Un método para pensarnos hoy

agosto 9, 2012

Conocer a los alumnos; acercar los contenidos a sus experiencias de manera que puedan entender para qué les sirve lo que aprenden; problematizar el conocimiento e intercambiar experiencias y resultados entre pares, para reformular aquello que no funciona; son los consejos de la especialista Susana Ferreyra a la hora de enseñar Historia. 

 

“La Historia no tiene sólo el valor del relato del pasado”, afirma quien no sólo es docente de la materia, en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba, sino formadora de profesores en esa área del conocimiento en la Casa de Trejo, como profesora adjunta en el seminario-taller Práctica Docente y Residencia de la Escuela de Ciencias de la Educación.

Para Susana Ferreyra, si bien la narración de hechos lejanos “es contextual e interesante, también es más de especialistas”. Y completa: “La discusión sobre la historia antigua o medieval para nosotros es casi una discusión de expertos. Puede ser ilustrativa en algún punto, pero nada más”. “Si uno tuviera que pensar lo que es deseable que estuviera en las aulas –analiza–, es una profunda vocación por explicarse el presente”.

En ese sentido, Ferreyra celebra las modificaciones que se produjeron en el currículum de la Provincia “que tienen que ver con acercarnos mucho más a la Argentina, a Latinoamérica y a la actualidad” y mirar el pasado atendiendo a los procesos sociales: “Ya no hay vocación de meter a nadie en el bronce”.

Sin embargo, el debate que parece zanjado desde los ámbitos académicos y la política curricular, acerca de la necesidad de bajar de sus estatuas a los héroes y abordar los grandes procesos y estructuras históricas que los contienen, incorporando la narrativa de la microhistoria, parece reabrirse desde los medios de comunicación cada vez que se celebra una fecha patria. “A veces me sorprende que en la televisión y la radio, cuando son los 25 de Mayo o los 9 de Julio, se salga a preguntarle a la gente quién fue fulanito o qué se celebra ese día”, indica. “En realidad, no sé muy bien qué es lo que se pretende con eso: si ridiculizar a la persona que no sabe qué se conmemora o cobrarle a la escuela algo que en realidad no puede pagar”, critica. En este sentido, explica que “por un lado, se tiene una postura súper crítica acerca de que no hay que poner los héroes en el bronce, se señala que nos enseñaron mal, con San Martín como el Santo de la Espada; y por el otro, cuando se sale a la calle a preguntar, se establece el tipo ideal –weberiano– como aquel que sepa qué se celebra y las diferencias con otras fechas”.

De intereses y cambios

Para la especialista, la enseñanza de la Historia exige partir de “un profundo diagnóstico acerca de quiénes son los alumnos, cuáles son sus intereses, sus estructuras cognitivas previas”, para saber qué se les puede enseñar, hasta dónde se puede profundizar, “con una propuesta seria, conceptual, que todo el tiempo intente establecer una relación con el presente”. En este marco, resulta indispensable que el estudiante pueda entender para qué le sirve el conocimiento “no en un sentido pragmático, inmediato, utilitario”: “Si yo vivo en este mundo y en corto tiempo tengo que votar a mis representantes y participar de las discusiones públicas, si yo logro entender que eso es parte de mi vida; no puedo no interesarme, aunque sea mínimamente, por un conocimiento histórico que me habilite a pensar esas cuestiones. Sí me resulta más difícil pensar por qué me deberían interesar los griegos clásicos, si es que no se me presenta ese conocimiento como fundante de lo que es la democracia hoy”.

Así, Ferreyra destaca que la tarea de habilitar la relación entre conocimiento y actualidad es una responsabilidad que les cabe a los docentes: “Sin cargar las tintas sobre mis colegas, creo que ese es un ejercicio de reflexión de los profesionales –y no de los alumnos– acerca de las propias prácticas”. Se trata, entonces, de que los docentes puedan problematizar sobre la disciplina, porque “como todo conocimiento –sobre todo en las ciencias sociales– se va modificando; ya que es una construcción que se hace desde el presente y por lo tanto en función de intereses que pueden ser científicos, pero que también son políticos”. “Hablamos de problematizar la Historia, ya que está en el currículum por alguna razón; y esas razones han ido variando, en el mundo y en nuestro país, a lo largo del tiempo”, afirma, al tiempo que completa: “Ésta es una disciplina a la que se le adjudica un papel bastante importante en la formación de los ciudadanos, pero la idea de ciudadanía ha ido cambiando”.

Y en este sentido, Ferreyra ejemplifica que una de las discusiones que se pueden propiciar en clase es aquella que surge de responder cuáles son los modelos de Estado y la relación Estado-sociedad civil en la actualidad: “No es el mismo ciudadano el que se pretende hoy –con la nueva Ley de Identidad de Género o el matrimonio igualitario– que el de diez años atrás. Desde 2001, en nuestro país, se han habilitado discusiones interesantes sobre el concepto de ciudadanía, y la Historia como disciplina tiene mucho para decir sobre eso”. El desafío, sostiene la licenciada y profesora de Historia por la UNC, es recuperar por qué es importante hoy, en el presente, estudiar determinados contenidos: “Uno puede trabajar lo feudal vinculado con las estructuras del campesinado actual o puede trabajar la medievalidad con respecto al concepto de lo rural y lo urbano”.

Acompañados

Según destaca la especialista, en las escuelas de Córdoba, “los docentes –que son muchos y jóvenes– están haciendo un enorme esfuerzo por trasladar a sus prácticas lo que ya está presente en los lineamientos curriculares, que es una mayor vinculación con el presente, con lo argentino y lo latinoamericano”. En este sentido, Ferreyra indica que lo aconsejable es partir de un modelo pedagógico que les permita a los alumnos “discutir y posicionarse” sobre las distintas temáticas”, sin llevarles “verdades universales, sí las científicas” al aula; y a los profesores realizar reformulaciones sobre la currícula de acuerdo a los contextos específicos en los que se aplica: “En las aulas, siempre hay que pelear con lo que un autor, Cuesta Fernández, llama código disciplinar: hay una representación construida en relación a lo que debería enseñarse. La gente de Historia cree que enseñar Historia es enseñar todo. Y hay cierta representación que no se puede abordar el hoy si no se aprende el ayer, el anteayer y antes de antes de anteayer”, critica.

“La enseñanza es profundamente casuística: hay un currículum, hay una regulación, pero también escuelas, profesores, trayectorias de formación y alumnos diferentes. Siempre requiere de una reflexión profunda: me equivoqué hoy, cambio, modifico, reestructuro”, explica. “Otra receta interesante es trabajar en equipo”, indica al tiempo que agrega: “Yo sé que es difícil, que los momentos son complejos, que todos tenemos vidas personales que atender; pero la mayoría de nosotros, que tenemos vidas personales que atender, no dejamos de hacer nuestro trabajo. Y si nuestro trabajo es enseñar y no solamente ir a las escuelas, tenemos que tener el compromiso de reflexionar sobre lo que hacemos, ese tiempito mínimo para reunirme con mi colega para ver qué pasó con él, de pedirle que venga a mi aula, observe lo que hago, y me diga qué ve y que a su vez yo pueda hacer lo mismo”. “Esa generosidad de abrirse a las nuevas generaciones es algo que en ninguna profesión se discute. No se le pide a un médico que esté en absoluta soledad. Siempre se reúne con equipos, hace interconsulta, trabaja con colegas…”, apunta. “Eso es algo que realmente hay que proponerles a los docentes: ese rato que uno discute con un colega es el rato que uno no trabaja en solitario. Eso es interesante que suceda acompañado de una política pública que le dé al docente, por ejemplo, cargos en vez de horas, para que pueda hacer coincidir el tiempo que no esté frente al curso con el de los colegas que trabajan con los mismos alumnos, y no sólo con los profesores de Historia o los de ciencias sociales”, dice para finalizar.
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Una propuesta para el aula

“A principio de año, uno puede plantearles a los chicos que van a trabajar el Siglo XX, a través de una mirada –por ejemplo la de Eric Hobsbawm– sobre las crisis del capitalismo”, lanza Susana Ferreyra, como ejemplo de propuesta para llevar al aula y continúa: “Con recursos que los jóvenes están acostumbrados a utilizar cotidianamente, como un video de YouTube u otro más tradicional, se puede comenzar a problematizar el tema”. “Luego haría una exposición con fuerza, con pasión que diga ‘Este es el mundo en el que nosotros vivimos’; que no es el mundo que habitaron los neandertales, ni siquiera el que vivieron los latinoamericanos del Siglo XIX o los argentinos. Después los invitaría a reflexionar sobre el hoy –qué ven, qué observan–, para tratar de encontrar las características que definen el capitalismo”, indica. “Entonces –continúa– van a salir ideas como la de consumo, la de las tecnologías, la idea de pobres y ricos. A partir de allí se puede hacer una propuesta de enseñanza más concreta, a partir de la lectura de materiales, del trabajo de discusión grupal, que vincule el presente que experimentan los alumnos con lo que se quiere enseñar en Historia y les habilite un espacio que no sea sólo el de escucha”. “Ahí se podría abordar desde las guerras mundiales hasta el nazismo, fascismo, los populismos latinoamericanos. Es una propuesta conceptual, que recuperaría en algunas clases algunos sujetos –como Hitler, Che Guevara, Fidel, Keynes–, siempre intentando realizar una conexión con el presente”, apunta. “Me van a decir los colegas que la hice fácil porque pensé algo que para los colegas es presente. Pero para los chicos es tan pasado como para nosotros el Siglo V”, argumenta.

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Ilustraciones: Luciano Burba.

Lo que otros están diciendo

  1. caro octubre 10, 2012 a 4:35

    coincido plenamente con la autora pero no es facil para docentes que no leen y que no tienen en claro que tipo de ciudadano hay que formar.cual es elciudadano que puede llegar a modificar la sociedad de hoy.lmientras eso no pase dificilmente pueda dejar de transmitirse un conocimiento de la historia ahistorico,descontextualizado e inerte.dificilmente pueda someterlo a la critica al contraste y al cuestionamiento de los y entre los alumnos .dificilmente pueda problematizarlo a la luz de los problemas que plantea nuestra democracia formal.

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