que por mandato legal se expandan los afectos, las comunicaciones, entre los seres humanos. Si no, obedecemos solamente a una razón instrumental: los decretos y las leyes son, junto con la medicina, la educación y los medios de información masiva, los instrumentos que utiliza el modelo capitalista para afianzar los poderes religioso, político, económico y militar.

–¿Su planteo es que el capitalismo necesita que se integre a las personas con discapacidad?

–El modelo capitalista instrumentaliza y vende lo que puede y quiere. Entonces vende el sueño de la heterogeneidad, de la diversidad, de los afectos y la comunicación. Sin embargo, el sistema educacional se origina sobre la base de la homogeneización y si se mantiene sobre esa base, el reconocimiento de la individualidad nunca va a ser posible. El sistema educativo homogeneiza a los estudiantes: aquel que no cumple con los objetivos, los requisitos, estándares, impuestos por él mismo, entonces fuera. Homogeneiza a través de la medicina: el que no es un igual es un trastornado, un enfermo, un discapacitado, un deficitario. Luego, los medios de comunicación comienzan a generar mitos, ilusiones, sueños, que estereotipan a aquel que ha sido distinguido como persona con discapacidad. Entonces salen películas, novelas, la prensa, hablando del tema: un discapacitado dormía a la intemperie debajo de un puente; una persona con discapacidad fue abusada sexualmente; una discapacitada vivió encerrada por mucho tiempo. Ya no es el individuo, sino la discapacidad: cuando desplazamos a la persona, al ser humano y nos quedamos con la categoría, con la clasificación sujeta al estereotipo, excluimos, y una vez que excluimos podemos instrumentalizar al otro. Se genera así un gran negocio social: emergen libros, profesiones, instrumentos, leyes, planes y programas que hablan de discapacidad, escuelas que atienden a la discapacidad.

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–Usted lo compara con el movimiento hippie…

–Es en el marketing donde emerge nuevamente el capitalismo, como el movimiento hippie de los ’60: vendamos flores, collares. Y así el gran movimiento de emancipación humana comienza a ser controlado, tipificado, manejado para mantener en el fondo unas personas que tengan el poder y unas que no. Cuando se tipifica al otro como especial, entonces tiene que ser tratado en forma especial, vestir en forma especial, tener alimentación especial, calles especiales, un mundo especial para ellos. Esa visión hacia las personas con discapacidad hace que los sistemas educacionales formen a los futuros profesores con esa mirada instrumentalizada, donde hay sujetos normales y otros que son especiales. Luego, por leyes, se le pide a ese maestro que antes expulsó a los trastornados o enfermos que los eduque. Como no está capacitado para atender la diversidad de los estudiantes, le ponen un profesor que le llaman ahora integrador, como si necesitáramos de otra persona para reconocer al otro, mirarlo a los ojos, respetando la individualidad en contexto.

–¿Para usted no son necesarios los docentes de apoyo a la integración?

–No. Después de años de trabajo con estudiantes jóvenes, adultos, niños con discapacidad, me he dado cuenta de que la existencia de la educación especial hace que justamente se genere la profesionalización de personas que atienden a esos sujetos que hemos tipificado como discapacitados. Por lo tanto, cuando queremos generar movimientos de integración –ahora mal llamada inclusión– necesitamos de una maestra para que atienda al deficitario. Cuando el profesor debería ser capaz de mediar, de educar, de apoyar a todo estudiante, con independencia de sus características biopsicosociales. Eso lo vemos en una familia de cinco hermanos donde uno de ellos tiene, supongamos, síndrome de Down. Se deja de ver el síndrome de Down, se ve al ser humano. Tendemos, porque hemos sido formados así, a hablar del otro en base a la carencia: ‘le falta un brazo’, ‘le falta una pierna’, ‘le falta entendimiento’. Y en vez de hablar de lo que le falta deberíamos hablar de lo que hace, de lo que puede, de lo que es. Estamos plagados de lo que no somos, pero sólo conservamos lo que somos. Si aprendemos a mirar al que es y no al que no es, no vamos a necesitar maestros integradores ni profesores de educación diferencial.

–Se trata de generar un vínculo, en definitiva.

–No solamente. El movimiento de la integración es una filosofía de vida, obedece a un cambio y un enriquecimiento cultural; no es ‘viértase dentro de una juguera un niño con discapacidad y otro sin discapacidad, háganse adecuaciones curriculares, revuélvase y tenemos integración’. Pero como no ha cambiado la cultura escolar, ‘Mientras unos entran por la puerta, otros salen por la ventana’, como titulaba un texto que escribí en los ’90. Al sistema educacional, que no ha sido capaz de responder a la diversidad de su alumnado –los que siempre han estado presentes en el aula, esas 40 individualidades, con su propia forma de ser–, ahora le instalamos una diversidad que fue negada por mucho tiempo. La educación tradicional debería morir, porque mientras no muera, jamás va a poder emerger otra educación, que sea acorde a las personas, a su individualidad, a su forma de ser.

 

Sergio Manosalva Menna es Doctor en Educación y Magíster en Educación; investigador y docente titular en la Universidad Académica de Humanismo Cristiano (Chile) y autor de numerosas publicaciones sobre integración, necesidades educativas especiales y atención a la diversidad.

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Ilustraciones: Luciano Burba.

Lo que otros están diciendo

  1. IVANA GENERO diciembre 3, 2012 a 18:22

    HOLA!!! SOY DOCENTE DE PEDAGOGÍA DIFERENCIADA Y, ADEMÁS DE TRABAJAR EN EL NIVEL PRIMARIO Y MEDIO COMO DOCENTE DE INGLÉS ACTUALMENTE EJERZO COMO DOCENTE INTEGRADORA.
    NO SOY PARTIDARIA DE LA INTEGRACIÓN QUE SE LLEVA A CABO CON LA DOCENTE EN EL AULA, AL LADO DEL ALUMNO INTEGRADO, PORQUE CREO QUE ESO SÍ EVIDENCIA AÚN MÁS LAS DIFERENCIAS.
    PERO CONSIDERO QUE ES IMPORTANTE LA LABOR QUE REALIZA LA DOCENTE INTEGRADORA, PORQUE EN AULAS CON MÁS 30 ALUMNOS, A VECES LE RESULTA DIFÍCIL A LA MAESTRA DEL GRADO HACER UN SEGUIMIENTO MÁS PERSONALIZADO DE ALGÚN ALUMNO CON NECESIDADES ESPECIALES, YA SEA POR FALTA DE TIEMPO, POR INSEGURIDAD, POR TEMOR A NO BRINDAR AL NIÑO LO QUE REALMENTE NECESITA, ETC.
    SI BIEN, TAMBIÉN CONSIDERO QUE SE COMETEN “ABUSOS” EN EL SENTIDO QUE MUCHAS VECES SE INTEGRA A NIÑOS QUE NO LO NECESITAN. PIENSO QUE DEBIERA HABER UN CONTROL MÁS EXHAUSTIVO POR PARTE DE LAS OBRAS SOCIALES, EN RELACIÓN ESTO, DADO QUE LAS MISMAS DISTRIBUYEN LOS HONORARIOS DE MAESTRAS INTEGRADORAS, PSICOPEDAGOGAS, PSICÓLOGAS Y DEMÁS PROFESIONALES QUE PUEDA NECESITAR EL NIÑO.
    NO ES MI INTENCIÓN DISENTIR CON LO QUE EXPRESA ESTE DESTACADO PROFESIONAL, SIMPLEMENTE EXPRESAR MI HUMILDE OPINIÓN COMO DOCENTE EN EDUCACIÓN ESPECIAL Y EXPERIENCIA.
    TAMBIÉN CONSIDERO QUE DE UNA MANERA U OTRA EL SISTEMA EDUCATIVO HA COMETIDO FALLAS. POR OTRA PARTE HAY QUE RECONOCER QUE HAY PERSONAS QUE POR SUS CARACTERÍSTICAS PERSONALES NO PUEDEN RECIBIR UNA EDUCACIÓN DENTRO DEL ÁMBITO DE UNA ESCUELA COMÚN, Y ESTO NO TIENE QUE VER CON LA DISCRIMINACIÓN SINO CON LA ATENCIÓN DE SUS NECESIDADES DENTRO DEL AMBIENTE MÁS FAVORABLE PARA EL DESARROLLO DE LA PERSONA.
    GRACIAS POR BRINDARNOS ESTE ESPACIO PARA OPINAR. SALUDOS CORDIALES.

    • Antonella febrero 8, 2015 a 23:02

      Hola!Queria preguntarte especificamente que especializacion hay que hacer para ser maestro integrador.Estoy en cuartoaño del profesorado y me interesa continuar con eso.Desde ya gracias

  2. Moyano Silvia Cecilia diciembre 7, 2012 a 20:51

    Hola, soy docente de nivel medio, Terciario y Universitario, coincido plenamente con Ivana Genero, el integrador no debe compartir aula con el docente a cargo, pero es muy valioso el trabajo que realiza con los alumnos que por diferentes causas necesitan atención y estímulo para alcanzar los saberes estipulados por la curricula educativa de cada Estado. Pero además hay otra realidad en las aulas persiste la dificultad a veces muy marcada para incluir integrar etc. a los alumnos “diferentes” porque nos guste o no los adolescentes así los ven y en función de ello es como los tratan. Las construcciones sociales instaladas en la larga duración, son muy difíciles de revertir, por eso no hay que bajar los brazos y persistir en el cambio.

  3. FERNANDO enero 18, 2013 a 12:12

    ES MUY VALORABLE LA LABOR DEL DOCENTE INTEGRADOR, ESTE MUCHACHO HABLA LINDO PERO LA REALIDAD NOS DICE QUE LA LABOR DE UN MAESTRO INTEGRADOR LE DARÁ CALIDAD AL HECHO EDUCATIVO DEL ALUMNO INTEGRADO, Y PARA HABLAR ES NECESARIO CONOCER LA REALIDAD Y EDIFICARLA, DESDE LA TEORIA TODO ES MUY FACIL Y CON RESPECTO A LOS ABUSOS MENCIONADOS EN EL COMENTARIO ANTERIOR ES HARINA DE OTRO COSTAL, NO DEBE ESTAR EN EL MISMO ANÁLISIS. GRACIAS

  4. Roberto O'Connor febrero 6, 2013 a 13:34

    Interesante nota pero me parece extrema en algunos puntos; no tengo dudas de que el capitalismo procura mercantilizar todas las relaciones personales; no tengo dudas de que el cientificismo de nhuestra época trata de categorizar todo, olvidando la totalidad de la persona; pero tampoco tengo dudas que hay situaciones de las personas que uno no puede resolver sólo con afecto, ya que está a la vista que el saber experto ayuda a afrontar problemas con dificultades concretas. Tampoco podemos pensar que la única variable por la que se han desarrollado estas profesiones es el interés capitalista, porque eso no es realista Basta convivir con un familiar ciego, por ejemplo, para darse cuenta que la ayuda profesional es útil, y negarla es una necedad. . En tal caso, el problema parece residir en que se reduzca a la persona a la categoría de su discapacidad, sea cual fuere.
    .

  5. DARLYS mayo 19, 2014 a 17:39

    hola soy estudiante de una normal, como hago para que mi acompañamiento no sea tan perjudicial con el niño y no se sienta, tan diferentes de los demás, ya que aprendo mucho de esto pero, no me siento bien por que se, el daño que se le esta haciendo al niño y a sus compañeros los cuales están aprendiendo a excluir a su compañero por no poder hacer y crear juegos que ellos hacen…

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