Los reclamos son mutuos

agosto 9, 2012

Susana Amblard de Elía es psicóloga educacional, psicoterapeuta de niños y adolescentes, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Villa María.

 

–¿Qué cambios se han producido en los modos de funcionamiento y en la conformación de la familia y cómo han repercutido en el vínculo con las escuelas?

–Las transformaciones en la conformación de las familias, desde el siglo XIX a nuestros días, aunque han sido múltiples no han modificado sustancialmente dos aspectos determinantes de la educación y desarrollo infantil. Uno es que más allá de las formas que asuma –monoparentales, ensambladas, homosexuales, de padres separados, o tradicionales- el contexto familiar es el ámbito ideal para la crianza de un niño. El otro es que las funciones maternas o paternas –que pueden ser cumplidas por cualquier adulto- son más importantes que el vínculo de sangre, la cuestión de género o la razón de parentesco. Sin embargo, los docentes formados según los cánones de la Edad Media suelen creer que las dificultades que encuentran en las aulas tienen que ver con fallas en la educación, vinculadas a estos nuevos modos de conformación familiar, aunque esas problemáticas aparezcan con la misma frecuencia en chicos que provienen de lo que podemos llamar una familia tradicional del siglo XIX.

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–La familia, a su vez, ¿qué le reclama a la escuela?

–Los padres están descontentos respecto de lo que la escuela ofrece: consideran que la trasmisión de saberes no está actualizada, que los conocimientos son obsoletos, que los maestros no saben qué hacer con la disciplina. A pesar de todo esto, tanto docentes como familias tienen un grado de compromiso y preocupación importante por la educación de los chicos y por no equivocarse con ellos y dañarlos. Esto significa que los reclamos que surgen entre ambas instituciones no surgen por la desresponsabilización de alguna de ellas, sino que son producto de otros factores emergentes en lo cultural-social, que se imponen fuertemente en la formación de subjetividad infantil, como son las representaciones y mandatos sociales que transmiten los medios de comunicación y la tecnología (a través de los programas televisivos, el tipo de juego promocionado, las tandas publicitarias que se imponen a la voluntad de los más pequeños: “Deciles a tus papis que te lo compren ya”, “No esperes, tenelo ahora”, etcétera).

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–¿Es decir que las principales dificultades se deben a la transformación de la subjetividad infantil, entre otras, por acción de los medios de comunicación?

–Sin duda no son los medios de comunicación los demonios. Ellos simplemente responden a la ley del mercado y venden, convirtiendo al niño-pequeño ciudadano en cliente consumidor. La fuerza de las políticas neoliberales y el consumismo, entre otros males, han subvertido las metas sublimadas de placer que el modernismo enarboló como paradigmas para dar sentido a la educación que proponía. Pensar, esperar, disfrutar de lo intangible, sacrificar placeres inmediatos para lograr otros a largo plazo, posponer los sensoriales para lograr placer simbólico, hacer y construir con otros, son conceptos descalificados por nuestra cultura y paradójicamente, son los inherentes e imprescindibles para el éxito escolar. Ni la escuela ni la familia los niegan, al contrario, los reclaman. Sin embargo, en el día a día, a la hora de estimularlos, fracasan porque han perdido, ambas instituciones, la certeza de que valga la pena el sacrificio. Así, se exigen mutuamente redoblar esfuerzos en educar al ciudadano: dirimir lo permitido de lo prohibido, clarificar las reglas de juego.

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–¿Nota alguna diferencia en la manera de abordar estas problemáticas según de qué tipo de institución  se trate?

–Las problemáticas no son demasiado diferentes según se trate de escuelas estatales o privadas, en cambio sí hay que analizarlas en clave de si pertenecen a sectores urbanos y de clase media-alta. A partir de la década de los ‘90 se produjo un debilitamiento de la injerencia del Estado en las escuelas y particularmente un vaciamiento de sentido simbólico del mandato de formar al ciudadano, que provocaron la aparición de reglas singulares y particulares impuestas por cada una de las instituciones, tanto para la convivencia de sus miembros, como para la meta axiológica buscada. Entre otras consecuencias, estas dieron lugar a una fuerte injerencia de los padres en la toma de decisiones. Sin embargo, una cosa es la participación conjunta de escuela y familia en la educación de los chicos y otra es la usurpación del lugar inherente a las decisiones institucionales, que evitan que cada conflicto pretenda ser resuelto por conveniencias particulares, contingentes y siempre cambiantes. De este modo todo deviene discutible.

 
–¿Es ése el principal punto de conflicto entre escuela y familia?

–Uno de los problemas más frecuentes tiene que ver con la dificultad para sostener la vigencia de normas y reglas para una convivencia armónica, en el contexto del lugar autorizado para hacerlo. La familia no parece reconocer el espacio escolar como un ámbito exogámico, en donde es necesario que otros, o sea los docentes, “le arranquen” el hijo para convertirlo en un sujeto social. Más allá de las estrategias democráticas de participación, es la escuela –que por otra parte los padres eligieron– la que decide la modalidad educativa. Muchos conflictos surgen porque los padres pretenden manejar la normativa escolar “con mano propia”, a la vez que le exigen a la escuela “que haga algo”. A su vez, los docentes se quejan de chicos con problemas de comportamiento y sienten un peso extra por tener que hacerse cargo de corregir estas dificultades. Aquí el problema es que si se delegan mutuamente la responsabilidad de resolver situaciones, los niños y jóvenes quedan en el medio y sin referencias, repitiendo compulsivamente los comportamientos negativos hasta que alguien les ayude a interpretarlos y solucionarlos. Lo que se advierte es la orfandad de pautas para educar y muchas veces severos problemas para diagnosticar un conflicto. La consecuencia, entonces, es la intervención por ensayo y error.

 
–¿Qué estrategias o acciones se pueden poner en marcha para mejorar la relación?

–Hay que revisar el valor simbólico de la escuela y fundamentar ante los padres cómo ambas instituciones, sintiéndose muchas veces extranjeras en la vida de los hijos /alumnos, se exigen hasta la exasperación, perdiendo la confianza mutua que es tan importante para la identidad que se está formando. De las dos, la familia es la que está más desvalida. Existe en los padres una sensación de ineptitud para criar a sus hijos, consideran que los recursos con los que ellos fueron criados ya no sirven, que los chicos son vivos, despiertos y “se las saben todas”. Al no poder sostener la asimetría, conceden goce todo el tiempo y cuando el pequeño tirano pide más, se desbordan y acuden a la escuela. El niño desespera cuando advierte que se queda sin adultos. Cada institución conoce su comunidad educativa y sabe cuáles son los problemas recurrentes, por lo tanto los modos con los cuales cada una decida sus dispositivos de intervención serán coherentes con las particularidades de esa población. Pero hay una estrategia que no falla: el consenso anticipado de cómo van a abordar las problemáticas que de antemano saben que se van a presentar. El resultado de la falta de reglas y normas hace que la cotidianidad se vuelva impredecible y persecutoria. Sentirse pensados (y no amenazados) genera gratitud y contención.
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Ilustración: Juan Paz.

Lo que otros están diciendo

  1. Ana del Corro marzo 29, 2013 a 13:34

    “sentirse pensados (no amenazados) genera gratitud y contención” Me gusto esta observación ya que pienso que los jóvenes de hoy, necesitan ser pensados, escuchados, mirados, tenidos en cuenta a la hora de decidir en su educación por que veo que los adultos metidos cada uno en su mundo, quieren imponer su voluntad, utilizando métodos opresivos para enseñar lo que hace que los chicos toman esta actitud de revelarse que es tan común hoy en las aulas del secundario. Sólo se revela aquel chico que se siente oprimido, descalificado, desvalorizado en su rol de ciudadano. Igual pienso que son muchos los profesores que ponen todo de su parte para cambiar esta realidad. gracias!

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